Debate en foro sobre qué haría Sánchez si pierde el 23J
Si Pedro Sánchez pierde las elecciones del 23 de julio, la pregunta no es si se irá, sino por dónde. La discusión que se ha abierto estos días entre participantes de un foro parte de una premisa incómoda: el presidente del Gobierno no es un político convencional y su reacción a una derrota difícilmente seguirá el manual. La hipótesis más repetida no es la dimisión, sino la
recolocación: un puesto en un organismo internacional que le permita seguir viviendo su película personal.
El planteamiento original lo resumía sin paños calientes: un psicópata acorralado es, a efectos prácticos, un animal sin salida. Y un animal sin salida, decía el autor del mensaje que abrió el fuego, puede liarse a escopetazos en el balcón de Ferraz la noche electoral antes de pegarse un tiro. La escena es extrema, pero sirve para medir la temperatura del debate: algunos participantes no descartan una reacción fuera de guion.
El historial de un superviviente nato
Quienes conocen su trayectoria recuerdan que en 2016 estaba políticamente muerto y volvió al ruedo en seis meses. Ese dato, repetido en la conversación, es el que sostiene la tesis del regreso. No es un hombre que acepte el retiro. Es, dicen, un adicto al poder para quien quedarse sin él equivale a quedarse sin el motor que lo mantiene en pie. Si le quitas eso, el cable puede cruzarse.
El precedente que más se cita es el del comité federal del PSOE, cuando al ver que perdía la votación se dirigió a la urna y quiso llevársela detrás de unas cortinas. No es una anécdota menor: describe a alguien que, ante la derrota, no acepta el resultado y busca una salida física. Otro episodio recordado es la noche electoral de noviembre de 2019, cuando, tras perder casi un millón de votos, mandó callar a los suyos desde el atril de Ferraz.
La cara del último debate también ha dado material. Hay quien sostiene que estaba medicado y al límite, y que en un arranque de ira sería capaz de cualquier cosa. La hipótesis más sombría —agredir a un becario que le lleva un vaso de agua— no tiene ningún respaldo, pero circula como síntoma del nivel de inquietud.
La opción OTAN: el retiro dorado que nadie descarta
La corriente más pragmática apunta a un destino institucional. La OTAN, la ONU o cualquier organismo similar aparecen en la conversación como posibles acomodos. El argumento es que esas instituciones están copadas por lo que un participante llama sin ambages la peor escoria del planeta, y que un perfil como el suyo encajaría sin problema. La toxicidad no sería un obstáculo, sino un currículum.
El historial de gestión también juega a favor de esa salida. Ya fue consejero de la Asamblea de Caja Madrid con Miguel Blesa, lo que demuestra que sabe mantener la boca cerrada en asuntos de corrupción de altas esferas. Eso, en según qué currículos, cuenta mucho.
La otra cara de la moneda la encarnaría Irene Montero, a quien se sitúa en una posición mucho más complicada a la hora de encontrar acomodo. La comparación con Macarena Olona también ha aparecido: una ególatra que, tras perder las elecciones andaluzas, se dio de baja, fingió una enfermedad para marcharse con dignidad y acabó montando su propio partido. Nadie la imagina aguantando en la bancada de la oposición.
El pucherazo como coartada perfecta
Hay una tercera vía que gana peso: la del que no acepta el resultado porque lo considera ilegítimo de antemano. Lo primero que hizo al convocar las elecciones, recuerdan, fue advertir que le acusarían de pucherazo. La jugada es vieja: instalar el marco antes de que lleguen los datos. Con el voto por correo duplicado respecto a 2019 y Correos bajo control del Gobierno, el margen para sembrar dudas está servido.
La hipótesis del atentado de falsa bandera también ha aparecido, aunque quien la lanza la descarta a continuación. No es un pronóstico, es un síntoma: la desconfianza en el proceso electoral ha dejado de ser marginal en una parte del electorado. La agenda 2030, el Falcon, la cerradura de la Moncloa y hasta un paracaídas presidencial completan el catálogo de escenarios, entre el humor negro y la inquietud real.
¿Qué hará si gana? El escenario que casi nadie discute
La paradoja es que, en medio del catastrofismo, hay quien recuerda que la victoria sigue siendo la hipótesis más probable. Si gana, dicen, ya veremos las caras. La agenda 2030 se implementará igual y el infierno será poco para los que dudan. No es una predicción, es una advertencia lanzada al aire.
El problema de fondo, apunta otra corriente, no es el presidente sino los millones de personas que le votan. Si hay millones de psicópatas en España, el diagnóstico es otro. La discusión sobre la reacción de Sánchez es, en realidad, una discusión sobre el país que lo sostiene.
El Falcon, la Moncloa y el final abierto
La imagen más repetida es la del presidente estrellando el Falcon contra la Moncloa en un último acto de ira, para que nadie más disfrute de sus dos grandes amores: el avión y el palacio. Es una hipérbole, pero condensa el imaginario colectivo. También la del que destroza la Moncloa como un inquilino desahuciado: instalación eléctrica, picaportes, colchones, puertas.
Nadie sabe qué pasará. La única certeza es que el 23J no será una noche tranquila en Ferraz. Y que, gane o pierda, el personaje no piensa desaparecer.