Quince años de pronósticos: del colapso al huerto con escopeta
Un forero abre el calendario y apuesta: dentro de 15 años se ve disparando desde su coche a unos moteros que asaltan una refinería, comiendo lata de pienso compartida con su perro. La broma arranca una cascada de pronósticos que va del apocalipsis al huerto con dos gallinas. Y hay quien ya ha puesto la alarma en el calendario para 2027 y reflotar el asunto.
Lo que empieza como chiste se convierte en un inventario de los miedos económicos de la próxima década. No hay un solo escenario compartido. Hay muchos, y casi todos malos.
El colapso demográfico y el fin del Estado del bienestar
El diagnóstico más repetido apunta al
envejecimiento.
Las jubilaciones del baby boom se describen como la puntilla de un sistema que no podrá atender tantas demandas y quebrará. La inmigración aparece en varios mensajes como fenómeno demográfico y no como solución: hay quien sostiene que quienes piensan que los recién llegados vienen a pagar pensiones y cuidar mayores se van a llevar una sorpresa.
El Estado del bienestar, en este relato, desaparece con sus chiringuitos. La sanidad se degrada: el médico de cabecera a la vuelta de la esquina, pero cinco años esperando a un especialista. La movilidad se restringe al barrio de los 15 minutos. Los viajes, caput.
Europa será periferia, atrapada en crisis económica, social y política, mientras el centro de gravedad se desplaza al Pacífico y al sudeste asiático. México, en esta lectura, se convierte en el país referente de la cultura española, de forma más marcada de lo que fue Estados Unidos respecto a Reino Unido.
Qué pasará con el petróleo y los oficios que dependen de él
La tesis energética es la más concreta.
La producción de petróleo será cercana a cero en esas fechas, según las proyecciones que se manejan. Con ese punto de partida, la dieta retrocede décadas: el consumo de carne, pescado y leche vuelve a niveles de los años sesenta. El turismo europeo desaparece. Quedan trenes lentos.
Los oficios ligados al combustible fósil se extinguen: camioneros, autobuseros, taxistas, revisores del gas. La lista de supervivientes es corta y antigua: pastor, ganadero, agricultor, lechero, artesano. Nadie menciona la inteligencia artificial como causa principal; el argumento es que esos empleos no existían antes de los sesenta.
La religiosidad vuelve, no por fe sino por pobreza. El gobierno de turno, en este escenario, regresa al catolicismo.
El escenario del control: crédito social, CBDC y vigilancia
Otra corriente pone el foco en la infraestructura del control.
Las CBDC, el crédito social y los créditos de carbono aparecen como las piezas clave de la próxima década, junto a la inteligencia artificial. El Estado se describe como un monstruo insaciable que se come la riqueza y mantiene a la población en sumisión y pobreza extrema a cambio de lo básico.
En este marco, quien tenga el crédito social a cero no coge transporte público. No sale del barrio. Las grandes compañías y los fondos son los que realmente habitan el mundo, y los Estados, su fuente de alimento. La familia pierde su significado y el individuo queda solo, dependiente del Estado y de los grandes grupos.
Hay quien va más lejos y sitúa buena parte de la población en el purgatorio en menos de diez años. El resto, en la Tierra, también jodido.
La España política: Ceuta, Melilla y el inquilino de La Moncloa
El pronóstico político se repite con variantes.
Pedro Sánchez seguirá siendo presidente tras pactar con un partido islamista, amnistiar a terroristas y entregar Ceuta, Melilla, Canarias y Almería a Marruecos, según el escenario más repetido. Otro mensaje avisa: cuidado con Ceuta y Melilla.
Cataluña, en la apuesta contraria, será independiente y nadie podrá preguntar qué pone en el DNI. La libertad de movimiento se limita: no se podrá viajar por el precio de los coches eléctricos o por tener el crédito social a cero. La delincuencia importada, en esta lectura, mantiene a la gente atrincherada en casa.
No todo es política. Alguien pregunta a qué hora jugará el Betis dentro de 15 años. Es la única predicción que no admite discusión.
La vía de escape: huerto, gallinas y dos escopetas
Frente al colapso, un mensaje describe una vida que ya existe y que no depende del sistema:
casa de campo pagada, huerto, dos gallinas, dos perros y dos escopetas. Ingresos discretos, gastos mínimos, libros viejos del padre y del abuelo en un Kindle. Salir a pasear con los perros, acampar en el monte, sentarse en el bar del pueblo.
El argumento de fondo es que las expectativas de la sociedad de consumo han comido el tarro y que la muerte de ese modelo parece la muerte, cuando solo es el final de una película que nunca fue real. Con buenos libros, música, campo, chimenea y buena compañía, dice, poco más se necesita.
Otros apuestan por el metaverso, por una jubilación en Sudamérica o por Brasil. Uno avisa de que si cae internet, muchos no sabrán dónde tienen la mano derecha sin preguntar a Google.
Queda el dato que descoloca: el autor del mensaje inicial ya ha puesto la alarma en su calendario para 2027, no para 2038. Palabra del niño Jesús. Si el pronóstico falla, siempre queda reflotar el asunto y echarse unas risas.