Crédito privado: lo que hace ruido y lo que hace daño

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Rosso

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En marzo, respondiendo aquí a un forero que me preguntaba a qué deflación me refería, dejé el mecanismo escrito con detalle: los fondos de crédito privado que cierran la puerta a los reembolsos tendrían que vender activos ilíquidos a descuento, a setenta, sesenta o cincuenta centavos por dólar, y esa venta marcaría el nuevo precio de mercado.

Los demás tendrían que revalorizar sus carteras igual, y de ahí saldrían más pérdidas, más pánico, más reembolsos y más ventas forzadas. Una espiral.

En abril volví sobre ello en un apartado titulado "todos a la vez hacia la puerta", y debajo puse un rótulo que decía que estábamos en la antesala de la deflación de activos.

Han pasado cuatro meses; la presión llegó, y en el segundo trimestre fue mayor que la de entonces. La espiral no.

El fallo no fue de dato; fue de mecanismo, que es del que se aprende algo.

El tope de reembolso, que yo leía como el síntoma, funcionó como cortafuegos. Un vehículo perpetuo que raciona la ventanilla no está obligado a vender nada, y si no vende no hay precio nuevo, y sin precio nuevo no hay revalorización forzosa de nadie. La puerta cerrada, que era lo que me parecía alarmante, es justamente lo que impidió lo que yo anunciaba.

Y por estar mirando la ventanilla me perdí lo otro. En este mercado hay dos relojes funcionando a la vez.

El rápido es el de la liquidez. Es ruidoso, sale en prensa, tiene nombres propios y fechas de cierre trimestral, y hay ya indicios de que puede haber hecho techo.

El lento es el del crédito, que lleva deteriorándose desde 2023 sin que nadie le haga mucho caso, y no se ha parado cuando el otro se paraba.

En abril el primero ocupaba toda la pantalla y el segundo no aparece ni citado en lo que escribí.

Este hilo va de los dos, y sobre todo de por qué casi todo el mundo lee uno como prueba del otro. En marzo la conclusión general fue que venía 2008. En agosto, que no pasaba nada; y las dos veces se estaba mirando la misma aguja.

De qué estamos hablando y por qué existe

Crédito privado es un fondo prestando directamente a una empresa mediana, normalmente comprada por un fondo de capital riesgo, sin que ese préstamo cotice en ningún sitio.

El Consejo de Estabilidad Financiera lo cifraba en mayo entre 1,5 y 2 billones de dólares a cierre de 2024, con Estados Unidos aportando alrededor de un billón. Ojo con esa cifra, porque hay quien maneja perímetros mucho más anchos y luego discutimos sin estar hablando de lo mismo.

De dónde sale todo esto no es un accidente.

Después de 2008 sostener determinadas formas de crédito apalancado se volvió más caro para el balance de un banco, y parte del préstamo migró hacia fondos privados.

Allí el riesgo no desapareció, pero cambió una cosa: la valoración dejó de producirse de forma continua en un mercado.

El propio Consejo de Estabilidad Financiera reconoce que la regulación bancaria posterior a la crisis fue uno de los factores del desplazamiento, y el Fondo Monetario lleva tiempo avisando de que esa opacidad puede retrat el reconocimiento de las pérdidas. La regulación no eliminó el riesgo, cambió el sitio donde se guarda.

Encima de esos préstamos a cinco o siete años se montaron vehículos semilíquidos para el patrimonio particular, sobre todo BDC (Business Development Company) no cotizadas y fondos de intervalo, que ofrecen ventanas periódicas de reembolso sujetas a un tope, normalmente el 5% del patrimonio por trimestre.

Ahí está el punto flaco, y es el compromiso que nadie se cree del todo. Si la promesa solo se puede cumplir mientras no la reclamen muchos a la vez, el que menos se la cree tiene un incentivo perfectamente racional para llegar el primero a la ventanilla.

No hace falta pánico, basta hacer las cuentas.

El reloj rápido: lo que ha pasado de marzo a agosto

En el primer trimestre de 2026 ocurrió algo que no había ocurrido nunca en el mercado de BDC no cotizadas que sigue Stanger: salió más dinero del que entró; y las solicitudes chocaron con los topes contractuales en buena parte del segmento a la vez. Eso es lo que conté en abril y sigue siendo verdad.

Ahora el segundo trimestre, que es donde se ve el error. Las peticiones subieron hasta el 12,4% del valor liquidativo, la lectura más alta que ha registrado Stanger.

Récord. Y sin embargo no se cerró ninguna ventanilla.

Los gestores atendieron el 38% de lo pedido y devolvieron unos 5.900 millones de dólares en el trimestre, 12.700 en el semestre.

Blackstone prorrateó en su tope del 5% con peticiones del 10%. Goldman recibió un 3,24% y lo pagó entero. Los primeros vehículos que han reportado el tercer trimestre bajan al entorno del 4,6% frente al 7,9% que esos mismos tenían en el segundo, aunque la muestra es todavía pequeña y el propio Stanger lo advierte.

Esto quiere decir que la presión máxima llegó, el mecanismo hizo lo que estaba escrito que hiciera, y las ventas a cincuenta centavos que yo esperaba no aparecieron por ningún lado. No porque el activo fuera bueno, sino porque nadie estaba obligado a venderlo.

Hay además una explicación rival de la salida que en abril no contemplé, y va en mi contra. Yo leí a los que pedían el reembolso como una minoría informada, la misma franja que olió a Lehman y a SVB antes que el resto.
Pero si el fondo cotizado equivalente se compra en bolsa al 80% de su valor contable y el no cotizado te deja salir al 100, sales aunque no pienses que viene ninguna crisis. Parte de aquel olfato era alguien haciendo una resta.

Lo que sí se ha cerrado es la puerta de entrada, y de esto en abril no dije nada porque todavía no se veía.

La captación cayó a 2.000 millones en el segundo trimestre, un 82% menos que un año antes y el peor trimestre desde finales de 2020. En el semestre, 7.100 millones frente a 23.500. Para un producto perpetuo que se financiaba por suscripción continua, eso no es un mal trimestre.

El reloj lento: lo que no vi

Aquí está la parte que importa y que en abril no miré.

Prestatarios con al menos un préstamo en situación de non-accrual, es decir sin devengo de intereses porque hay problemas de pago: 3,69% en el primer trimestre de 2023
4,26% un año después
4,69% en el primer trimestre de 2026

Una pendiente suave y constante de tres años, sin relación con los reembolsos, sin titulares, sin nombres propios.

Por dólares la cosa cambia de forma; en ese mismo primer trimestre la deuda sin devengo del universo subió un 39% en tres meses hasta unos 10.000 millones, y bajo la medida ampliada, la que cuenta toda la deuda de un prestatario que tenga al menos un tramo tocado, hasta 17.300. Dos nombres, Medallia e Inovalon, explican 4.400 de esos millones.

