LaSexta estrena 'Conspiranoicos' contra el terraplanismo y los bulos
¿Se puede desmontar un bulo sin abrir un debate? LaSexta estrena el jueves 3 de octubre, a las 22:30,
'Conspiranoicos', un espacio conducido por el periodista
Jokin Castellón y dedicado a las principales teorías conspirativas que circulan dentro y fuera de España. La cadena lo presenta como una herramienta para conocer «todos los nombres, secretos e intereses ocultos» que hay detrás de esas teorías. El destinatario declarado es ese espectador que quiere saber cómo rebatir un bulo para difundirlo después. Parte del público ya lo ha leído justo al revés: como una operación para reírse de quien duda.
Qué es 'Conspiranoicos' y cuándo se estrena
El propio presentador fijó la línea del formato con una frase que no deja margen:
no va a ser una mesa en la que busquemos confrontación o debate, sino desmentir y desmontar. Añadió que el espectador debe llegar «con cierto compromiso», saber cómo confrontar esos bulos y luego explicarlos en su día a día. Traducido: una sola dirección. No hay careo, hay refutación, y la parrilla coloca el espacio en la noche del jueves compitiendo de frente con otros formatos de divulgación.
Por qué parte de la audiencia lo interpreta como un ataque
Aquí empieza el problema. Una corriente de análisis sostiene que la cuestión no son los bulos, sino el cajón único: meter en la misma cesta al terraplanista y a quien desconfía de un dato oficial convierte cualquier crítica en síntoma. Ese diagnóstico, dicen, es más rentable que rebatir con datos. La lectura tiene un lado paradójico: si una cadena dedica un programa semanal al asunto, razonan, es porque el fenómeno le preocupa y le crece.
Mofarse de lo excéntrico para que lo incómodo caiga por arrastre es la tesis que más se repite.
En esa crítica entran también los nombres propios. El espacio señaló a divulgadores que emplean la expresión
inmigración de reemplazo; uno de los citados replicó que el término aparece recogido en documentos de Naciones Unidas, un extremo que, según esa versión, el programa no habría contextualizado.
Terraplanismo, reptilianos y el pulso con Horizonte
Los primeros programas apuntaron al terraplanismo, a los reptilianos y a los bulos de manual, esos que nadie defiende en voz alta. El formato se colocó en paralelo como alternativa a
Horizonte, el espacio de Iker Jiménez, con quien comparte franja: según los datos que circularon, el programa de misterio multiplicaba por tres sus visitas. La audiencia se convirtió así en el marcador del pleito. Misma noche, misma hora, dos maneras opuestas de mirar lo raro.
Lo que el programa deja fuera: grafeno y nanotecnología
Otra corriente de análisis apunta a la selección de temas. Se ridiculiza el terraplanismo, se recupera a Elvis y la llegada a la Luna, pero no aparece ni una mención al grafeno, a la nanotecnología o a
la Quinta Columna. La explicación que circula: no las citan ni para burlarse, porque hacerlo sería publicitar tesis que quienes las defienden consideran ciertas. Puede ser cálculo. Puede ser desidia. En cualquier caso, el patrón de lo que se ridiculiza y lo que se ignora es, como mínimo, llamativo.
Las tres preguntas del formato: quiénes son, cómo actúan, qué ganan
La promoción se apoya en tres interrogantes: quiénes son, cómo actúan y qué ganan con todo esto. Es la estructura clásica del reportaje de desmontaje, con una diferencia importante: cuando el objeto es una comunidad de personas, la respuesta a qué ganan se convierte con facilidad en una etiqueta. El precedente que muchos citan es el de los formatos que construían humor a costa de invitados extravagantes. El género se llama parodia y funciona, pero deja de ser periodismo cuando el invitado no tiene turno de réplica.
LaSexta, Telecinco y la lista de verificadores
Al mismo tiempo, otra cadena sumó su propia pieza con un programa de Risto Mejide centrado en las danas y las teorías que las rodearon, en la línea de la verificación de urgencia. Y en el radar aparecen los divulgadores científicos: los informativos recogieron que varios de ellos, entre ellos Quique Bassat, se quejaban de ataques por su trabajo sobre la covid y el cambio climático. La queja, para una parte del público, suena a los lobos protestando por los mordiscos de los corderos.
Del estreno a la cancelación: qué dicen las audiencias
Poco después del arranque circuló en redes la versión de que la cadena había cancelado el programa por sus índices de audiencia, con el argumento de que
Horizonte triplicaba sus visitas y de que sería el tercer espacio cancelado a Ana Pastor en menos de un año. La versión no consta confirmada oficialmente en los materiales disponibles, así que conviene tomarla como lo que es: una acusación de parte. Lo medible, de momento, es la incomodidad. Un programa pensado para desmontar bulos generó su propia teoría de la conspiración antes de que acabara la temporada.
La consecuencia práctica, según ese relato, es un desplazamiento: cada vez más espectadores dejan de ver estos espacios y se informan en otras fuentes, lo que a su vez agranda la brecha que el propio programa decía querer cerrar.
Queda una duda razonable. Si el objetivo era desmontar bulos, el resultado fue un
manual involuntario sobre cómo fabricar uno nuevo: el de que existe un público dispuesto a que le digan qué es verdad durante cincuenta minutos seguidos, y a dar las gracias.