La recesión de 2025 ya ha llegado, advierten los economistas
La inversión de la curva de tipos, un indicador avanzado de las crisis económicas, ha dado la señal de alarma. Tras meses de advertencias, la recesión de 2025 parece haber comenzado, dejando tras de sí 17 años de desequilibrios acumulados que ahora toca afrontar. La pregunta que resuena es si esta contracción derivará en una depresión en 2026.
La curva invertida como heraldo de la crisis
El análisis de la curva de tipos de interés, con la referencia a la inversión de la misma tras dos años de tendencia alcista, se presenta como el principal detonante de la actual recesión. Este fenómeno, que no se veía de forma tan clara desde 2008, anticipa dificultades económicas. La narrativa oficial que minimizaba estos indicadores, achacando la inyección de liquidez post-COVID a una simple medida temporal, queda en entredicho ante la evidencia de que los desequilibrios no solo no se han corregido, sino que se han agravado durante casi dos décadas.
Trump y la reconfiguración global
En este contexto, se señala la estrategia de Donald Trump como un intento de adelantarse a la crisis y redefinir el panorama económico global. La apuesta por la competitividad, la productividad y el equilibrio fiscal, frente a lo que algunos denominan "falsoliberalismo" de los bancos centrales, se perfila como el nuevo paradigma. La imposición de aranceles, aunque criticada por algunos como una medida proteccionista que frena la productividad, es vista por otros como una respuesta necesaria a las políticas de otros países y una forma de proteger la economía nacional. La guerra económica con China y la reindustrialización de Estados Unidos emergen como ejes centrales de esta nueva era, con la robótica como posible salvación para mantener la competitividad frente a salarios más altos.
Perspectivas sombrías y el fantasma de la depresión
La percepción general es de pesimismo contenido. Si bien algunos celebran la corrección de desequilibrios, la mayoría teme el impacto real de la recesión, especialmente en economías como la española, que ya partían de una situación delicada. La posibilidad de una depresión en 2026 planea sobre el debate, alimentada por la acumulación de deuda y la incertidumbre geopolítica. Las medidas de estímulo que puedan venir, como las inyecciones masivas de liquidez, son vistas con recelo, temiendo que solo pospongan lo inevitable o generen nuevas burbujas, como la del Bitcoin, que algunos señalan como un posible refugio o una nueva burbuja especulativa.
El futuro inmediato se presenta incierto, con la esperanza de que las políticas de reequilibrio fiscal y la apuesta por la productividad puedan mitigar los efectos más duros de la recesión, aunque la sombra de una crisis más profunda no se disipa.
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