Horizonte convierte la gestión de la DANA en un plató de 3 millones
Un bombero rompe a llorar en plató. «No nos dejaron actuar, no nos dejaron salir, no nos dejaron salvar vidas», dice entre lágrimas. Frente a él, un ingeniero de caminos, canales y puertos pone el foco donde duele: la burocracia, los cargos que deciden sin criterio técnico y las demoliciones que nadie entiende. No es un telediario al uso. Es
Horizonte, el programa de Iker Jiménez en Cuatro, y esa mezcla de testimonio en crudo y dato técnico ha situado la gestión de la DANA de Valencia en el centro de la televisión generalista.
Iker Jiménez ha dedicado el programa a repasar, uno a uno, a los medios que le señalaron en los días previos. Ha citado presuntos bulos publicados por cabeceras de izquierda —
ElPlural entre ellas— y ha agradecido el respaldo recibido en redes sociales cuando arreciaban las críticas. Un programa que, para ser televisión generalista, se ha valorado en los mentideros con la nota máxima.
Qué se discutió en Horizonte sobre la DANA
El plató reunió a perfiles técnicos que rara vez pisan un espacio de máxima audiencia:
Isaac Moreno Gallo, ingeniero civil, geógrafo e historiador, autor de documentales sobre estructuras romanas, y
Lorenzo Ramírez, ingeniero de reconocido prestigio, frente a otros tertulianos a los que algunos reprochan no haber pasado de tercero de BUP. La conversación derivó hacia el cambio de paradigma que llega desde Estados Unidos, con la tesis de que ciertos ataques al programa forman parte de una disputa por el relato.
Hay quien lo resume con retintín: si un ingeniero de puertos, caminos y canales es un cuñado para cierto periodismo, el problema no es el ingeniero. La brecha que se abre, sostienen, es anti-woke en el mismísimo centro de la maquinaria de manipulación masiva. Frente a los telediarios de siempre, la comparación se hace sin complejos, y el sector que aplaude el giro reclama que se deje de poner al espacio en el mismo saco que los medios de propaganda.
El desvío del Turia y la obra que, según se sostuvo, se desestimó hace 20 años
Uno de los momentos más repetidos es la referencia al desvío del Turia, la obra de ingeniería que salvó miles de vidas en Valencia y que, según lo que se sostuvo en el plató, se desestimó por decisión política dos décadas atrás. La acusación es directa: la burocracia con incompetentes al mando y las demoliciones sin sentido están detrás de una tragedia que se pudo evitar.
Los ingenieros invitados apuntaron a la cadena de mando, a la falta de responsabilidad por escrito y a la costumbre de que quien cumple una orden absurda acabe el día con las manos manchadas sin que nadie asuma el coste. La exigencia de que las órdenes se den por escrito, para poder depurar responsabilidades, se ha convertido en uno de los puntos más subrayados del espacio.
El récord de audiencia de Horizonte
El programa marcó un
13,2% de share y superó los
3 millones de espectadores únicos, su mejor registro histórico. Un dato que descoloca a quien esperaba que la campaña de desgaste acabara con el formato. En plena refriega,
Ana Rosa Quintana salió en defensa de Iker Jiménez. Y ya en el cierre del programa, una de las colaboradoras cargó contra quienes llaman fachas a las víctimas de la DANA.
La paradoja que se destaca: en plena campaña de desgaste, el programa firmó su mejor marca. En televisión, el boicot mediático suele funcionar al revés de como se planea. Aquí no ha habido excepción.
¿Por qué se acusa a los medios de atacar el programa de Iker Jiménez?
La hipótesis que más se repite es que, una vez despejada la incógnita política en Estados Unidos, los sectores que se sienten amenazados han pasado a la ofensiva para defender lo suyo, y que al perder los nervios quedan retratados. El propio presentador ha querido cerrar el círculo citando a los medios que le señalaron y dando las gracias a quienes le apoyaron en redes.
No todos compran ese relato. Una parte de la audiencia recuerda que fue mascarillista y pro-vacunas hasta extremos ridículos, y sostiene que todo esto es humo y espejos para tener entretenido al respetable. Si fuera peligroso de verdad, argumentan, no tendría un programa en la tele. Es la tesis clásica de la disidencia controlada: se da una de cal y otra de arena, retazos sin verdad de fondo.
Enfrente está el argumento de que abrió el debate cuando los medios estatales y para-estatales difundían pánico y propaganda sin fisuras. La conclusión de ese sector: vale más un programa así que diez telediarios de siempre.
Ahí queda el dato que descoloca. El programa que debía morir a manos de sus críticos firmó su mejor marca de audiencia histórica. La pregunta ya no es si Iker Jiménez incomoda, sino a quién le interesa que lo parezca.