Las dos series solo son compatibles si los que están cayendo ahora son mucho más grandes que la media. Y lo son.

En el segundo trimestre, entre las diez mayores sociedades cotizadas del sector, la ratio llegó al 3,95% de la deuda a coste.

Ese número por sí solo dice poco, así que conviene despiezarlo: el saldo malo subió 89 millones hasta 3.300, mientras la cartera se encogía un 2,3% hasta 83.600.

Es la primera vez que las dos fuerzas empujan en la misma dirección. Hasta ahora la ratio venía maquillada por el crecimiento, porque cada trimestre entraban préstamos nuevos que por definición no tenían […] y engordaban el denominador. Eso se ha acabado.

Y una cifra para quien piense que todo esto es solo efecto de que el mercado creció mucho: en tres años la cartera se duplicó, y la deuda de prestatarios con problemas se triplicó.

Sobre los impagos, cuidado con qué medida se cita, y aquí sí hay una cosa de abril que ha aguantado bien. Escribí entonces que la inmensa mayoría de las rebajas de calificación del segmento venían de reestructuraciones forzosas y no de quiebras formales.

Moody's lo ha cuantificado después; alrededor de dos tercios de los impagos de 2025 fueron canjes y ampliaciones de plazo acordados bajo presión, que es una manera educada de decir que el préstamo no se pagó pero tampoco se ejecutó.

Por eso la medida estrecha del impago sigue entre el 1% y el 2% mientras Fitch, con metodología más amplia, da un récord del 6,0% en los doce meses hasta abril. Cuál de las tres es la buena depende de si quieres saber quién ha quebrado o quién no está pagando lo que prometió.

Por qué el software

La Reserva Federal de Boston sitúa internet y software en torno al 20% de la cartera mediana de estos vehículos.

El Banco de Pagos Internacionales lo cuantifica por el otro lado: el préstamo a empresas de software por suscripción pasó de unos 8.000 millones en 2015 a más de 500.000 a cierre de 2025, casi una quinta parte de todo el préstamo directo.

Si el deterioro fuese cíclico esperarías que cayeran primero los pequeños, que tienen menos colchón.

Que empiece por los grandes, de una añada concreta, 2021 y 2022, y de un sector concreto, apunta a otra cosa. Se prestó contra ingresos recurrentes de compañías cuyo foso competitivo el mercado teme ahora que la inteligencia artificial pueda erosionar.

Y aquí aparece la divergencia que hace interesante todo el asunto, porque es la tesis de los dos relojes vista dentro de un solo sector.

En marzo, en pleno castigo bursátil, el Banco de Pagos encontró que las sociedades con mucha exposición a software habían rendido unos cinco puntos peor desde octubre que las de poca, y que el descuento del sector sobre el valor liquidativo se ampliaba.

Pero en julio volvió sobre ello con más detalle y encontró que esa señal todavía no se había convertido en una valoración distinta y duradera: las muy expuestas y las poco expuestas cotizan a múltiplos parecidos, y los préstamos a software tampoco pagan un diferencial mayor que los del resto de sectores.

Hubo castigo en bolsa.

En el precio del crédito que hay debajo todavía no se ve.

Y el propio informe da la razón, que además explica por qué el reloj lento va lento: los indicadores de crédito miran hacia atrás, y el cupón que se capitaliza en lugar de pagarse retrat el momento en que la tensión se hace visible.

Quién lo sostiene si falla

Es la pregunta que decide si esto es la corrección de un mercado que creció demasiado deprisa o el principio de otra cosa, y la respuesta de hoy es tranquilizadora sin ser definitiva.

Los grandes bancos de la muestra regulatoria estadounidense tenían a cierre de 2024 unos 123.000 millones de dólares comprometidos con prestatarios de crédito privado, de los que 74.000 estaban efectivamente dispuestos, frente a más de 1,6 billones de capital de nivel uno.

El 86% de esos préstamos está garantizado con primer o segundo rango. Es exposición, y no es pequeña, pero todavía no parece cantidad capaz de convertir por sí sola una corrección del crédito privado en un problema bancario.

Con un aviso que pone el propio supervisor, y que conviene no saltarse: esa muestra probablemente se queda corta con las sociedades cotizadas del sector, porque no captura bien los vehículos que estas utilizan para endeudarse.

El canal de las aseguradoras merece entrada propia y la tendrá, porque es más interesante y bastante menos tranquilizador que el bancario.

El marcador

Si en los próximos trimestres las peticiones de reembolso vuelven por debajo del tope del 5% y se quedan ahí, la deuda sin devengo deja de crecer en dólares y no solo en porcentaje, y la concentración en software se recoloca sin salpicar a otros sectores, entonces esto habrá sido lo que dicen los gestores: la digestión de un mercado que creció demasiado deprisa entre 2021 y 2023.

Y esto es lo que miraría para decir lo contrario:
- La deuda sin devengo medida en dólares y no en porcentaje, ahora que la cartera se encoge y la ratio puede subir sola.
- Si el deterioro se sale del software.
- Las provisiones de los bancos sobre sus líneas a entidades no bancarias en los resultados del tercer y cuarto trimestre, que es donde se vería si alguien empieza a reconocer pérdidas de verdad.

Queda una pregunta abierta que no sé contestar, y es la que más me interesa.

El cortafuegos que evitó la venta forzada tampoco resuelve nada: el préstamo malo sigue dentro, valorado por modelo, sin que nadie esté obligado a ponerle precio.

Eso compra tiempo, pero solo funciona mientras el crédito de debajo aguante. Si el reloj lento sigue corriendo, en algún momento habrá que reconocer la pérdida sin la excusa del pánico.

Del calendario, lo que viene son: resultados del tercer trimestre en noviembre, informe del Fondo Monetario en octubre, y datos trimestrales de reembolsos y captación.

En noviembre se podrá decir quién ganó, si el reloj rápido, el lento o ninguno de los dos.

Que la crisis de liquidez que parecía el acontecimiento esté remitiendo justo cuando el deterioro del activo de debajo empieza a verse mejor no es una casualidad tranquilizadora. Es lo que suele pasar cuando lo que hace ruido y lo que hace daño no son la misma cosa.

Tamaño del mercado: Financial Stability Board, "Vulnerabilities in Private Credit", 6 de mayo de 2026.

Reembolsos y captación: Robert A. Stanger & Co. Segundo trimestre de 2026 (peticiones del 12,4% del valor liquidativo, 38% atendido, 5.900 millones devueltos en el trimestre y 12.700 en el semestre; captación de 2.000 millones en el trimestre y 7.100 en el semestre) e informe de mayo de 2026 para el primer trimestre como primero de la historia con salidas superiores a entradas en el mercado de BDC no cotizadas registradas.

Casos individuales: comunicaciones de las propias sociedades a la SEC (formularios 8-K y SC TO-I) para Blackstone, Goldman Sachs Private Credit Corp y Blue Owl.

