China responde a Trump con un arancel del 34% a todos los productos de EEUU
El Ministerio de Finanzas de
China ha anunciado un arancel del 34% a todos los productos estadounidenses a partir del 10 de abril. La medida llega como represalia directa al anuncio de Donald Trump, que el miércoles sumó un 34% adicional al 20% ya vigente, dejando la carga total en un 54% para muchas mercancías chinas que entran en Estados Unidos. Pekín no ha distinguido sectores: agrícolas, tecnología, automóviles y materias primas pagarán lo mismo. La escalada devuelve la guerra comercial de 2018 al primer plano y complica un escenario que ya venía tenso.
Qué ha pasado y por qué importa
El detonante fue el llamado «Día de la Liberación», una jornada simbólica con la que Trump quiso dar un golpe de efecto político. Allí anunció nuevos aranceles del 34% sobre los productos chinos, que se suman al 20% previo. La respuesta china no se hizo esperar: el Ministerio de Finanzas tachó las decisiones de Washington de «intimidación unilateral» y acusó a Trump de dinamitar las reglas básicas del comercio internacional. Según el comunicado oficial, las medidas violan principios fundamentales y suponen un ataque directo a los intereses comerciales de China. También advierten de que este tipo de acciones desestabilizan la economía global y rompen el equilibrio de las cadenas de suministro.
La Comisión Arancelaria del Consejo de Estado ha sido clara: se actuará conforme a la legislación local y al derecho internacional. Y lo ha hecho con una medida generalizada, sin distinciones sectoriales. Da igual si hablamos de productos agrícolas, tecnología, automóviles o materias primas: todos los bienes con origen estadounidense sufrirán el nuevo arancel. Sectores como los semiconductores, la maquinaria industrial o la soja —clave en los intercambios entre ambos países— podrían verse especialmente afectados.
La guerra comercial que vuelve
Esta escalada complica aún más un escenario ya tenso entre las dos principales potencias del mundo, que arrastran una guerra comercial intermitente desde 2018. Entonces, también bajo la presidencia de Trump, comenzaron las primeras tandas de aranceles cruzados. Con la llegada de Joe Biden se suavizaron algunas posturas, pero el regreso de Trump al poder ha traído consigo un lenguaje más agresivo y proteccionista, muy en la línea de su primer mandato. Desde Pekín, no obstante, se ha dejado la puerta abierta a una salida negociada. El Ministerio chino ha pedido a Estados Unidos que retire sus aranceles de forma inmediata y que vuelva a la mesa de diálogo. Eso sí, subrayan que cualquier negociación deberá hacerse «de forma equitativa y con respeto mutuo», lo que en diplomacia comercial equivale a decir: no vendremos a hablar si no cambias el tono.
El pulso económico: quién aguanta más
En términos prácticos, esta nueva ronda de aranceles amenaza con encarecer una amplia gama de productos, tanto para empresas como para consumidores. La incertidumbre vuelve a instalarse en los mercados, y no es para menos: lo que comenzó como un cruce de declaraciones puede convertirse, otra vez, en una guerra comercial a gran escala. Hay quien sostiene que China tiene margen para redirigir sus exportaciones a otros mercados, mientras que otros análisis apuntan a que el daño en las cadenas de suministro será difícil de esquivar. El cálculo más optimista asume que Pekín puede compensar parte de las pérdidas con los aranceles que ahora impone a lo que importa de Estados Unidos; el escenario pesimista parte de que la confrontación se extienda a terceros países.
Qué se juega Europa y el resto del mundo
El impacto no se limita a las dos potencias. La Unión Europea, que ya aplica aranceles a los coches chinos, observa con preocupación cómo se reconfiguran las rutas comerciales. Algunos análisis señalan que China podría desviar a Europa parte de lo que no venda en Estados Unidos, a precios de saldo, para ganar influencia en terceros mercados. Otros advierten de que Washington podría presionar a sus aliados para que se sumen al cerco. En ese contexto, la pregunta que sobrevuela es si Bruselas actuará en bloque o si cada capital negociará por su cuenta. La respuesta no está escrita.
Con estos mimbres, la guerra comercial entra en una fase nueva. Pekín ha demostrado que no piensa quedarse quieto y que está dispuesta a usar todas las herramientas a su alcance. Trump, por su parte, ha construido su relato sobre la idea de que Estados Unidos pierde en el comercio global. ¿Quién cede primero?