Abascal dice que el pueblo querrá colgar a Sánchez de los pies
¿Cuánto cabe en una metáfora antes de que deje de serlo? Santiago Abascal, líder de Vox, dijo en
Argentina que «habrá un momento que el pueblo querrá colgar de los pies a Pedro Sánchez», y la frase ha funcionado como una cerilla en un polvorín. La declaración, recogida por
El País, llega en un contexto de movilizaciones sostenidas frente a la sede socialista en la calle Ferraz y de una bronca política que no baja de intensidad. El PP, socio de Vox en comunidades y ayuntamientos, guarda silencio; el PSOE exige una condena sin excusas.
Qué dijo exactamente Abascal y dónde lo dijo
La frase se pronuncia en Argentina, en un acto junto a referentes de la derecha radical. Abascal elogia allí el modo en que Javier Milei ha dado «la batalla cultural y política contra la izquierda». El líder de Vox no matiza, no acota, no pone comillas preventivas. Suelta la imagen y deja que ruede.
El problema es que la imagen tiene dueño. Colgar de los pies es un procedimiento concreto, con historia concreta. Lo recuerda el tuit de Alán Barroso: de los pies se colgó a Mussolini, y sin Franco —al que Abascal admira, según el mismo mensaje— no se entiende la guerra. La comparación no es un adorno: es una acusación de fondo.
La doble vara que denuncia la izquierda
El argumento más repetido en la conversación pública no es el de la violencia en abstracto, sino el del trato desigual. Según un mensaje difundido en el hilo, un tuitero de Vallecas fue detenido por escribir «Abascal colgado del Puente de Vallecas». Otro mensaje afirma que un rapero de Fuengirola fue detenido por cantar «a Abascal dos tiros en la nuca». Abascal, en cambio, dice algo parecido en un escenario y no pasa nada.
La ministra Pilar Alegría lo formula sin rodeos: «La violencia es lo contrario de la democracia. Un demócrata sólo puede condenar semejante barbaridad». Y añade el golpe político: «El PP estaba dispuesto a hacer Vicepresidente a Abascal. Feijóo no puede ponerse de perfil». El PSOE, en su cuenta oficial, plantea dos preguntas sencillas: ¿comparte Feijóo las palabras de su socio? ¿Va a romper los acuerdos en comunidades y ayuntamientos?
El PP y el coste de mirar hacia otro lado
Aquí está el nudo. Vox no es un partido aislado: sostiene gobiernos autonómicos y municipales con el PP. Cada frase de Abascal obliga a Feijóo a elegir entre condenar a su socio o asumir el marco. Óscar Puente lo resume: «El socio de Feijoo. Pero luego se rasgan las vestiduras por cualquier fruslería».
Hay quien sostiene que el PP ha aceptado jugar en un tablero inclinado y que su estrategia de perfil bajo es un error. La crítica no viene solo de la izquierda: desde posiciones conservadoras se apunta que el PP tenía munición para contraatacar —los socios del PSOE, la amnistía, el clima— y ha vuelto a desaprovecharla. La inopia estratégica, dice esa corriente, es más peligrosa que la frase.
Lo que se cuece debajo: Ferraz, la calle y el límite
La frase no cae en el vacío. Llevan meses de concentraciones frente a Ferraz, con lluvia o sin ella, y una parte del electorado ha interiorizado que el límite de la protesta ya se cruzó. «La gente ha sobrepasado el límite y no lo toleran ni un segundo más», resume una intervención. Otra va más lejos: «Es la verdad, más de media España lo piensa y lo desea».
Frente a eso, el contrapeso institucional: Pedro Sánchez ha conseguido 179 apoyos en el Congreso y Vox ha sumado cero en sus dos intentos de moción de censura. La distancia entre el grito y el escaño es, de momento, abismal.
Milei, Abascal y la comparación que incomoda
En la conversación aparece una distinción que conviene retener. Milei es economista, con formación técnica y un plan que puede salir bien o mal. Abascal, dicen quienes trazan el paralelo, es otra cosa: un líder sin formación económica ni de gestión, cuya función es la agitación. «Hay un abismo entre estas dos personas», zanja una intervención.
La comparación con el fascismo histórico no es gratuita. El guión de la toma del poder en los años treinta incluía exactamente esto: instalar la idea de que el adversario no es un rival, es un enemigo al que hay que eliminar. La metáfora del ahorcamiento no es una hipérbole de barra de bar. Es una pieza del manual.
Lo que queda por ver
Feijóo no ha condenado. Vox no ha rectificado. El PSOE mantiene la presión y la calle sigue. Con estos mimbres, el cesto no se cierra: se abre. Y mientras tanto, la pregunta incómoda sigue sin respuesta oficial: si un ciudadano anónimo acaba detenido por desear la muerte de un político, ¿qué pasa cuando el que lo dice es el líder de un partido con escaños?
Nada, por lo visto. La ley de la gravedad solo aplica a los de abajo.