Segarro: PitchBook / LCD / Morningstar para las diez mayores sociedades cotizadas (3,95% de la deuda a coste en el segundo trimestre, saldo de 3.300 millones sobre una cartera de 83.600) y para el universo completo (356 prestatarios, 4,69% en el primer trimestre, y la serie desde 2023). Fitch para la tasa de impago del 6,0% en los doce meses hasta abril de 2026. Moody's para el peso de las reestructuraciones bajo presión en los impagos de 2025.

Concentración en software: Reserva Federal de Boston, "Early Warning Signals in Private Credit? What BDC Portfolios Reveal about Emerging Risks", 2026. Banco de Pagos Internacionales, Quarterly Review de 16 de marzo de 2026 para el peor comportamiento bursátil de las muy expuestas, y Bulletin nº 128 de 14 de julio de 2026 para los múltiplos y los diferenciales, que es el trabajo más reciente y específico y el que matiza al anterior.

Exposición bancaria: Office of Financial Research, Brief 26-02, 12 de marzo de 2026, con datos de la muestra regulatoria Y-14 a cierre de 2024, incluida su advertencia sobre la infraestimación de las sociedades cotizadas del sector por los vehículos que utilizan para endeudarse.
 

Buen análisis, y de los que admiten el fallo, que es lo más escaso en este foro. Resumen exprés:

  • El cortafuegos: el tope del 5% no detonó la espiral, la evitó. En marzo se leyó la aguja al revés: sin ventanilla abierta no hay precio nuevo y sin precio nuevo no hay revalorización forzosa. Se pagó el 38% de las peticiones récord (12,4% del VAL) y no saltó nada.
  • El grifo: la captación se ha hundido un 82% hasta 2.000 millones en Q2. El producto perpetuo necesita entrada continua de dinero y eso se ha secado. Ahí está el aviso, no en las ventanillas.
  • El reloj lento: non-accrual del 4,69% en Q1 y subiendo en dólares (10.000 millones de deuda sin devengo). La cartera se encoge, así que se acaba el maquillaje del denominador. Tres años duplicando cartera y triplicando prestatarios con problemas.
  • El foco: software de la añada 2021-2022. Dos tercios de los impagos son reestructuraciones bajo presión: nadie ha quebrado, pero mucho no paga. Ese material acumulado es lo que se verá cuando haya que reconocer la pérdida sin pánico.
  • La banca: 123.000 millones comprometidos frente a 1,6 billones de capital y 86% garantizado. Tranquilizador, con la coletilla del OFR de que la muestra se queda corta. Y quedan las aseguradoras, que es donde puede estar lo rellenito.

El cortafuegos ha funcionado. Pero el incendio no se ha apagado: el préstamo malo sigue dentro, valorado por modelo. La gasolina está en el edificio y el reloj lento no se ha parado. Noviembre dirá si alcanza al rápido.
 
Currazo tremendo. Enhorabuena por el hilo abierto.

Gracias, se agradece.

Si alguien quiere tirar del hilo, por donde más interesa es por el marcador. Lo he dejado con las dos salidas a propósito, porque en noviembre salen los resultados del tercer trimestre y ahí se ve si el reloj lento sigue corriendo o si esto era la digestión de un mercado que creció demasiado deprisa.

Yo tengo mi apuesta, pero prefiero que la discusión vaya por los datos y no por la intuición.

Y si alguien maneja el lado asegurador, que le doy solo una línea aquí, me interesa especialmente porque es la parte que menos se cuenta y la que peor pinta tiene.
 
Gracias, se agradece.

Si alguien quiere tirar del hilo, por donde más interesa es por el marcador. Lo he dejado con las dos salidas a propósito, porque en noviembre salen los resultados del tercer trimestre y ahí se ve si el reloj lento sigue corriendo o si esto era la digestión de un mercado que creció demasiado deprisa.

Yo tengo mi apuesta, pero prefiero que la discusión vaya por los datos y no por la intuición.

Y si alguien maneja el lado asegurador, que le doy solo una línea aquí, me interesa especialmente porque es la parte que menos se cuenta y la que peor pinta tiene.
¿Y cuál es tu apuesta?
 
¿Y cuál es tu apuesta?

Justa la pregunta, ahí va.

Apuesto a que gana el reloj lento, y sin espectáculo.

Lo que espero para los próximos dos o tres trimestres es que la deuda sin devengo siga subiendo medida en dólares, que el deterioro se quede mayoritariamente en software y alrededores, y que a la vez los reembolsos sigan bajando hacia el tope.

Las dos salidas del marcador cumpliéndose a la vez, cada una en su reloj.

El motivo es sencillo, el préstamo malo ya está dentro y la cartera ha dejado de crecer, así que el denominador ya no tapa nada. Y el cupón que se capitaliza en vez de pagarse retrat el momento en que la tensión aparece, con lo que lo que se prestó mal en 2021 y 2022 va a seguir saliendo a la superficie despacio durante un tiempo, se pongan como se pongan.

Y lo que no espero, que es la mitad que hace que esto sea una apuesta y no un augurio, no espero un evento sistémico en este ciclo.

La exposición bancaria es pequeña, senior y garantizada, y ahí no hay material para tumbar nada. Si esto acaba siendo sistémico no vendrá por el préstamo directo, vendrá por el lado asegurador, que es el que apenas he tocado en el primer post pero el que más me preocupa.

Dicho esto, ya me equivoqué una vez con el mecanismo en marzo, así que tómalo por lo que vale.
 
Actualización que me obliga a retirar una frase del primer post.

Escribí que había indicios de que el reloj rápido de la liquidez podía haber hecho techo, y hoy ya no sostendría esa frase.

BCRED, el mayor fondo del sector, estima para el tercer trimestre 4.300 millones de dólares en solicitudes de reembolso, alrededor del 10% de sus acciones, prácticamente lo mismo que el trimestre anterior, y vuelve a atender el 5%.

Y en su carta a los accionistas de hoy dice algo todavía más revelador: que su salida neta, en torno al 3% del patrimonio, está en línea con los dos trimestres precedentes. Tres trimestres al mismo ritmo ya no parecen un episodio que se esté apagando; la presión se ha vuelto persistente.

Pero el dato que importa no es el 10%, es que en junio quedaron 2.300 millones de solicitudes sin atender y una parte significativa de aquellas solicitudes se ha vuelto a presentar en septiembre. Lo dice la propia gestora, con lo cual el 10% de este trimestre no mide demanda nueva de salida, porque contiene en buena medida a inversores que no pudieron salir la vez anterior y se han vuelto a poner en la cola.

Eso corta en las dos direcciones, y por eso me parece más interesante que el titular.

Por un lado explica cómo la cifra puede mantenerse alta sin que haya aparecido otro 10% de inversores nuevos queriendo marcharse; leer ese 10% sostenido como una nueva oleada de pánico sería incorrecto.

