Europa quiere su propio Windows: un Linux para toda la administración
La Unión Europea podría sustituir Windows por un sistema operativo propio en toda su administración pública, de empresas a colegios. Se llama EU OS, se apoya en Linux y su prueba de concepto ya está en marcha. Hasta ahí, el titular que ha circulado por medios de media Europa. La letra pequeña es bastante menos épica: lo publicado es un borrador con el planteamiento del proyecto, y quien lo firma no es Bruselas.
El texto se resume en una página de arranque difundida después como si fuese ya un plan oficial de la Comisión. Hay quien lo dice sin rodeos: es un borrador de autor, reproducido como noticia en todos lados. Y el detalle que descoloca a los más técnicos: la base elegida es
Fedora, una distribución estadounidense, cuando existían candidatas europeas de sobra.
¿Habrá que crear un Excel o un Word europeos?
No. El argumento técnico dominante sostiene que el problema ofimático dejó de serlo hace años: buena parte del software de trabajo son aplicaciones web que corren en el navegador sobre servidores Linux, y cualquier distribución ejecuta un navegador idéntico al de Windows sin despeinarse. Para el resto se apunta a
LibreOffice, la suite libre de referencia.
La duda razonable no es la suite ofimática, sino el ecosistema. Programas departamentales, complementos antiguos, plantillas con macros, impresoras de despacho y firmas digitales que solo funcionan en Windows. Ahí es donde se atasca una migración real, no en copiar y pegar.
El lío del coste: contratos, consultoras y banderitas
Aquí aparece el argumento que más pesa en contra y que no tiene nada que ver con la tecnología. Con Microsoft, dice la crítica más pragmática, se firma un acuerdo marco y queda cerrado: se sabe cuánto se paga y qué se recibe. Con un desarrollo propio entran distribuciones, adaptaciones, soporte y licitaciones. Ese botón rojo lo quiero verde equivale a consultoría más implementación, y nadie garantiza quién dará soporte a esa modificación dentro de tres años.
El otro temor expresado es el de siempre: que el proyecto se convierta en una estructura donde colocar personal y contratar sin fin, con independencia de que el sistema acabe usándose. El dinero no se hace una vez; se mantiene cada año. Y sobre los fondos europeos de transformación digital, hay quien pregunta abiertamente a dónde ha ido a parar el retorno.
El precedente del Linux autonómico
España ya lo intentó, y a menor escala. Hubo distribuciones propias por comunidad autónoma. Cayeron en el olvido una tras otra, sin que ninguna alcanzara masa crítica. Los críticos describen un patrón recurrente: un concurso, una empresa adjudicataria y, con el tiempo, un proyecto que se apaga.
De aquella experiencia quedan dos lecciones incómodas. La primera, que el software público no se sostiene con presupuesto de lanzamiento sino con mantenimiento continuado. La segunda, que si no obligas a los fabricantes de hardware a entregar controladores decentes, el usuario acaba volviendo a lo que le funciona.
Linux ya manda en servidores; el escritorio es otra guerra
Conviene poner las cosas en su sitio. Linux nació en Finlandia, es decir, es europeo de origen, aunque casi nadie lo recuerde. Los superordenadores del mundo lo usan prácticamente al cien por cien. Los servidores que sostienen internet, en torno al 63%. Los teléfonos, en su gran mayoría, corren sobre Android, que se apoya en el mismo núcleo. Todo lo crítico ya funciona ahí.
Lo que falta es el escritorio del funcionario de a pie, y ese terreno lo ocupa Windows desde hace tres décadas. No es un problema de capacidad técnica, sino de inercia, de contratos y de hábitos.
Dónde está EU OS ahora mismo
En nada. No hay decisión oficial, no hay calendario y no hay un organismo que haya asumido el proyecto. Lo que existe es un grupo de desarrolladores voluntarios que, según el propio planteamiento, solo ofrecerán el trabajo a la Comisión cuando demuestren que es viable.
Con este punto de partida, la migración completa no llegará pronto. Si acaso, empezará por un pilotaje en un puñado de equipos y se medirá en años. La predicción más honesta es la de siempre: se anunciará a bombo y platillo, se gastará una partida considerable y, salvo que alguien asuma el mantenimiento con presupuesto estable, el escritorio seguirá siendo el de Microsoft en la próxima década.