Llanes pide contratar migrantes empadronados para el verano
La patronal hostelera de Llanes ha pedido a las administraciones un protocolo ágil para contratar a migrantes empadronados en el concejo ante la falta de personal en bares y restaurantes durante la temporada estival. La petición, difundida en redes sociales, ha reabierto el debate sobre un modelo turístico que depende de mano de obra temporal y sobre las condiciones laborales del sector. En un país con **una de las tasas de paro juvenil más altas de Europa**, la paradoja es evidente: sobran candidatos sobre el papel y faltan camareros en la práctica.
Qué piden exactamente los hosteleros de Llanes
La propuesta no es contratar a personas en situación irregular, sino habilitar un mecanismo para que quienes ya residen en el municipio puedan trabajar de forma legal. El argumento que esgrimen es que hay personas viviendo en la zona que reciben servicios sociales pero no pueden acceder a un empleo formal. El sector sostiene que el problema no es de salarios, sino de disponibilidad: Llanes está a unos **100 kilómetros de Gijón, Oviedo y Santander**, lo que limita el radio de captación de trabajadores.
El verano en la comarca es intenso. Los bares se llenan, el aparcamiento es misión imposible y los alquileres temporales se disparan. En ese contexto, la ecuación no sale: pagar lo suficiente para compensar el desplazamiento y el alojamiento en una zona tensionada requiere unos márgenes que muchos negocios no tienen.
El problema no es la falta de brazos, es el precio de los brazos
La lectura más repetida es que el sector quiere mano de obra barata y flexible. Se argumenta que los hosteleros prefieren trabajadores sin derechos plenos antes que subir salarios o mejorar horarios. La hostelería ha funcionado históricamente como negocio familiar: el dueño en la barra, la mujer en la cocina y los hijos sirviendo mesas. Ese modelo se ha roto por la despoblación, el envejecimiento y el precio de la vivienda en zonas costeras.
Hay quien recuerda que en los años noventa y dos mil ya hubo un proceso similar: mafias que ofrecían trabajadores extranjeros por menos de la mitad del salario de un español, medios que amplificaban el relato de que los nacionales no querían trabajar y políticos que facilitaban la entrada. El resultado fue una precarización progresiva del sector.
Salarios, alojamiento y horarios: las cuentas que no salen
El cálculo es sencillo. Si un camarero cobra **900 euros al mes** y el alquiler de un apartamento en Llanes durante julio y agosto se come buena parte de ese sueldo, el incentivo desaparece. Se han publicado ofertas por **un euro la hora**, lo que da una idea del suelo salarial en algunos casos. Sin alojamiento asequible ni horarios humanos, la rotación es constante y la calidad del servicio se resiente.
La solución que proponen algunos es subir precios y pagar mejor. Otros creen que el problema es estructural: mientras la vivienda turística siga tensionando el mercado, ningún salario de hostelería será suficiente. Y hay quien apunta al Estado: impuestos, cotizaciones y burocracia hacen inviable competir con otros destinos.
Inmigración, paro y libre mercado: el choque de relatos
El debate deriva rápidamente hacia la política migratoria. Una parte sostiene que no se puede contratar a personas en situación irregular y que la prioridad debería ser los trabajadores nacionales desempleados. Otra recuerda que en España hay **1,5 millones de empleados públicos** según un informe que circula, y que el problema no es la falta de gente dispuesta a trabajar, sino la falta de condiciones dignas.
También hay quien defiende que el mercado laboral se regule solo, sin intervención estatal, y quien pide limitar el número de establecimientos hosteleros por municipio, como se hace con farmacias y estancos. La discusión sobre si los migrantes empadronados deberían poder trabajar legalmente choca con el marco normativo actual, que exige autorización de residencia y trabajo.
La pregunta no es si Llanes necesita camareros en verano. La pregunta es quién está dispuesto a pagar lo que cuesta que alguien los sirva.