Por otro lado, significa que el tope no está drenando toda la cola, sino aplazando parte de ella tres meses. Un embudo con una cola que se recicla no es calma.

Y el contrapeso, que hay que dar: aquí no hay nada parecido a una venta forzada. BCRED declara más de 17.000 millones de dólares entre caja y líneas de crédito sin disponer y sostiene que los repagos de los préstamos y las nuevas suscripciones superan lo que recompra.

Tiene liquidez de sobra para gestionar el mecanismo; pero las nuevas suscripciones de este trimestre rondan los 750 millones frente a 4.300 millones solicitando salir.

El 5% que BCRED atiende cada trimestre no descansa, por tanto, en que esté entrando una cantidad equivalente de dinero nuevo; necesita también la liquidez que genera la propia cartera y el balance del vehículo.

Así que el marcador se queda igual en el reloj lento del crédito y lo corrijo en el rápido de la liquidez. Yo apostaba a que los reembolsos irían bajando hacia el tope y, de momento, no bajan.

Tenemos dos procesos que avanzan a velocidades distintas, con el tope de reembolsos que evita que el rápido obligue inmediatamente al lento a marcar la hora.

El dato que habrá que vigilar ahora es cuándo ese desacoplamiento empieza a costar cartera, con menos reinversión de los repagos, deterioro del valor de la cartera, más recurso a financiación o, en el extremo, ventas de activos.
 
El límite de reembolso compra tiempo

El jueves conté aquí lo de BCRED: tres trimestres al mismo ritmo de salida neta, y un 10% de solicitudes que en buena parte son las del trimestre anterior volviendo a la fila.

Quedaba en el aire la pregunta obvia, si eso era cosa de un gestor o del producto.

La respuesta llegó ese mismo día por dos sitios distintos, y uno de ellos está al otro lado del mundo.

Cliffwater, o por qué nadie tiene prisa en vaciar el atasco

Cliffwater no es una BDC sino un fondo de intervalo, así que sus reglas de recompra no son idénticas, pero la película es la misma: peticiones equivalentes a casi el 14% del patrimonio en el primer trimestre, del 17% en el segundo y del 16% en el tercero.

Ahí ya hay dos gestoras distintas, dos estructuras distintas y tres trimestres cada una; esto no es un problema específico de Blackstone.

Lo interesante es lo que hizo en el primer trimestre; en vez de quedarse en el 5% obligatorio, decidió pagar hasta el 7%, que es el máximo que puede atender sin cambiar los términos de su oferta.

Un mes después S&P le confirmó la calificación A y le rebajó la perspectiva a negativa, precisamente porque dejar salir más dinero del exigido podía acabar presionando la liquidez si aquello se convertía en la norma.

Cuatro meses antes, en noviembre, esa misma casa le había dado su primera A con perspectiva estable.

En los dos trimestres siguientes volvió al 5%.

No sé si una cosa causó la otra y no voy a decir que sí, pero la arquitectura deja un incentivo bastante claro, y es el hallazgo que me parece más reseñable de todo esto: atender más deprisa al que quiere salir consume el colchón que protege al que se queda, y hay una agencia de calificación mirando el colchón.

El vehículo tiene dos obligaciones que tiran en direcciones opuestas y solo una de las dos tiene a alguien vigilándola.

Y hay un segundo detalle que obliga a corregirme. En paralelo a esa presión de reembolsos, Cliffwater puso en el mercado alrededor de mil millones de dólares en préstamos, trasladándolos a un vehículo apalancado.

Yo escribí que nadie estaba obligado a vender y aquí alguien vendió. No fue una liquidación forzosa ni a precio de derribo, fue una operación organizada y con comprador buscado, pero es el único caso que he encontrado hasta ahora de un vehículo desprendiéndose de activos mientras afrontaba esa presión sobre su ventanilla, y conviene dejarlo escrito.

La respuesta de Blackstone, que es buena

En la misma carta del jueves hay un dato que no cité y que juega en contra de lo que vengo diciendo. Blackstone calcula que quien pidió salir en el segundo trimestre y volvió a pedirlo en el tercero habrá recibido en torno al 75% de lo solicitado en unos noventa días.

Cliffwater da una cifra parecida, alrededor del 78% para quien lleva pidiendo desde el primer trimestre.

Es un dato bueno y desmonta la versión gruesa del argumento.

La cola sí se drena parcialmente, y bastante deprisa para quien insiste; no en un trimestre, sino a lo largo de varios.

Pero conviene mirar lo que concede. El cálculo supone que el inversor vuelve a solicitar el 100% cada vez, o sea que hace todo lo posible por salir; y aun así, después de dos intentos y unos noventa días, aproximadamente uno de cada cuatro dólares sigue dentro.

Eso funciona muy bien para quien podía esperar; para quien pedía el dinero porque lo necesitaba, no.

Y entonces Australia

Todo lo anterior pasa dentro del vehículo.

La casilla que llevo semanas mirando y que estaba vacía es otra: si el problema salta a alguien que no tenía el crédito malo.

Bathla Group, promotor residencial de Sídney con unos 3.400 millones de dólares australianos de deuda debida casi toda fuera del sistema bancario, entró en administración concursal el 25 de agosto.

Alrededor de cuarenta fondos de crédito privado tienen exposición, con posiciones de entre un millón y medio y trescientos cuarenta millones.

Varios de ellos han restringido reembolsos desde entonces, pero eso no prueba nada; son fondos con el crédito que ha fallado dentro, y es el mecanismo haciendo lo que está escrito que haga.

Lo que sí es nuevo es MA Financial, gestora cotizada con 15.500 millones australianos bajo gestión. Ese mismo 25 de agosto limitó los reembolsos de su fondo de crédito inmobiliario a un máximo del 1% del patrimonio al mes, en principio hasta finales de octubre.

Confirma expresamente que ese fondo no tiene exposición a Bathla y atribuye la medida a las condiciones del mercado y al aumento de las solicitudes.

El fondo subyacente tenía entonces unos 95 millones en caja, el 4,1% de sus activos, por debajo de su propio objetivo mínimo del 5%.

Ésa es la primera señal de contagio que he encontrado.

No porque MA tenga el préstamo malo, que dice que no lo tiene, sino porque estrecha la ventanilla de su propio fondo el día del concurso ajeno, con la caja ya por debajo de su propio objetivo y achacándolo al ambiente.

Es un caso pequeño, local, y en un mercado que además no es comparable con el estadounidense, porque el crédito privado australiano es sobre todo financiación inmobiliaria con primera hipoteca y no préstamo a empresas participadas por capital riesgo.

Pero el perímetro importa mucho menos cuando lo que se estudia es el comportamiento del pasivo.

Un inversor que quiere salir porque se ha asustado se comporta igual en Sídney que en Nueva York, y un gestor que estrecha la ventanilla antes de tener el crédito malo dentro, también.

