El PiS gana en Polonia pero la oposición conserva la mayoría
Ganar las elecciones no garantiza gobernar. En Polonia, el partido en el poder, Ley y Justicia (PiS), volvió a ser el más votado, pero la suma de sus rivales le arrebata la mayoría parlamentaria. Con el escrutinio al
39,29 %, el PiS-ECR se anotaba el
39 % de los sufragios y su único socio posible, la Konfederacja, se quedaba en el
7 %. Enfrente, la Coalición Cívica (KO) subía al 27 %, Tercera Vía al 14 % y la Izquierda (NL) al 8 %. El país queda partido casi por la mitad y con una pregunta incómoda encima de la mesa: qué Polonia sale de esta.
Qué dicen los datos del escrutinio en Polonia
La lectura cambió varias veces a lo largo de la noche. Con solo el
13 % de las papeletas contadas, el recuento daba mayoría al PiS y la Konfederacja; el avance del escrutinio deshizo esa foto: los socialdemócratas de NL perdían escaños y el bloque opositor —Coalición Cívica, Tercera Vía y Nueva Izquierda— pasaba a estar en disposición de sumar y desplazar al PiS.
A la fecha de esta discusión, los datos del recuento apuntaban a una mayoría opositora, pero el resultado final del escrutinio seguía cerrándose. El detalle importa: la diferencia entre gobernar y quedarse fuera cabía en unos pocos escaños, y por eso el país estuvo horas mirando el contador de porcentajes como quien mira una cotización bursátil.
El zloty a 4,41: el mercado no quería al PiS
El zloty (PLN) cotizaba en
4,41 nada más conocerse los resultados, un movimiento que se leyó como un respaldo a la alternancia política. «El mercado no quería al PiS», resumía un mensaje del debate, entre la sorpresa y la ironía.
La otra cara de esa moneda es la sospecha sobre el precio que puede pagar Polonia. Hay quien sostiene que el cambio de gobierno acelerará la sustitución del zloty por el euro y que eso dejaría la economía a merced de una política monetaria decidida fuera de Varsovia. En contra pesan las tasas de interés muy altas, la inflación disparada y los salarios al alza que afronta el país.
Inmigración, Ucrania y la trampa demográfica
El eje migratorio fue el gran fantasma del debate y, a la vez, el punto donde los datos desmontaban buena parte del relato. Polonia registró la entrada de
más de medio millón de visados a ciudadanos de fuera de la UE en un año. Antes de la guerra ya había
un millón de ucranianos en el país, mano de obra que trabaja por sueldos que los polacos ya no quieren aceptar.
Hay quien recuerda que el anterior gobierno de Donald Tusk duró ocho años y no trajo una inmigración masiva, y quien contraargumenta que el PiS ha metido más extranjeros que nadie, sencillamente porque faltan trabajadores. Para los participantes en el debate, la demografía polaca no admite muchos matices: pocos jóvenes para tanto empleo. La cuestión, por tanto, no es si llegarán trabajadores de fuera, sino con qué marco legal y quién presume de ello.
A eso se suma el desgaste de Ucrania. Según una parte del electorado, Varsovia ha apoyado a Kiev, al que se mira como enemigo histórico en amplias zonas del país. Es un coste político que el nuevo gobierno heredará sí o sí.
Qué hereda el próximo gobierno de Polonia
El que llegue se encuentra una economía que dejó de ser barata. La deuda pública ronda el
50 % del PIB, los tipos siguen altos y la inflación es elevada. El PiS tenía previstos planes de inversión de largo recorrido —nuevos complejos aeroportuarios, renovación de carreteras— que ahora quedan en el aire.
Para los participantes, Polonia sigue siendo una sociedad profundamente conservadora, más a la derecha que buena parte de sus vecinos. La entrada en el gobierno de Szymon Holownia, líder de Tercera Vía y ferviente católico, se lee precisamente como un dique para que el cambio no vaya más lejos de lo que la mayoría tolera.
Queda el ruido de fondo. Una fracción del análisis interpreta el resultado como una cesión ante las políticas que llegan de Bruselas; otra lo celebra como el regreso de Polonia al club europeo. Las dos cosas están por demostrar y ninguna se sabrá hasta que el nuevo ejecutivo firme sus primeros decretos.
¿Se puede gobernar un país conservador con una coalición que debe parte de su mayoría al voto urbano y europeísta?