¿Cuánta gente hace falta para frenar el cierre de una central nuclear? En Almaraz, un municipio de Cáceres, unas
7.000 personas recorrieron el sábado 18 de enero la distancia que separa la plaza del Ayuntamiento de las puertas de la planta. Iban a pedir que no la apaguen. Entre los asistentes había representantes políticos de distinto signo, lo que da la medida del consenso local: aquí no se discute de siglas, se discute de quedarse o tener que emigrar. Y el mensaje es idéntico al de tantas comarcas industriales del país: una vez que la actividad se va, no vuelve.
Qué se juega Extremadura con el cierre de la nuclear de Almaraz
La planta extremeña tiene el cierre previsto por el Gobierno central, y la comarca se ha organizado contra esa decisión. La protesta del 18 de enero no fue un acto de partido: reunió a cargos de diferentes formaciones bajo el mismo lema,
no nos rendimos, porque no queremos volver a ser emigrantes. El argumento de fondo es económico antes que ideológico. Una central nuclear no es solo electricidad; es empleo estable, ingresos locales y población fija en un territorio que ya sabe lo que es vaciarse.
El pueblo minero que pasó de 50 bares a 15
La advertencia no es nueva. Quien vivió el cierre de la minería del carbón y de las centrales térmicas describe el guion sin adornos: un pueblo minero que llegó a tener
50 bares y restaurantes sobrevive hoy con
15, y algunos malamente. A aquel desmantelamiento se le puso una etiqueta amable,
transición justa, y el temor es que la nuclear siga el mismo camino. Primero el carbón, después las térmicas y ahora la nuclear: esa es la secuencia que se atribuye al Ejecutivo central.
Sánchez promete a Extremadura ser «locomotora industrial»
El pulso tiene cara política. El 19 de enero de 2025, Pedro Sánchez clausuró en Plasencia el XV Congreso del PSOE de Extremadura, que refrendó a Miguel Ángel Gallardo como secretario regional. Allí sostuvo que si la región no da pasos atrás será
«la locomotora industrial de toda España». La frase cayó un día después de la marcha de Almaraz y no ayudó a calmar los ánimos: prometer industria mientras se cierra la mayor instalación energética del territorio tiene su ironía. En ese contexto se sitúa también Teresa Ribera, que a la fecha de esta discusión ocupaba una vicepresidencia en la Comisión Europea.
¿Habrá cortes de luz si se apaga Almaraz?
Aquí las posturas se separan. Un sector advierte de que el cierre compromete el suministro eléctrico de buena parte del país; otro lo considera una transición asumible. Se sostiene que la energía nuclear se considera verde en Francia pero no aquí, y sobrevuelan explicaciones menos sólidas, como achacar futuros apagones al cambio climático o a un
ciberataque, hipótesis que no cuentan con ningún respaldo. Lo que hay, de momento, es una planta funcionando y 7.000 personas dispuestas a defenderla.
Con estos mimbres, lo razonable sería esperar que la industria prometida llegue antes que el cierre. Nadie ha explicado todavía el orden.