Dónde queda el marcador

El reloj rápido de la liquidez ya lo corregí el jueves y sigue corregido en mi contra.

El lento del crédito no se mueve hasta los resultados del tercer trimestre, en noviembre.

Lo que abro hoy es una casilla nueva: contagio de liquidez hacia un gestor que declara no tener el crédito malo.

Marcada, con un solo caso, en un mercado pequeño y al otro lado del mundo; y conviene decir lo que eso significa y lo que no.

Llevo semanas revisando vehículos en tres continentes y el único ejemplo que aparece es éste.

Cuando buscas mucho y encuentras poco, ese poco no es prueba de que venga nada; más bien lo contrario.

Lo que sí hace es dejar por escrito qué pinta tiene la cadena completa, impago grande, avalancha de peticiones, ventanilla estrechada en otro sitio, para que el segundo caso, si llega, se reconozca a la primera.

Cliffwater Corporate Lending Fund y la acción de S&P del 18 de marzo de 2026: calificación A confirmada y perspectiva rebajada a negativa; solicitudes de casi el 14% del patrimonio en el primer trimestre y recompra del 7%, máximo permitido sin alterar los términos de la oferta y por encima del mínimo trimestral del 5% que exige la norma para estos fondos; y la operación secundaria de unos mil millones de dólares en préstamos hacia un vehículo apalancado. Para el segundo y el tercer trimestre, la carta a los partícipes de 3 de septiembre de 2026 recogida por Bloomberg: 17% y 16% de solicitudes con el 5% atendido, y alrededor del 78% del capital recuperado acumuladamente por quienes llevan pidiendo salir desde el primer trimestre.

BCRED, carta a los accionistas de 3 de septiembre de 2026 (SEC, formulario SC TO-I/A), para el 75% del capital devuelto en unos noventa días a quien volvió a solicitar el 100% en los dos trimestres. El resto de sus cifras están en mi mensaje anterior del hilo.

Bathla Group: administración concursal el 25 de agosto, unos 3.400 millones de dólares australianos debidos casi todos fuera del sistema bancario y alrededor de cuarenta fondos de crédito privado expuestos, con posiciones individuales de entre 1,5 y 340 millones. En la reunión de acreedores del 4 de septiembre los administradores cifraron en 3.100 millones lo debido a acreedores garantizados. Para MA Financial, su propio anuncio del 25 de agosto: tope del 1% mensual en principio hasta el 31 de octubre, ausencia de exposición a Bathla, y unos 95 millones de caja en el fondo subyacente, el 4,1% de sus activos, frente a un objetivo mínimo del 5%.
 
El precio ya lo ha decidido; el crédito todavía no

En el primer post escribí que el castigo al software se veía en bolsa pero no en el precio del crédito que hay debajo. Medio año de datos después hay que corregir esa frase, y la corrección deja el asunto bastante más interesante de lo que estaba.

Porque el precio ya ha votado y el prestatario sigue pagando. Eso es lo que hay que explicar, y no es un deterioro. Son dos cosas distintas que casi todo el mundo está contando como si fueran la misma, y ni siquiera afectan a las mismas empresas.


Primero: el software se ha separado del resto, y bastante

Cuatro casas distintas, con universos distintos, miden lo mismo y les sale lo mismo.

Reuters agregó los estados de 44 vehículos y encontró que el 81% de los préstamos a empresas de software había sido rebajado en 2026, frente al 40% del resto de sectores. El valor razonable agregado de esas carteras pasó del 99,25% del coste a cierre de 2025 al 97,57% en junio.

KBRA, con 35 vehículos, sitúa el origen principal del ajuste del primer trimestre precisamente en los préstamos de software.

Y LCD pone una cifra de severidad en el mercado que sí tiene precio observable. En el mercado sindicado, no en las carteras privadas, los préstamos de software se dejaron alrededor de siete puntos de precio en el primer trimestre, frente a uno los del resto de sectores.

Siete contra uno; eso ya no es un ajuste de matiz.


Y sin embargo esas empresas están pagando

Aquí está lo que a mí me parece el hallazgo del trimestre, y viene de la base de datos de crédito privado de Houlihan Lokey publicada el 10 de septiembre.

El software tiene una de las tasas de impago más bajas de todos los sectores que sigue. Y el resultado bruto de explotación mediano de esos prestatarios está un 20% por encima del que tenían cuando se les concedió el préstamo.

O sea que el prestatario mediano no muestra todavía deterioro operativo; su resultado de explotación está por encima del que tenía cuando se originó el préstamo. Y no es cosa solo del software, porque Houlihan encuentra que más de dos tercios de todos los prestatarios de su base aumentaron a la vez ingresos y resultado.

Lo que ha bajado es el múltiplo con el que se valora ese negocio, y Houlihan lo dice: valoraciones con múltiplos más conservadores por la caída de los comparables cotizados.

Traducido, el prestamista no está diciendo que estas empresas vayan mal; está diciendo que valen menos por lo que puedan valer mañana. Y eso es exactamente el riesgo de disrupción por inteligencia artificial del que avisó el Banco de Pagos Internacionales: préstamos concedidos contra ingresos recurrentes de compañías cuyo foso competitivo el mercado ya no se cree, aunque hoy paguen puntualmente.

Un aviso para no estirarlo más de lo que da: que la mediana crezca no significa que no haya una cola de nombres deteriorándose. Una mediana no ve la cola, y ya sabemos que en este mercado los diez mayores ajustes explican más de la mitad de la caída. Lo que los datos descartan es un deterioro operativo generalizado del sector, no que haya casos.


Y una concesión, porque el dato existe

KBRA añade que la presión sobre las valoraciones se moderó mucho en el segundo trimestre después del ajuste del primero, y precisamente en los préstamos de software.

Es decir, el grueso del movimiento fue en marzo y desde entonces esto se ha ido calmando. Quien quiera leerlo como un susto puntual ya digerido tiene con qué.

Lo que pasa es que entonces queda una pregunta sin responder: si el precio se movió en marzo y al cierre del segundo trimestre el crédito de debajo seguía sin acompañarlo, quedan dos posibilidades, que el precio se haya pasado o que el deterioro todavía no haya llegado; y eso no lo sabe nadie hoy.

Aunque hay un dato de agosto que empuja la respuesta hacia un lado. Fitch acaba de llevar su tasa de impago del crédito privado estadounidense a un récord del 6,3%, y en ese mismo mes el software baja del 1,2% al 0,6% cuando hace un año estaba en el 2,0%.

Es decir, el crédito no solo no está convergiendo hacia las valoraciones sino que en el último dato disponible se aleja.


Segundo eje: el deterioro real está en otro sitio

Y aquí es donde la historia se parte en dos, porque el deterioro que sí existe no se ordena por sector sino por tamaño.

