22 años del 11M: cuando el relato sustituyó a los hechos
¿Se puede sostener a la vez que el atentado del 11 de marzo de 2004 no tuvo nada que ver con la guerra de Irak y que no sirvió para cambiar el gobierno? Esa contradicción, señalada por un participante, es el punto de partida de una discusión que 22 años después sigue sin cerrarse. Para ese participante, el 11M no fue solo un atentado: fue el momento en que el relato oficial empezó a pesar más que los hechos. La tesis que defiende es que aquel episodio abrió una etapa en la que cada acontecimiento se interpreta como pieza de una misma operación.
Qué pasó realmente en los tres días previos al 14M
La secuencia de los tres días anteriores a las elecciones generales es el núcleo del asunto. Según un participante, el gobierno de José María Aznar gestionó la crisis dando a conocer en tiempo real cada prueba que iba apareciendo: la furgoneta Renault Kangoo con cintas del Corán, la mochila de Vallecas y una cinta de vídeo con reivindicación. Para ese participante, ese fue el error: no ocultar nada y difundir sin verificar materiales que después se revelaron como montajes. Otro participante sostiene que el problema no fue la transparencia sino la falta de control sobre la propia investigación.
Hay quien sostiene que el ejecutivo no supo leer la situación y que un atentado de esa magnitud le vino grande. La respuesta de otro participante es que el PP iba a ganar las elecciones y las perdió, y que en esos tres días se produjo una intoxicación informativa sin precedentes. El dato que se menciona: la última bomba explotó a las 7:39 y el portavoz del gobierno compareció pasadas las 13 horas.
Las pruebas falsas y la sombra sobre la investigación
El análisis de un participante se detiene en la cadena de custodia de las pruebas. Argumenta que sectores de la propia policía y del CNI plantaron materiales falsos —la Kangoo, la mochila de Vallecas y la cinta de reivindicación— y que el gobierno fue engañado por sus propios servicios. La figura de Sánchez Manzano aparece, según esta lectura, en todos los escenarios donde se colocaron pruebas falsas. Varias asociaciones de víctimas y una de guardia civil presentaron una denuncia posterior al juicio contra él que, según se relata, constituye una enmienda a la totalidad de las conclusiones judiciales. La denuncia recayó en una jueza que, según el mismo relato, acabó apartada y con la carrera destruida.
La discusión se enreda aquí en un punto técnico: si el gobierno mintió conscientemente o fue víctima de un montaje interno. Quienes defienden la primera tesis se apoyan en las declaraciones oficiales de esos días; quienes defienden la segunda, en la cronología de las pruebas que iban apareciendo sin control.
ETA, islamistas y la hipótesis que no se sostiene
La atribución inicial a ETA es otro frente abierto. Se recuerda que cargos públicos de la oposición dieron por hecha la autoría etarra antes de que el gobierno se pronunciara, y que esa era la lectura natural tras tres décadas de atentados. El contraargumento es que la propia banda negó su autoría en una comparecencia a las pocas horas, y que los dirigentes que se encontraban en Francia estaban más sorprendidos que nadie. La hipótesis de una colaboración entre ETA y grupos islamistas queda, en este análisis, como una construcción sin base.
El 11M como marco permanente de la política española
La tesis central que da título a la discusión es que desde 2004 todo se lee con la clave del 11M. Se sostiene que aquel episodio marcó el inicio de un cambio de régimen que habría continuado con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero y su agenda: memoria histórica, políticas de igualdad, multiculturalismo y legislación climática. Quienes defienden esta lectura afirman que el PP dejó de ser lo contrario del PSOE precisamente a partir de entonces, y que la partitocracia actual hunde sus raíces en aquellos días.
Frente a esa interpretación, otra corriente señala que el PP de Aznar ya regulaba la inmigración irregular y alimentaba la burbuja inmobiliaria, y que la continuidad entre ambos partidos es anterior al 11M. La discusión deriva hacia el papel de los medios, la bolsa de Vallecas y la cobertura informativa de aquellas horas.
Dos décadas después, el caso sigue sin una explicación que satisfaga a todas las partes. Quien quiera cerrarlo con una frase tendrá que elegir antes qué prueba decide ignorar. Un lujo, sin duda.