Reformar una cocina de 8 m2: de 1.500 a más de 25.000 euros
Picar el suelo, tirar los azulejos, cambiar la instalación y poner una encimera de porcelánico. Ese es el punto de partida de quien acaba de comprar un piso y se enfrenta a la reforma de una cocina de ocho metros cuadrados. El presupuesto que maneja ronda los
15.000 euros, y la duda es si con eso basta o se queda corto. La respuesta que sale de la experiencia ajena es incómoda: depende menos de los metros que de lo que cada uno entienda por «cocina nueva».
Cuánto cuesta una cocina de 8 m2 según quien la hace
Los números que se manejan en la conversación van de los
1.400 euros de unos muebles de gama básica sin montaje a los más de
25.000 de una reforma integral con distribución cambiada. En medio cabe casi todo. Un profesional del sector cifra su horquilla entre
750 y 1.500 euros por metro cuadrado, según acabados y si hay que tocar tuberías, grifería o iluminación. Para ocho metros, eso deja lo más básico en
5.000-6.000 euros, con algo de calidad en 8.000 y por encima de 10.000 con electrodomésticos. Y remata: con IVA, hasta lo más barato se va a diez mil.
Frente a eso, la vía del autobricolaje. Comprar cascos, puertas, bisagras y pomos por separado y montarlo uno mismo o con ayuda. El cálculo que circula es de
700-800 euros en cascos y puertas, más herrajes, más encimera, más grifo. Total: entre 1.000 y 1.500 euros sin electrodomésticos. Quien lo ha hecho lo defiende sin complejos: «no es nada bonita, funcional y a tirar millas».
Encimera de granito, porcelánico o madera: la guerra de materiales
El porcelánico se presenta como lo más duro y resistente, aunque también lo más caro. El granito queda descartado por poroso según el criterio de quien pregunta. Y la madera se descarta por rayazos, temperatura y porosidad. La contraofensiva llega rápido: hay quien sostiene que las encimeras de piedra están «ultrasobrevaloradas» y que una de madera durita cumple igual, con la ventaja de que cambiarla cuesta una fracción. También se apunta a la piedra sintetizada —Neolith, Techlam— como alternativa técnica. Nadie cierra el asunto.
La cocina como marcador social: bodas, islas y electrodomésticos
La comparación más repetida es con las bodas: se puede uno endeudar con 50.000 euros o casarse por 5.000, y en ambos casos hay convite. La cocina funciona igual. Hay quien sostiene que el gasto real no lo fija la función sino la expectativa de quien va a recibir visitas. La cifra que se lanza sin pudor: de
8.000 a 20.000 euros si la cocina tiene que impresionar. Y el contrapunto: con lo ahorrado en una cocina «visillera» se pagan cosas mucho más interesantes.
Qué se paga realmente: obra, instalaciones y el modo señorito
La diferencia entre presupuestos no está en los muebles. Está en si hay que levantar el suelo, bajar el techo con pladur y focos, mover el radiador, sacar un grifo extra para el lavavajillas o cambiar la electricidad. Quien ha pasado por ello describe el «modo señorito»: la empresa lo hace todo, desde la obra hasta el último remate, y el cliente solo elige. El coste se dispara. Quien recicla electrodomésticos —un lavavajillas Miele, una cafetera Saeco— y convierte una puerta de salida al jardín en ventana para ganar metros de encimera en U, ajusta bastante más.
La cocina del futuro: envasaditos y microondas
Hay una tesis que va más allá del presupuesto: las cocinas equipadas están destinadas a desaparecer. Sin tiempo para cocinar, sin ganas de limpiar y con la compra fresca sin compensar para una o dos personas, el uso real se reduce a calentar precocinados. Bajo ese escenario, gastar en mármol o titanio es tirar el dinero. La respuesta es tan simple como incómoda: con un fogón, un banco con losa y un grifo ya hay cocina.
El presupuesto de 15.000 euros da para una reforma completa de ocho metros con calidades medias. También da para pagar tres cocinas funcionales si se acepta el conglomerado y se renuncia a la isla. La diferencia entre una y otra no la marca el metro cuadrado. La marca lo que cada uno esté dispuesto a que piensen sus invitados cuando entren a tomar café.