Los préstamos privados valorados por debajo del 90% del nominal son ya el 7% del total, más del doble de su media histórica, pero repartidos así: el 12% entre prestatarios con un resultado bruto de explotación de entre diez y veinte millones de dólares, el 6% entre veinte y cien millones, y solo el 3% por encima de cien millones.

Los impagos cuentan lo mismo: por debajo de cien millones son el 3,0% del principal; en el conjunto del mercado, incluyendo a los grandes, bajan al 0,8%.

Sí, las empresas pequeñas siempre se deterioran más que las grandes, en cualquier ciclo y en cualquier mercado, eso no es un hallazgo. El hallazgo es el salto, porque ese 12% venía de alrededor del 1% en 2023.

Y Fitch, midiendo impagos y no valoraciones, dibuja el mismo mapa en agosto: por debajo de 25 millones de resultado de explotación, un 12,0%, y el tramo de 26 a 50 millones acaba de saltar del 3,9% al 5,2% en un solo mes. Por sectores, sanidad e industria están las dos en el 9,9%, y el software, en el 0,6%.

Ese salto del tramo intermedio es lo que yo vigilaría a partir de ahora, porque si el deterioro va subiendo por tamaños, el siguiente en moverse será el de 50 a 100 millones, y entonces ya no será una cola, será una ola.

Con una cautela sobre qué se está contando ahí, porque el récord del 6,3% suena a otra cosa si se lee como una tasa convencional de impago, y no lo es. En los últimos doce meses, el 47% de los eventos que Fitch clasifica como impago fueron diferimientos de intereses o introducción de pago en especie, y otro 41% prórrogas de vencimiento acordadas bajo presión; los impagos de pago no subsanados fueron el 8%.

Es un índice deliberadamente sensible a las reestructuraciones, no un recuento de empresas que han dejado de pagar; y eso explica cómo puede convivir un 6,3% con el 0,8% del principal que da Houlihan: no miden lo mismo ni sobre el mismo universo.

Y conviene ver lo que todo esto hace con el relato dominante: la parte del mercado de la que todo el mundo habla, el software de las grandes carteras, es la que menos impaga de todas.

Las partes de las que casi nadie habla, el prestatario mediano y sectores tan aburridos como la industria o la sanidad, son donde está el daño de verdad.


Lo que sí es conducta y no valoración

Hay un tercer grupo de hechos que a mí me parece mejor evidencia que cualquier marca contable, porque no depende de lo que nadie diga que vale nada.

Más de la mitad de los prestamistas encuestados por LCD dicen haber reducido su exposición a software; y la tecnología ha pasado del 18% de las nuevas operaciones de préstamo directo en 2025 al 16% en lo que va de 2026, el mayor descenso de cualquier sector; la sanidad ya la ha desplazado como el sector con más operaciones.

Y cuando Thoma Bravo tanteó el mercado privado para refinanciar unos 2.600 millones de Sophos, ofreciendo SOFR más 575 puntos básicos frente al SOFR más 350 de parte de la deuda que ya tenía, varios prestamistas declinaron participar y acabó explorando una prórroga con los acreedores existentes.

Sophos no es un experimento limpio de miedo a la inteligencia artificial, porque Moody's la había rebajado a B3 en marzo por vencimientos próximos y un comportamiento operativo peor de lo esperado; pero como evidencia de conducta sirve igual: incluso pagando más, hubo quien prefirió no aumentar exposición.

Rebajar una valoración es una opinión. Dejar de prestar es una decisión.


Dónde queda el marcador

Corrijo la frase del primer post: el precio del crédito sí se ha movido, y mucho, aunque no en el sitio donde yo miraba. No en los diferenciales de las operaciones nuevas, sino en las valoraciones de las que ya estaban dentro.

Lo que se puede sostener hoy es una separación de valoración del software, no una pérdida crediticia sectorial. Y en paralelo, un deterioro crediticio real concentrado en los prestatarios pequeños: ahí los impagos alcanzan ya el 3% del principal, mientras que la proporción de préstamos de las empresas de diez a veinte millones valorados por debajo del 90% del nominal se ha multiplicado por más de diez desde 2023. Son dos medidas distintas y conviene no confundirlas.

Lo que falta para cerrar el círculo es una distribución comparable de los ajustes, por percentiles, de software frente al resto, y no está publicada. Con lo que hay se puede decir cuántos préstamos se rebajaron y cuánto cayó el precio en el mercado sindicado, pero no cuánto ha caído el préstamo privado mediano de software.

Y el experimento queda abierto con fecha, que es lo que me interesa, porque en noviembre salen los resultados del tercer trimestre.

Si para entonces los impagos del software siguen entre los más bajos y el resultado de explotación sigue creciendo, el mercado habrá estado descontando un riesgo que todavía no se ha materializado.

Si empiezan a converger hacia las valoraciones, el precio habrá ido por delante y habremos aprendido que el reloj lento del crédito tarda un año en enterarse de lo que el rápido de la valoración ya sabía.

Frecuencia de rebajas y valor razonable agregado: Reuters, "US private credit firms mark down more loans", 2 de septiembre de 2026, sobre los estados de 44 sociedades de desarrollo empresarial. El 81% frente al 40% y el porcentaje de prestatarios con algún préstamo por debajo del 80% del nominal proceden de datos de Houlihan Lokey citados en ese artículo, no de la agregación propia de Reuters. El 97,57% incluye deuda y participaciones en capital, no solo préstamos.

Impagos, resultado de explotación y distribución por tamaño: Houlihan Lokey, resultados del Private Credit DataBank del segundo trimestre de 2026, publicados el 10 de septiembre.

Tasa de impago del 6,3% en agosto de 2026, desglose por tamaño y sector, caída del software al 0,6% y reparto de los eventos de los últimos doce meses entre diferimientos, prórrogas e impagos de pago: Fitch Ratings, índice de impago del crédito privado estadounidense, dato de agosto.

Mediana de préstamos sin devengo y moderación de la presión de valoración en el segundo trimestre: KBRA, compendio de calificaciones de sociedades de desarrollo empresarial del segundo trimestre de 2026, sobre 35 vehículos.

Caída de precios en el mercado sindicado y encuesta a prestamistas: PitchBook LCD, datos reproducidos por Golub Capital en sus actualizaciones trimestrales presentadas ante la SEC, con la fuente citada expresamente en el documento. Los siete puntos frente a uno corresponden al primer trimestre de 2026 y a precios del mercado de préstamos sindicados.

Concentración sectorial de las carteras y riesgo de disrupción: Reserva Federal de Boston, "Early Warning Signals in Private Credit?", 2026, y Banco de Pagos Internacionales, Quarterly Review de marzo de 2026 y Bulletin nº 128 de 14 de julio de 2026.

Aviso de método: el 81% frente al 40% mide frecuencia de rebajas, no severidad. Los siete puntos frente a uno son severidad, pero del mercado sindicado y no de las carteras privadas. No hay dato público que dé severidad de las carteras privadas por sector.
 
