Techlead y el vídeo que pide dejar de remar
Ganó dinero programando para las grandes tecnológicas de Silicon Valley y ahora gana dinero explicando que trabajar ya no compensa. La contradicción no es un detalle menor del vídeo que el youtuber conocido como
Techlead acaba de publicar: es justo lo que le reprochan los propios usuarios del foro. En el vídeo sostiene que hay que dejar de remar, es decir, abandonar la carrera de esfuerzo continuo que ya no paga. La idea ha prendido y ha llevado a los contertulios del hilo a discutir si lleva razón o si vende humo desde un sillón pagado con acciones del Nasdaq. La respuesta, como casi siempre, depende de dónde te pille el remo.
¿Qué significa dejar de remar y por qué resuena tanto?
El mensaje central que se debate mezcla tres piezas: un pico tecnológico, una droga digital que ya no aporta dopamina y una
inflación que, según uno de los intervinientes, funciona como un diezmo sobre toda la población. Una de las conclusiones que se sostiene en el hilo es dura: el valor de buena parte de los empleos actuales sería cercano a cero y muchos existirían solo para dar algo que hacer, recaudar impuestos y mantener entretenida a la gente. Sobre ese diagnóstico se han añadido lecturas más apocalípticas, con la impresora de billetes y la falta de valores como supuestas culpables de una decadencia que algunos comparan con la caída de Roma.
Conviene separar el grano de la paja. Una parte de la conversación derivó hacia tesis sobre un supuesto plan deliberado para deshacerse de población sobrante, un argumento que circula sin ninguna prueba y que se queda donde está: en el terreno de la sospecha sin datos. Otra derivó hacia la inmigración como competencia laboral, un marco que el propio vídeo no respalda con ninguna cifra.
¿Por qué se dice que el sector informático ya no da de sí?
Porque los cimientos ya están puestos y lo que queda se construye muchas capas por encima, con menos gente y peores condiciones. El ejemplo que pone un informático veterano del foro es el correo corporativo: ya no hace falta montar un servidor en cada empresa con hardware y personal dedicado, basta con que alguien abra una cuenta gratuita. En los inicios de internet, según recuerda ese mismo usuario, había que levantarlo todo desde cero y los informáticos buenos escaseaban, así que las consultoras se los rifaban con sueldos altos, beneficios y opciones sobre acciones. Ese tiempo, según su relato, pasó, y con él la ventaja negociadora.
El diagnóstico se extiende más allá del código. Se argumenta que la tecnología ya no sorprende, y se pone como síntoma que productos que hace unos años parecían imparables ahora se reciban con indiferencia. De ahí sale la idea de que un chaval de 16 años ya ha visto prácticamente todo lo que el mundo le puede ofrecer, y que eso mata la curiosidad. En esa línea, hay quien defiende que el teletrabajo es la verdadera arma antisistema y que por eso se intenta limitar.
¿Se sostiene que el sector tecnológico está muerto?
No del todo, y ahí está el contrapunto incómodo para el relato del vídeo. Los parques tecnológicos españoles dan empleo a 169.337 profesionales, según los datos de la asociación que los agrupa, y siguen sostenidos por universidades y administraciones públicas. Mientras unos anuncian el fin del negocio, la administración mantiene viveros de innovación con empresas residentes. La explicación que dan los informáticos veteranos del hilo es que no muere la tecnología, sino el tipo de empleo tecnológico que pagaba bien: mucho trabajo de capas altas, poco de cimientos y salarios que ya no compiten con la inflación.
¿Sirven el bitcoin, el oro o un oficio manual para salir del sistema?
Sirven, según sus defensores, para escapar con lo puesto; el problema es que cada refugio arrastra su propia pega. El bitcoin aparece como la vía para huir sin llevar nada encima: en un escenario de conflicto se cruza un aeropuerto sin pendrive y se convierte a la divisa local en cuanto haya conexión. La objeción es que un banco extranjero puede congelar cuentas, que abrir una cuenta exige papeleo y que el valor de la moneda de destino fluctúa; hay países donde se han aplicado límites a la retirada de efectivo.
Un reloj de lujo o unas joyas cumplen una función parecida, pero hay que declararlos y luego buscar comprador. Quien defiende el oro como último refugio recibe una respuesta incómoda: en un colapso de verdad, lo que conserva valor son las latas de atún. Otros apuestan por lo manual y especializado: oficios como la fontanería, cuanto más en negro mejor, porque la tecnología se ha vuelto un bien corriente y quien arregla una tubería sigue siendo imprescindible.
¿Quién es Techlead y por qué le acusan de predicar lo que no practica?
Es un programador japonés que trabajó para Google y otras grandes empresas antes de dedicarse a crear contenido, y ese currículum es lo primero que se le echa en cara. Con millones en la cuenta, dejar de remar es una opción personal; para quien tiene que pagar la hipoteca, es un lujo. También se señala la incoherencia de anunciar el fin de la tecnología mientras se monetiza en YouTube, propiedad de Google, y se cobra de las empresas que patrocinan el canal. Algunas versiones añaden que conoce por dentro los secretos del algoritmo, lo que explicaría su alcance.
Sobre su vida personal circula otra historia que él no confirma: que tras un divorcio se mudó a Japón y que su expareja reclamaría la mitad del patrimonio más una pensión. Son relatos de terceros, no hechos probados, pero alimentan la sospecha de fondo: que quien vende la salida del sistema vive, precisamente, del sistema.
La pregunta que queda abierta
Con estos mimbres, el asunto no es si el vídeo acierta, sino qué se hace con él. Quien tiene algo que perder puede permitirse sopesar el consejo; quien no lo tiene ya lo aplica sin querer. Y queda por ver si el mensaje aguanta el próximo ciclo económico o se queda en otra pieza brillante de un canal que vive, justamente, de que sigamos mirando.