Correos pide licencia al Banco de España para operar como banco en 2025
¿Puede una empresa postal en pérdidas convertirse en banco rentable en un año? Eso es lo que pretende Correos: su presidente, Pedro Saura, ha anunciado que la compañía solicitará licencia al Banco de España para emitir dinero electrónico y operar como banco comercial, con el objetivo de alcanzar un ebitda positivo en 2025 y salir de pérdidas en 2026. El plan estratégico 2024-2028 busca reducir la dependencia del servicio postal tradicional por debajo del 50% de los ingresos y elevar la paquetería hasta el 35%, además de captar nuevas líneas de negocio que aporten un 16% de la facturación.
El nicho que Correos dice querer atender es concreto: 4.500 municipios de menos de 5.000 habitantes y 3.400 ayuntamientos sin sucursal bancaria física. La empresa calcula que podría dar servicio a dos millones de personas en riesgo de exclusión financiera, cifra que subiría hasta siete millones si se incluye a los mayores de 65 años que prefieren atención presencial. Saura defiende que hay instituciones, como el Defensor del Pueblo, que reclaman una entidad pública de servicios financieros básicos, y que Correos ya presta parte de ese servicio sin recibir contraprestación.
Qué servicios ofrecería el banco de Correos
La compañía trabaja en crear una marca que agrupe el servicio financiero para lanzarlo en 2025. El rango de operaciones previsto abarca desde abrir una cuenta y domiciliar recibos hasta ingresos y retiradas de efectivo, transferencias y remuneración de depósitos. Es, en esencia, el catálogo de la
banca minorista tradicional, pero con la red de oficinas postales como infraestructura.
El argumento oficial se apoya en la España vaciada: donde los bancos han cerrado sucursales, Correos mantiene presencia física. La empresa sostiene que esa capilaridad la convierte en la solución «óptima y eficiente» para atender a población excluida del sistema financiero, y reclama ser reconocida y remunerada por prestar un servicio público. El plan también contempla recuperar «los antiguos valores de la Caja Postal», una entidad que operó durante décadas y que algunos participantes en la discusión recuerdan con nostalgia.
Las dudas sobre la viabilidad del proyecto
El escepticismo recorre buena parte del análisis. Hay quien señala que Correos acumula pérdidas millonarias precisamente durante una expansión sin precedentes del negocio de paquetería, el más rentable, lo que sugiere problemas de gestión más que de mercado. Otros apuntan a que la banca por internet y los cajeros automáticos han eliminado la necesidad de una red física para operaciones básicas, y que los bancos con oficinas tienen costes mayores que los digitales, lo que dificulta la rentabilidad.
La comparación con otros intentos pesa. Se menciona que Orange lanzó un banco en Europa y lo abandonó por falta de espacio en el sector, y que en Cataluña ya hubo experiencias de banca pública que resultaron caras. También se recuerda que las antiguas tarjetas prepago de Correos, gestionadas por un proveedor irlandés que quebró, dejaron fondos congelados a usuarios, un precedente que no invita a confiar en la nueva aventura financiera.
El fantasma de las cajas de ahorros
El paralelismo con las cajas de ahorros aparece repetidamente. Se argumenta que aquellas entidades, sin ánimo de lucro y con vocación social, acabaron siendo capturadas por intereses políticos y sindicales en sus consejos de administración, lo que precipitó su quiebra y posterior rescate con dinero público. El temor es que Correos repita el ciclo: creación de una entidad con fin social, colonización por personal de designación política, quiebra y socialización de pérdidas.
La objeción práctica también tiene peso: hay más bares que oficinas de Correos en muchas zonas rurales, y ya existen servicios financieros que permiten retirar dinero en tiendas y estancos sin necesidad de crear un banco. Correos podría ofrecer ese servicio aliándose con una entidad existente, sin necesidad de solicitar licencia bancaria. Que insista en tener banco propio alimenta la sospecha de que el objetivo real es colocar directivos y ampliar la estructura pública.
Quién usaría el banco de Correos
El perfil de cliente que se dibuja es el de jubilados, inmigrantes y jóvenes con escasa cultura financiera que ya acuden a las oficinas postales para cobrar pensiones, subvenciones agrícolas o enviar remesas. Es un nicho real, pero limitado. Se duda de que alguien con patrimonio relevante confíe sus ahorros a una entidad sin historial, y se ironiza con que los depósitos acabarán financiando el agujero de la empresa matriz.
La cuestión de fondo es si Correos puede gestionar un banco con la misma eficiencia con que entrega paquetes, que no es mucha. El plan promete diversificación y rentabilidad, pero los números no cuadran: una empresa que pierde dinero en su negocio principal pretende ganarlo en uno nuevo y regulado. La ironía se escribe sola.