La cosecha fue mala o fue adelantada

Hace unos días escribí que el software que sigue dentro de las carteras todavía aguanta, con impagos entre los más bajos del mercado y un EBITDA mediano, o resultado bruto de explotación, un 20% por encima del que tenía al entrar.

El Banco de Pagos Internacionales acaba de publicar datos que permiten preguntar qué calidad tenía lo que fue entrando.

Y la respuesta parece contradecir lo anterior, porque casi la mitad de los prestatarios tecnológicos de las operaciones posteriores a 2020 tenía resultado bruto de explotación negativo.

Un informe dice que el sector está sano y otro que se prestó a empresas que pierden dinero.

Las dos cosas son ciertas, y este post explica por qué.

Stock y cosechas, y además dos perímetros

Houlihan Lokey mira las carteras vivas de las sociedades cotizadas del sector y cómo han evolucionado esos prestatarios desde que se les prestó. El BIS, con datos de PitchBook sobre casi catorce mil operaciones estadounidenses entre 2010 y 2025, mira las operaciones a medida que se firmaban, antes y después de 2020. Uno mide lo que hay; el otro, lo que fue entrando.

Y hay una segunda diferencia que conviene decir antes de comparar nada. Houlihan mide software mientras que el BIS llama tecnología a un conjunto mucho más ancho, que incluye software por suscripción pero también servicios financieros digitales, salud digital, tecnología limpia, videojuegos, movilidad y publicidad.

O sea que las dos cifras no miden ni el mismo momento ni el mismo sector. Lo raro no es que un 20% de mejora mediana conviva con un 46% de resultado negativo; lo raro sería usarlas como si fueran dos lecturas del mismo conjunto.

Y hay una tercera diferencia, de geografía, aunque pesa menos de lo que parece. El ejercicio del BIS que uso de aquí en adelante estudia exclusivamente prestatarios estadounidenses, y la base de Houlihan tiene cobertura internacional. No voy a extrapolar los resultados al resto del mundo, pero tampoco es una muestra periférica porque de los casi 2,5 billones de préstamo directo vivo en el mundo, Estados Unidos concentra en torno a nueve de cada diez, según se deduce de las propias cifras del BIS. EEUU es el corazón del mercado de crédito privado, no solo un trozo.

Con eso claro, ahora lo que dice el BIS.

Se prestó a peores fundamentales

Entre los prestatarios tecnológicos, la proporción con resultado bruto de explotación negativo pasó del 23% antes de 2020 al 46% después, es decir se dobló.

Y entre los que sí ganaban dinero, el apalancamiento mediano, medido como deuda sobre resultado bruto de explotación, se triplicó.

No sale de una encuesta ni de una proyección, es una comparación descriptiva de las operaciones recogidas por PitchBook, con las características de los prestatarios en el momento de firmar.

Y se distinguió cada vez menos en el precio

EL dato más relevante del trabajo no es de fundamentales sino de diferenciales.

El rango intercuartílico de los diferenciales de los préstamos tecnológicos, o sea la distancia entre lo que pagaba el prestatario del percentil 25 y el del 75, se estrechó de 3,25 puntos a 1,75; y la distancia entre el percentil 10 y el 90 bajó de 6 puntos a 4,25.

Los fundamentales se dispersaban, con más empresas en pérdidas y más apalancamiento entre las rentables, mientras el precio que se les cobraba se concentraba; y el mercado distinguía cada vez menos entre prestatarios justo cuando los prestatarios daban cada vez más motivos para distinguirlos.

Hay un matiz técnico que evita una objeción. En su prueba sobre precios, el BIS encuentra que después de 2020, en las áreas con más presencia tecnológica previa, aumentó también el diferencial de los préstamos tecnológicos frente a los no tecnológicos. Es una estimación con muestra más pequeña y menos precisa que las de cantidades, pero va en la misma dirección: crecieron a la vez volumen y precio, que es lo que cabe esperar de un aumento de demanda; y no contradice lo anterior.

El crédito tecnológico podía encarecerse frente al resto y, al mismo tiempo, estrecharse la diferencia de precio entre unos prestatarios tecnológicos y otros.

Los prestamistas sí reaccionaron, aunque menos de lo que parece

Para que nadie lea esto como que se prestó sin mirar, a la vez que aceptaban peores fundamentales, los prestamistas subieron en la estructura de capital.

La proporción de préstamos de primer rango pasó del 77,6% al 92,2%.

Eso mejora la posición relativa del prestamista si las cosas van mal, pero ser primero en la cola no dice cuánto hay al final de la cola.

En una fábrica hay máquinas, naves e inventario. En muchas tecnológicas el activo es código, clientes, contratos y la expectativa de que esos clientes sigan pagando; y el BIS advierte precisamente de que esos activos son difíciles de embargar, valorar y liquidar en una insolvencia. Un primer rango sobre eso ordena el cobro; no garantiza que haya mucho que cobrar.

Es consistente con lo que decía hace poco un gestor de Oaktree a LCD: que espera recuperaciones de 30 a 50 centavos por dólar en el software que acabe reestructurándose, frente a los 70 u 80 habituales en primer rango. Es una estimación de un gestor, no un dato, y viene de otro universo de préstamos, pero apunta al mismo sitio.

Por qué creció tanto, y una corrección al primer post

A escala global, el préstamo directo vivo pasó de unos 100.000 millones de dólares en 2010 a casi 2,5 billones en 2025. Para estudiar qué ocurrió dentro de ese crecimiento, el BIS se concentra en Estados Unidos, el mayor mercado, con casi catorce mil operaciones entre 2010 y 2025.

En esa muestra, el préstamo a empresas tecnológicas pasó de unos 22.000 millones y el 22% del total en 2010 a más de un billón y el 44% en 2025.

Dentro de ese bloque cambió la composición: medios y telecomunicaciones pasaron de dos tercios del préstamo tecnológico a menos de un tercio, mientras el software por suscripción y, más recientemente, la inteligencia artificial ganaron mucho peso. En dólares, con todo, crecieron todas las categorías.

En el primer post expliqué de dónde salió el canal: después de 2008 se encareció para el balance bancario sostener cierto crédito apalancado, y parte del préstamo migró a fondos privados.

El BIS lo acepta para la expansión inicial; lo que añade es que el gran salto posterior a 2020 casa mal con la regulación y con los tipos, que fueron en la dirección contraria, y casa bien con la demanda de crédito de las tecnológicas en el desplazamiento hacia la economía digital que aceleró la esa época en el 2020 de la que yo le hablo.

Lo contrasta comparando ciudades estadounidenses con más y menos empleo tecnológico antes de 2020; el préstamo directo crecía igual en ambas hasta entonces, y después creció mucho más donde había más tecnología.

