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Dejad de picar el anzuelo con Tinder y de vivir a base de chutes de dopamina: Os están manipulando y moliendo la vida con el "sesso"
El deseo como mercado: quién gana cuando todos compiten
La convocatoria de un encuentro sexual multitudinario en el marco de un festival de música llevó a sus organizadores a comparecer ante los medios con una matización: buscan un contexto que no sea violento. El anuncio, y sobre todo su repercusión, reabrió una discusión que llevaba tiempo en la trastienda. Si el deseo funciona como un mercado, alguien puja y alguien fija el precio. Y la tesis que vertebra el asunto es incómoda: una ingeniería social —aplicaciones, escaparates, toda una liturgia de la apariencia— estaría reordenando quién tiene acceso a qué y a qué coste.
¿Por qué una minoría acapara la elección en las aplicaciones de citas?
Las gráficas que se difundieron junto al asunto —valoraciones de atractivo con un reparto llamativamente desigual— se leyeron por varios participantes como una sentencia: la mayor parte de la demanda se concentra en un puñado de perfiles y el resto apenas recibe respuesta. Las lecturas más pesimistas lo resumen en que unos pocos concentran el interés mientras la mayoría compite por lo que sobra.
La primera explicación que se pone encima de la mesa no tiene nada de tecnológica. Un participante sostiene que la selección responde a la responsabilidad de las mujeres, más exigentes en la elección, y que si ese filtro se relajara, las infecciones de transmisión sexual camparián a sus anchas. Es un argumento viejo con ropaje nuevo.
La segunda explicación apunta a la herramienta. Antes, el mercado de candidatos visibles era corto —una decena de personas del entorno— y la elección tenía fecha de caducidad. Hoy, según ese relato, cada perfil femenino acumula cientos de opciones a un deslizamiento de dedo, sin esfuerzo y sin plazo. El resultado paradójico que se describe es que nadie elige, porque siempre queda la sensación de que hay algo mejor a un toque de distancia. La abundancia convertida en parálisis.
El atractivo masculino no se mide con una sola variable
Aquí aparece el contrapunto más razonable del asunto. El atractivo en el hombre es multifactorial: dinero, posición, liderazgo, asertividad, el entornito en el que cada uno se mueve. Fijarse solo en la foto es quedarse con una parte del cálculo. El cantautor con coleta, el jefe del grupo de amigos o el monitor del gimnasio juegan con ventaja dentro de su contexto.
El problema es que ese argumento, bienintencionado, se vuelve contra quien lo usa. Si el camino es cuidarse, vestir mejor, ganar más y aparentar más, el resultado agregado es una carrera armamentística donde todos suben un par de escalones y la posición relativa apenas cambia. Se puede pasar de un cinco a un siete —a base de gimnasio diario, coche deportivo y aficiones abandonadas— y seguir compitiendo con quinientos tipos que han hecho exactamente lo mismo. La conclusión de quien lo plantea así es amarga: la vida se organiza para gustar, y el resultado no está garantizado.
La monogamia como institución de reparto
Hay quien sostiene que este desequilibrio no es nuevo y que la monogamia nació precisamente para corregirlo: un mecanismo civilizatorio que reparte el acceso, reduce la competencia violenta y da estabilidad al conjunto. Somos algo más que animales, resume esa posición, y por eso se inventó la regla.
La objeción es de manual. La monogamia no tiene nada que ver con la selectividad a la hora de buscar pareja: son dos problemas distintos que a veces se mezclan. Y el registro histórico que se aporta tampoco ayuda. En épocas pasadas los hombres se cuidaban menos y, según esa lectura, accedían a más. La necesidad, dicen, se sofocaba por otras vías, con un mercado paralelo que existía y que aquí se describe sin adornos y sin defensa.
¿Qué sale más caro, una cita o un servicio?
El ejercicio contable que circula en el hilo, hecho por un participante, es revelador y se ha desglosado con detalle: horas de conversación previa, desplazamientos, cena, y el tiempo total invertido por cada encuentro frente a la vía directa y tasada. En su cuenta, la aritmética sale a favor de la segunda casi siempre, lo que no dice nada bonito sobre cómo se han organizado las relaciones. No es una apología del atajo: es el diagnóstico de un mercado donde el coste de oportunidad se mide en horas.
El dato que se cruza: 2 de cada 3 jóvenes de 34 años viven con sus padres
Toda esta competición tiene un telón de fondo económico mucho más prosaico. Los datos del INE que se manejan son tozudos: dos de cada tres jóvenes de 34 años siguen viviendo con sus padres y hay 700.000 emancipados menos que en 2008. El precio de la vivienda y del alquiler se come la mejora del empleo juvenil. Sostener un escaparate —gimnasio, ropa, coche, cena— con un salario precario y una habitación en casa ajena no es una estrategia de seducción; es una cuenta de resultados.
En paralelo, un forero menciona de pasada otro desplazamiento: sectores como justicia, farmacia, sanidad, educación y administración tendrían ya en torno al 70% de presencia femenina y seguirían subiendo, lo que reconfigura expectativas y jerarquías dentro de esos entornos.
La paradoja se sostiene sola. Cuanto más caro sale competir, más gente compite; y cuanto más compite, menos cambia el reparto. Con la emancipación juvenil cada vez más lejos, la pregunta ya no es quién liga. Es quién está pagando la factura.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Hay cosas que cambian en una sociedad civilizada y otras que no. La monogamia no tiene nada que ver con que las mujeres sean más selectivas a la hora de buscar pareja.»
— NXT · monogamia y selectividad
«Si te mola ser mecánico hazte mecánico pero porque no currar en ser el mejor mecánico posible, ganar más dinero y tener mejor salud a través de cuidarte en la cocina y en el gimnasio o deporte que más te guste.»
— Genis Vell · mejora personal y atractivo
«Esas gráficas tan desquiciadas vienen de las políticas feministas pero sobre todo de las apps y de internet.»
— tartesius · causas de la selectividad
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
El deseo es un mercado selectivo por naturaleza40%
Las apps distorsionan y saturan la elección35%
Hay que competir cuidándose y ganando más25%
📌 DATOS
2 de cada 3 jóvenes de 34 años viven con sus padres
✓El desglose hora a hora y euro a euro de lo que cuesta una cita frente a un servicio: el coste de oportunidad medido en tiempo, no en opiniones
✓La tesis de la carrera armamentística: por qué pasar de un cinco a un siete no cambia la posición relativa de nadie
✓El cruce entre competición por el deseo y emancipación juvenil, con las cifras de vivienda y empleo sobre la mesa
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