El hilo discute si una Europa laica puede convivir con el Islam
El artículo ya no está en la mesa. Esta tanda arranca en un supermercado, sigue en una consulta y acaba en una agenda masónica que nadie prueba. Entre medias, la pregunta que parte el hilo en dos: si una Europa laica puede permitirse el Islam.
Qué se ha sabido
El primer mensaje que mueve algo es una escena. Un forero cuenta que vio a una niña de 9 años con hiyab en el súper, detrás de su padre, que no la miraba. El padre, de manga corta, con el calor que hacía. Ella, con blusón de manga larga y pantalones por debajo. Nada más. Con eso ya hay hilo para rato.
La réplica llega por el otro lado, con dos casos propios. Un participante habla del médico mulato que llegó de Cuba, que
«vino a currar y eso es lo que ha hecho», que tiene un casoplón en Palma. Y añade un cliente árabe que se parte el lomo para que sus hijos estudien, en un colegio católico. Alguien lo cierra en cuatro palabras:
«Ningún humano es ilegal».
Después, cifras. Un forero sostiene que las empresas con más del
10% de trabajadores migrantes son fáciles de identificar y que algunas cotizadas llegan al
80%. Sin enlace, sin fuente, sin que nadie se la pida.
Y después, la teoría. Un mensaje encadena tuits y enlaces sobre una supuesta agenda masónica y judía detrás del mestizaje. Nada de eso tiene respaldo documental. Otro afirma quién financia el diario. Tampoco lo demuestra.
Suelto, sin un solo comentario, entra un vídeo:
. Y un forero tira de Biblia —Mateo 24:2, Marcos 13:2 y Lucas 21:6— para sostener que ni el cristianismo ni el judaísmo aguantan el envite.
Dos apuntes más. Uno se queja del muro de pago:
«para leer la noticia tienes que pagar encima». Otro menciona el parentesco del columnista con un político socialista.
Y el off topic que se resuelve en tres mensajes: alguien pregunta cómo se cita a un forero con arroba. Respuesta:
AltGr + 2. Agradecimiento. Fin.
Dónde está la bronca
El nudo es una palabra: laicismo. Un participante describe al forero que quiere una Europa «laica, tolerante y abierta» pero sin Islam, y le señala la contradicción: si la quieres laica, no puedes ser tolerante con quien no lo es; si la quieres tolerante, no puedes echar a nadie. Su remate: «Si la quieres laica, debe ser intolerante». Ahí, dos posturas que dicen lo mismo acaban discutiendo por una palabra.
Debajo hay dos discusiones distintas que van en paralelo. Una es de costumbres: el hiyab, la ropa, lo que se ve en la calle. Otra es teológica. El cristianismo, dice un forero, tuvo su valor hace 500 años y hoy es su propia tumba, porque su doctrina manda acoger y hay 600 millones de cristianos en el tercer mundo que hablan español. Un tercero niega la base de todo el diagnóstico: el marxismo cultural, suelta, no existe. Otro lleva el asunto al terreno político y sostiene que la idea de una Europa blanca y cristiana la inventaron los progres para satanizar a quien critica la inmigración masiva.
Y en medio, una voz que no discute nada. Pregunta, sin ironía, por las diferencias en la concepción de la vida, la muerte y las etapas intermedias. «No te lo discuto, lo pregunto por saber.» Nadie le contesta.
La discusión no se cierra. Un mensaje dice que así era todo hasta antes de ayer, hasta que otros se hicieron con el poder, y no concreta qué poder. Otro responde con una analogía de perro: si un animal se tumba para que le rasquen la panza, ¿le acercarías la mano a cualquier otro? Nadie contesta tampoco.
Dos anécdotas, dos mundos
El hilo se sostiene sobre escenas contadas en primera persona. Un forero ve en la niña del súper un futuro que dice conocer y le da tristeza. Otro pone encima de la mesa un médico integrado y un padre que trabaja para pagar el colegio de sus hijos. Los dos hablan de lo mismo y no se tocan: cada uno trae la parte que le sirve. Nadie pide un informe. La única cifra que aparece —ese 80%— no la respalda nadie y nadie la discute.
Qué cambia respecto a antes
Antes la pelea era de culpas: de quién, de qué partido, de qué gobierno. Ahora la culpa se difumina en anécdotas. El reproche personal al autor sigue, pero adelgaza: un parentesco y poco más. Lo que gana terreno es la experiencia de cada uno y, sobre todo, dos giros nuevos. Uno, el teológico: qué religión aguanta y cuál manda acoger. Otro, el conspirativo: masonería, quién paga el diario, qué hay detrás. Ninguno de los dos se discute. Se pega y se sigue.
Ahí se queda. La niña del súper, el médico de Palma y la logia siguen en la misma página sin cruzarse.