La misma prueba aplicada a los préstamos apalancados sindicados, los leveraged loans, no da un efecto significativo, y los propios autores lo presentan como evidencia consistente con una explicación de demanda, no como demostración cerrada.

La regulación construyó la tubería; el BIS encuentra que buena parte del caudal posterior responde a la demanda, y de ahí saca una consecuencia que conviene retener: relajar por sí sola la regulación bancaria difícilmente devolvería ese préstamo a los bancos, porque el crecimiento reciente no parece descansar en ella.

El reloj lento empieza antes

Todo esto pone una tercera fecha en el mecanismo del hilo.

Hasta ahora había dos: la valoración, que se movió en marzo, y el crédito realizado, que todavía no la ha seguido.

Ahora hay una anterior a las dos: la originación, entre 2021 y 2025, cuando se decidió a quién prestar y a qué precio.

Fundamentales de entrada más débiles, después ajuste de valoración, después impago o no. Tres estaciones dentro del mismo reloj, y hoy ninguna está sincronizada con las otras.

Lo que no sabemos es si esa peor cosecha va a acabar en impago.

Lo que sí sabemos es que la materia prima de los problemas futuros empeoró antes de que aparecieran los problemas, y eso hay que dejarlo escrito.

La otra salida, que conviene escribir antes de ver el resultado

Hay una posibilidad que va contra todo lo anterior y que este hilo tiene que dejar abierta, y es que la inteligencia artificial no destruya esos flujos de caja sino que los mejore.

Una empresa con seiscientos de deuda y cien de resultado bruto está apalancada seis veces; si ese resultado pasa a ciento cincuenta sin que la deuda se mueva, está apalancada cuatro; no ha devuelto un dólar y el préstamo ha mejorado muchísimo.

Si la productividad que promete la inteligencia artificial llega antes de que estas cosechas venzan o se refinancien, parte de lo que hoy parece mala suscripción habrá quedado absorbida por crecimiento operativo.

Y aquí hay que decir algo que cambia el tono de todo el post.

Ese escenario no es un rescate sobrevenido de préstamos que salieron mal.

Es, aproximadamente, la tesis con la que se concedieron: crecimiento alto, expansión del resultado bruto, desapalancamiento sin amortizar, y una deuda que hoy parece agresiva y mañana parece normal.

No estoy planteando que quizá la inteligencia artificial los salve, estoy diciendo que esa era ya la apuesta incorporada en el préstamo, y que ahora se puede observar si se cumple.

Si se cumple de forma bastante generalizada, las cosechas acabarán justificándose por sus resultados, y la escasa diferenciación de precio habrá resultado mucho menos problemática de lo que hoy parece.

Pero la inteligencia artificial puede hacer dos cosas a la vez: aumentar enormemente el valor que genera el software y cambiar quién se lo queda.

Puede abaratar el desarrollo y elevar los márgenes de unos, y a la vez destruir el poder de fijar precios de otros, abaratar la entrada de competidores o permitir que un cliente sustituya varias aplicaciones por una. La media del sector puede ser magnífica mientras una parte de los prestatarios pierde justamente los flujos contra los que se prestó.

En ese segundo mundo, el problema no habrá sido financiar tecnología sino cobrar diferencias demasiado pequeñas entre ganadores y perdedores antes de saber quién era quién.

Dónde queda esto

La inteligencia artificial puede crear muchísimo valor y dejar malos préstamos detrás, y lo que decide cuál de las dos cosas pasa es quién captura ese valor.
Que es, dicho sea de paso, la pregunta de siempre, la de quién se queda con la renta, aplicada esta vez a un sector concreto.

Esa era la apuesta implícita en las cosechas de 2021 a 2025, que el crecimiento convertiría un apalancamiento exigente en uno soportable.

Si ocurre para casi todos, lo que hoy parece una mala cosecha habrá sido una cosecha adelantada.

Si unos prestatarios capturan la productividad y otros ven desaparecer su foso, entonces el dato importante será el otro: mientras crecía la diferencia entre sus fundamentales, el mercado reducía la diferencia entre lo que les cobraba.

Todavía no sé cuál de las dos historias estamos viendo, pero ahora sí sé qué mirar para distinguirlas, y noviembre no lo va a resolver del todo; dará una lectura temprana del crédito, y la prueba de verdad de estas cosechas será más larga, con la concentración de refinanciaciones y vencimientos de software que ya se está señalando para 2027 y 2028.

Queda escrito antes del resultado.

Datos de originación, fundamentales de los prestatarios, diferenciales y primer rango: Abbassi, Aldasoro y Doerr, Financing the digital economy: the role of private credit, BIS Quarterly Review, 14 de septiembre de 2026, con datos de PitchBook sobre casi catorce mil operaciones de préstamo directo a prestatarios estadounidenses entre 2010 y 2025. El recuadro A contiene la comparación de características antes y después de 2020 (23% a 46% con EBITDA negativo, apalancamiento mediano por tres, primer rango del 77,6% al 92,2%, rangos de diferenciales de 3,25 a 1,75 y de 6 a 4,25 puntos). La cifra de casi 2,5 billones de préstamo directo vivo en 2025 es global; las de préstamo tecnológico y su cuota son de la muestra estadounidense. La cuota estadounidense de en torno a nueve de cada diez dólares se deduce de que el billón largo de préstamo tecnológico representa el 44% del mercado estadounidense, lo que implica unos 2,3 billones sobre los casi 2,5 globales; son cifras redondeadas y el BIS no publica ese cociente. Un trabajo anterior del propio BIS, de marzo de 2025, cifraba en más del 87% la parte estadounidense del préstamo privado mundial en 2024, con otra serie y otro perímetro que no casan exactamente con éste. La prueba sobre diferenciales tecnología frente a no tecnología (columna 5 de su tabla 1) tiene menos observaciones y menor significación que las de cantidades. Los autores presentan sus resultados como consistentes con una explicación de demanda y advierten de que no establecen causalidad.

Perímetro sectorial del BIS: su nota 6 define tecnología como los verticales de PitchBook de software por suscripción, tecnología, medios y telecomunicaciones, inteligencia artificial, aprendizaje automático, macrodatos y nube, servicios financieros digitales, tecnología limpia, y un conjunto adicional que incluye salud digital, ciberseguridad, videojuegos y otros. Es más ancho que la categoría de software de Houlihan Lokey usada en el mensaje anterior.

Fundamentales del stock vivo: Houlihan Lokey, Private Credit DataBank del segundo trimestre de 2026, publicado el 10 de septiembre, citado en el mensaje anterior de este hilo. Base de cobertura internacional, no limitada a Estados Unidos.

Recuperaciones esperadas en software y concentración de vencimientos en 2027 y 2028: declaraciones de Milwood Hobbs Jr., subdirector de inversiones de crédito estratégico de Oaktree Capital Management, a PitchBook LCD, 16 de septiembre de 2026. Estimación de un gestor, no dato realizado.
 

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