Mercatinder en Lugo: la piña volteada como señal para ligar
¿Se puede encontrar pareja entre las 19.00 y las 20.00 horas en el pasillo de la fruta de un supermercado? La respuesta, según los testimonios recogidos en Lugo, es que sí, aunque el método tiene sus riesgos. La práctica consiste en colocar una piña boca abajo en el carro de la compra como señal de que se está abierto al amor. El fenómeno, bautizado como MercaTinder, se remonta a 2017, cuando una participante del programa First Dates reveló su truco para ligar en Mercadona. Ahora ha vuelto a viralizarse en TikTok y ha llegado a la capital lucense con fuerza.
Los trabajadores de un Mercadona de Lugo asisten atónitos al espectáculo. «¿Habéis repuesto ya las piñas?», «Se ha corrido la voz de las piñas, ¿no?», «Por dios mira si hay piñas», se preguntan entre risas mientras los clientes se amontonan en el pasillo de la fruta. La cosa no es broma: hay quien va a comprar y se encuentra con que el supermercado se ha convertido en un punto de encuentro. «Entré en el Mercadona y vi a una mujer de unos 45 años con una piña boca abajo en el carro», relata una joven compradora. Otro joven, conocedor del horario, agudizó el oído y escuchó al frutero pedir a sus compañeros que repusieran las piñas y comprobaran que estaban todas. La respuesta fue que aún había, y las risas se multiplicaron.
El código secreto: piñas, plátanos y llaves
La piña volteada no es el único símbolo. Varios usuarios han compartido otros códigos que también pueden utilizarse. El plátano, por ejemplo, debe estar en posición vertical en el carrito e indica que la persona está abierta a conocer a alguien. Llevar unas llaves en la mano haciéndolas sonar significa que se busca algo más que la compra. El chocolate puede simbolizar que la persona está interesada en algo serio o estable. En Gadis, han querido tirar de retranca y hacen un llamamiento a que cada persona escoja una berza para combinar con otro elemento; cada mezcla tiene un significado. La tendencia, denominada supermarket dating, lleva tiempo asentada en Estados Unidos, donde no es extraño que los creadores de contenido suban vídeos intentando ligar en esos espacios.
Testimonios reales: entre el match y el chasco
Carmen González es el vivo ejemplo de que los match en Lugo están funcionando. «Un señor llevaba piña y yo, por supuesto, llevaba la mía. Era muy guapo, así que le iba a chocar el carro, pero a él le dio la risa y se apartó», dice la lucense que verifica la posibilidad de encontrar el amor en el súper. Sin embargo, no todo son finales felices. «Había otro que quería ligar conmigo y me chocó con una piña, pero yo me quité porque era muy feo», concluye Carmen, cuya historia no tuvo ni final feliz ni una cena con perdices. El testimonio, crudo y sin filtros, resume la lotería del método: el código puede iniciar el contacto, pero el atractivo físico sigue siendo el juez final.
La reacción de Mercadona y el escepticismo de los compradores
Desde Mercadona se desligan de esta práctica viral y prefieren no prestar atención a las tendencias. Sin embargo, la idea ha corrido como la pólvora. «Los comentarios se escuchaban por el pasillo, la gente iba con mucho cachondeo con el tema de las piñas. Hay muchos jóvenes que vienen también para cotillear», dice Lucía (nombre ficticio), sobre la gente que acude a las tiendas para comprobar la fiabilidad de la piña volteada. No todos los clientes ven con buenos ojos la invasión. «Dios santo qué vergüenza. Imaginad que de verdad queréis comprar una piña», se lamenta una compradora. Otro añade: «Ya no puedes comprar tranquilo sin las gilipolleces». La convivencia entre el dating y la compra diaria genera tensiones en un espacio familiar.
¿Es una campaña de marketing o una moda espontánea?
La duda sobre si todo esto es una estrategia orquestada planea sobre el fenómeno. «Buena campaña se han currado los del Mercadona, la verdad», comenta un observador. «Es que ha sido todo orquestado desde su departamento de marketing y todo el mundo como imbéciles, lo han repetido hasta la saciedad... publicidad gratis», sentencia otro. La cadena valenciana, mientras tanto, guarda silencio y se desmarca. Lo cierto es que el revuelo ha generado un flujo constante de visitantes a sus tiendas, curiosos incluidos, y ha puesto el foco mediático en un producto tan básico como la piña. Si es una campaña, es de bajo coste y alto impacto; si no lo es, el efecto es el mismo.
Al final, la pregunta que sobrevuela los pasillos es si esta moda sobrevivirá al próximo otoño o quedará como una anécdota veraniega. Mientras tanto, los que buscan pareja tienen una nueva excusa para pasearse entre frutas. Eso sí, con la piña bien visible y la esperanza de no toparse con un carro ajeno que te deje claro, sin palabras, que no eres su tipo.