Susana Griso y el crimen que se atribuyó al calor
¿Se puede explicar un homicidio por la ola de calor? La pregunta suena a boutade, y aun así vertebra una polémica que ha saltado de la televisión a las redes con la campaña del
23J de fondo. Todo arranca con un
tuit que descalifica a la presentadora
Susana Griso y con la acusación, difundida junto a él, de haber achacado un crimen a la
emergencia climática. El mensaje la llama «terrorista informativa» y remata con un «debe de ser el calor o algo».
Conviene fijar el terreno antes de entrar al trapo. Lo que sostiene esta discusión no es la declaración original de la presentadora, sino la paráfrasis que de ella hace un mensaje difundido en redes. No hay cita textual ni contexto completo de lo que Griso habría dicho. La atribución circula, por tanto, sin verificación independiente. Y eso, precisamente, es lo que la hace tan rentable.
Qué se atribuye exactamente a Susana Griso
La acusación, tal como se repite, es que la presentadora vinculó un homicidio con el clima. Lo que sí consta es el contenido del tuit que abre la polémica: una descalificación y una pulla sobre el calor. A partir de ahí se dispara una cascada de reproches.
Hay quien sostiene que se trata de una intoxicación deliberada; en el mismo hilo también se lee la escena como una provocación. Son dos lecturas incompatibles, y ninguna se apoya en una prueba: la cita completa no aparece por ningún lado.
El detalle tiene su miga. En un asunto donde se acusa a alguien de manipular, el primer eslabón de la cadena es, justamente, un mensaje que no reproduce las palabras originales.
La cifra de asesinatos de julio y la comparación incómoda
Hacia la mitad del intercambio aparece una cifra incómoda:
ocho asesinatos registrados en Madrid durante el mes de julio, según la cifra que cita una de las intervenciones del hilo. El dato se lanza para desmontar el argumento climático: si todo lo explicara el termómetro, la estadística dejaría de significar nada.
El razonamiento se repite de mil maneras. La posición dominante sostiene que el clima funciona como coartada para no hablar de otras causas, y que el relato público prefiere atribuir la violencia a factores difusos antes que a decisiones concretas.
Aquí conviene distinguir el dato robusto del adorno. Que en un mes concreto se registraran varios homicidios es verificable; atribuir el conjunto a la temperatura, no. La conversación mezcla las dos cosas con alegría, y esa confusión es, en el fondo, el verdadero asunto.
Del calor al eximente: la pendiente resbaladiza
Una de las intervenciones más repetidas resume el escepticismo: si el calor explica un delito, acabará operando como
eximente, igual que las drogas o la locura. La pendiente, dicen, conduce a un sistema donde nada tiene responsable.
La objeción tiene una versión más matizada. Las temperaturas extremas pueden aumentar la irritabilidad y la agresividad, concede otra línea de análisis, pero el autocontrol aprendido modula la respuesta. Calor sí; impunidad, no.
Nadie niega que el calor afecte al ánimo. Otra cosa es convertirlo en la causa de un crimen. Ahí es donde el argumento se cae por su propio peso, y donde la polémica deja de hablar de meteorología para hablar de otra cosa.
De las ballenas a la atribución comodín
El repertorio no se agota en los delitos. Asoma también el episodio de las ballenas que atacan embarcaciones, atribuido al
cambio climático con la misma ligereza. Alguien bromea con que fueron entrenadas militarmente. La coña tiene fondo: cuando «emergencia climática» sirve para todo, deja de servir para nada.
Y en paralelo circula la sospecha de fondo: que determinados medios tienen margen para decir lo que quieran sin coste. Es la tesis del
relato blindado, difícil de demostrar y fácil de sentir.
Un termómetro con demasiadas respuestas
Al final, la polémica deja un retrato más revelador que cualquier declaración: un país discutiendo sobre el termómetro mientras el crimen, el medio y el contexto se quedan en el fondo del plano. Si la temperatura explica todo, no explica nada. La única certeza firme del asunto es que hacía calor.