El 49% de los jóvenes de 16 a 25 años ya no se saca el carnet
Adrián Ungría tiene 19 años y no piensa acercarse a una autoescuela. «Es muy caro y puedo ir andando y en tranvía a cualquier sitio», zanja. Isaac Cabelo, de 20, se mueve por Zaragoza en tranvía y patinete y tampoco tiene prisa: «Ahora no lo necesito ni quiero gastarme ese dinero en ello». Los dos retratan lo que ya reflejan las estadísticas: casi la mitad de los jóvenes de 16 a 25 años no tiene carnet de conducir.
El 49% de jóvenes sin carnet: qué dicen los datos
El estudio sobre movilidad y juventud que la Federación Internacional de Automovilismo y Kantar publicaron en 2024 cifra en un
49% los jóvenes de 16 a 25 años —la Generación Z— sin permiso de conducir. La curva sigue bajando. La Dirección General de Tráfico registra que en 2003 el
75% de los permisos B expedidos correspondían a jóvenes de 18 a 28 años; en 2023, ese porcentaje se había quedado en el 67%.
La caída se comprueba en el mostrador de las autoescuelas de Zaragoza. En Autius, la responsable de marketing, Marta Gómez, distingue dos clientes: «Mientras que en verano es un perfil muy joven, que aprovecha las vacaciones para ponerse, durante el resto del año es gente más mayor». En Autoescuelas Casablanca, su director Javier Pérez sitúa el cambio «desde hace unos 5 o 6 años» y coloca la edad media de su clientela entre los
22 y los 25 años. «Ha dejado de ser una prioridad a los 18, prefieren otras cosas», añade.
Cuánto cuesta sacarse el carnet de conducir
Aprobar el teórico y el práctico a la primera sale por unos
1.000 euros. Es la primera barrera y la más citada. Alba Lasala, de 21 años, acaba de empezar a prepararse el teórico y lo dice sin rodeos: «He esperado a tener dinero». Otros directamente no llegan. Sara Martín, de 24, se apuntó hace tres años «por presión social, porque todo el mundo me lo decía», y jamás fue a clase.
En el lado opuesto, Kiara Gómez, de 26, nunca lo ha visto como una necesidad: «Puedo viajar en el transporte público, que no contamina ni la mitad». La frase resume buena parte del cambio de mentalidad. El permiso B ha dejado de ser un rito de paso obligatorio para convertirse en una decisión de coste-beneficio.
El transporte público y la ciudad que se recorre andando
Los datos del Instituto Nacional de Estadística apuntan en la misma dirección: más de
25.800 aragoneses utilizan el transporte público y más de
110.000 van andando. Moverse por el centro de Zaragoza sin coche es, para buena parte de la población, más rápido y más barato.
Las experiencias se repiten. Celia Bolsa, que empezó a conducir a los 29 años, explica que «no tenía la necesidad real de sacarme el carnet porque no lo iba a utilizar» y que se lo sacó durante la pandemia para poder ir a su pueblo cuando quisiera. Guillermo Smith esperó hasta los 25: «No me hacía falta. Estaba estudiando y no lo necesitaba». María Gracia se examinó con 21 y se movía andando. No es un rechazo frontal al coche: es indiferencia mientras la ciudad funcione.
Tampoco desaparece el deseo. Ibai Marín, de 19, se acaba de apuntar al teórico. Nicolás García, de 18, quiere tenerlo «antes de que acabe este verano» y Lucía Sánchez, de su misma edad, prevé empezar «en octubre». El carnet sigue siendo un objetivo para una parte de la generación, solo que ya no marca el día del cumpleaños.
Cuando el coche no es un capricho: polígonos y turnos de mañana
Aquí está la grieta de todo el asunto. Un trabajador de Zaragoza sostiene que la ciudad no tiene transporte público hacia sus polígonos, adonde se desplazan decenas de miles de personas. Este residente, que trabaja en Malpica —donde asegura que coinciden entre 40.000 y 50.000 personas—, describe una parada de bus con un horario que «no le interesa a nadie» y un carril bici estrenado en una ciudad con 42 grados en verano y viento y bajo cero en invierno. La alternativa al coche existe sobre el papel; en la práctica, no.
Quien ha trabajado con vehículos de flota lo confirma desde otro ángulo. Un conductor profesional que durante una temporada se dedicó a recuperar coches de renting por media España explica que cada servicio era un modelo distinto y que los mandos básicos se aprenden, pero el climatizador o el desempañado obligan a apartar la vista de la carretera. Un cambio de hábitos que, con alquiler por minutos, se convierte en un problema de seguridad y no de comodidad. Otros relatos van en la misma línea: un primer
empleo con cuatro horas diarias de transporte público y un tercero en el que o había coche o no había trabajo.
Mantener un coche: la factura que no sale en el anuncio
A la matrícula le sigue una lista larga: multas, impuestos, seguro, ITV, combustible, reparaciones, garaje y las zonas de estacionamiento regulado, además del psicotécnico cada cierto número de años. Como resume un usuario, si no se usa a diario el coche es
una carga más que libertad. Hay también quien ha decidido no renovar el permiso al cumplir los 30 y quedarse con una moto antigua, y quien compara trayectos: Coruña-Barcelona en avión, 68 euros y 1 hora y 40 minutos; el mismo recorrido en coche, 156 euros —31,3 de peajes— y 11 horas y 16 minutos.
¿Hace falta el carnet para trabajar?
Depende de a quién se pregunte. Hay quien sostiene que conducir, junto al inglés y la mecanografía, es una de esas habilidades que antes eran una profesión y hoy son un requisito de entrada a multitud de puestos, y recuerda ofertas que exigían disponibilidad de vehículo propio. Enfrente aparece el argumento económico puro: si el salario apenas da para el mes, no tiene sentido pagar el carnet para un coche que no se va a poder comprar en 15 años. Y una tercera lectura, la más incómoda: que buena parte del relevo generacional es más pobre que sus padres y disfraza la restricción de elección.
Con el permiso B cayendo entre los recién cumplidos y la edad media del alumno en Zaragoza ya instalada entre los 22 y los 25 años, el cumpleaños de la mayoría de edad ha dejado de estar marcado en rojo. El DNI sigue abriendo puertas. La autoescuela, cada vez menos.