Menos horas, mismo sueldo: la letra pequeña de la jornada de 37,5
La jornada laboral en España se reduce al equivalente a
38,5 horas semanales en 2024 y a
37,5 horas en 2025, sin recorte de salario. El compromiso está en el acuerdo de coalición y alcanza a nueve de cada diez asalariados cubiertos hoy por un convenio colectivo en vigor. Ahora bien, para medir el impacto real hay quien pone el ejemplo de una panadería de barrio: la que factura miles de euros al mes y donde quien atiende el mostrador cobra el salario mínimo con horas extra que apenas se notan en la nómina. Ese puesto no lo arregla ningún decreto de un día para otro.
Qué dice el acuerdo: 38,5 horas en 2024 y 37,5 en 2025
La reducción se hará sin recorte salarial: se seguirá cobrando lo mismo. La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo,
Yolanda Díaz, la ha definido como la reforma «más importante seguramente de esta legislatura» y ha asegurado que su entrada en vigor se producirá en los próximos meses, con aprobación antes de verano. El calendario es a dos años: primero 38,5 horas, después 37,5.
El problema es que, aunque sea algo pactado y confirmado, su aprobación se está retrasando. La forma de ejecutar la rebaja continúa en negociación: patronal y sindicatos discuten en una mesa paralela a la del Ministerio de Trabajo, al que van comunicando los avances. Lo que falta por cerrar no es el número, sino la unidad de medida.
¿Se aplican por semana o en cómputo anual?
Los límites de 38,5 y 37,5 horas se aplicarán en
términos anuales, no semanales. Esa decisión aparentemente técnica cambia por completo el resultado: la pregunta que se negocia es a cuánto equivale, en cómputo anual, una semana laboral de 37,5 horas.
Si el reparto se hace vía calendario, el efecto puede ser un puñado de días libres más al año —hay quien calcula casi ocho jornadas extra de descanso en su caso concreto— o, por el contrario, la supresión de puentes y de la jornada intensiva de julio o agosto para cuadrar el cómputo. También hay quien recuerda que ciertos convenios, como el de la construcción, llevan años sin llegar realmente a las 40 horas semanales, lo que convierte el anuncio en algo menos espectacular de lo que suena.
¿Se puede trabajar menos con la misma carga de trabajo?
Hay quien plantea que, en sectores donde bajar la jornada no baja la carga, si el servicio exige presencia se harán las mismas horas en forma de extras, y que esas extras se pagan y se retienen: a efectos de IRPF, el trabajador aparecería como alguien que ingresa más y la retención subiría. Con el salario mínimo al alza, según esta lectura, el cómputo fiscal se tensa por los dos lados. La única salida limpia, sostiene ese mismo análisis, es ampliar plantilla, y eso el empresario lo paga.
De ahí que una parte del análisis hable directamente de bajada de sueldo encubierta, mientras otra recuerda que aquí se cobra tan poco que reducir horas es la vía más realista de ganar poder adquisitivo. La misma medida, dos conclusiones opuestas.
El coste para la empresa y el aviso del Banco de España
Visto desde el lado del empleador, menos horas con el mismo salario es pagar más por cada hora trabajada, y eso se traduce en pérdida de competitividad frente a empresas extranjeras. El
Banco de España analizó la cuestión y advirtió de que podría aumentar la brecha de renta con el resto de Europa, además de subrayar la necesidad de aplicarla con flexibilidad porque hay sectores que podrían ver mermada su productividad.
Circula un ejercicio clásico para explicarlo: un operario, diez sillas, un decreto y un precio que acaba doblándose para que el salario se mantenga. El desarrollo completo, con costes y beneficio dentro, admite todos los matices del mundo. Y sobre el fondo sobrevuela otra tesis: que el problema de fondo no es la jornada, sino un sector público que cada año extrae más riqueza de las empresas productivas que quedan.
Funcionarios, el espejo francés y las 35 horas
Los empleados públicos llevan años con jornadas de 35 horas semanales, y desde ahí se sostiene que la rebaja beneficia sobre todo a quien ya trabaja en oficina. Quien está en una obra, en hostelería o por cuenta propia lo mira de lejos: se señala que los autónomos no ven compensación ni en cuota ni en impuestos, y su jornada no la fija ningún convenio.
El espejo exterior se llama Francia, con 35 horas implantadas desde hace unos 25 años y un debate abierto sobre su efecto en la productividad. La referencia histórica que se repite es la misma de siempre: cuando se pasó de 48 a 40 horas y cuando se implantó la jornada de ocho horas, también se anunció la ruina. Desde Podemos, la exministra Irene Montero ha ido más lejos y pide rebajar el máximo anual hasta las
35 horas, el objetivo final que se atribuye a la propia Díaz.
Queda por ver si el BOE publica las 38,5 horas antes del verano o si la cifra se queda en anuncio. Nueve de cada diez asalariados con convenio están dentro. El resto, fuera, y ahí sigue la pregunta sin respuesta: cuántas de esas horas existen de verdad en una nómina.