Una constructora mexicana paga 31 millones a la Comunidad de Madrid por un edificio frente al Congreso
¿Qué se hace con un inmueble público en desuso en el centro de Madrid? La Comunidad de Madrid lo sacó a subasta. Cuatro ofertas. Una constructora mexicana, Be Grand, puso más dinero que las otras tres y se lo llevó por
31 millones de euros. El plan: viviendas de lujo. El edificio está frente al Congreso de los Diputados. No era vivienda antes, era un inmueble sin uso de titularidad pública. Y ahí arranca la discusión.
Qué se sabe de la operación y por qué se subasta
El inmueble pertenecía a la Comunidad de Madrid y llevaba tiempo sin uso. No albergaba viviendas. La administración decidió ponerlo en el mercado y recibió varias ofertas. La mexicana Be Grand se impuso a otras tres. El precio final:
31 millones. El destino anunciado: rehabilitación integral y vivienda de lujo.
Sobre el papel, es una operación ordinaria de enajenación de patrimonio público. El edificio no cumplía función residencial, así que no se sustituyen pisos asequibles por pisos caros: se crean pisos donde antes no había ninguno. Quien defiende la operación lo resume así:
se vende un activo sin uso, entra dinero en caja y una empresa privada asume el coste de la reforma.
El matiz es que la reforma no es cosmética. El estado del inmueble exige una rehabilitación integral que dispara el coste final. Eso condiciona el producto: para que los números salgan, los pisos tienen que venderse a precio de zona prime. Y la zona, frente al Congreso, es prime de verdad.
Por qué se critica que se destine a vivienda de lujo
La objeción no es que se venda, sino a quién y para qué. Con 31 millones en caja, la Comunidad podría —si quisiera— construir vivienda pública en barrios menos caros. Es el argumento que más se repite: el suelo público del centro acaba en producto de lujo mientras la vivienda protegida se empuja a la periferia.
Hay una segunda capa. Si el comprador es extranjero, se enciende la alarma de la
extranjerización del ladrillo. El precedente que se cita es Londres o Canadá, donde fondos y capital foráneo compraron de forma masiva hasta distorsionar el mercado residencial. La compra de un edificio no es eso. La compra sistemática de cientos, sí.
Y una tercera: la sospecha. Que si el comprador es una constructora mexicana, el dinero podría no ser limpio. Es una insinuación sin prueba alguna en el material disponible. Conviene tratarla como lo que es:
una hipótesis lanzada al aire, no un hecho.
Quién puede pagar un piso de lujo frente al Congreso
La pregunta práctica es otra: ¿a quién le venderán esos pisos? A quien pueda pagarlos. No a quien los necesite. En Madrid, como en Ciudad de México, no todo el mundo vive en Polanco. La vivienda de lujo no resuelve el problema de vivienda de quien no puede pagar vivienda de lujo. Y eso es compatible con que la operación sea, contablemente, impecable.
El sector inmobiliario se dinamiza con este tipo de operaciones. Se rehabilitan inmuebles vacíos. Se genera actividad. Se recauda. Todo cierto. También es cierto que el efecto sobre el precio del alquiler en la zona es el contrario al que necesita quien busca un piso asequible en el centro.
El debate de fondo: qué se hace con el suelo público en el centro
La discusión real no es Be Grand. Es qué modelo de ciudad se construye cuando el suelo público del centro se vende al mejor postor. Hay quien sostiene que el Estado debe retener ese suelo para vivienda protegida. Hay quien responde que un edificio sin uso no es vivienda protegida ni deja de serlo: es un solar con paredes. Y hay quien apunta a una vía intermedia: límites a la compra por fondos extranjeros, sin nacionalizar nada.
Ninguna de esas posiciones se resuelve con un edificio. Se resuelve con una política. Y esa, de momento, no está escrita.
Al final, la operación es la que es: un edificio público sin uso vendido por 31 millones a quien más pujó, para hacer pisos caros donde antes no había pisos. Que eso sea un problema o una solución depende de si uno cree que el centro de Madrid debe parecerse a Polanco o a otra cosa. La constructora, mientras tanto, ya tiene el edificio.