«Devolver» Ceuta y Melilla: el verbo que desata la polémica en El País
El 19 de septiembre de 2026, El País publicó un artículo firmado por el escritor Tahar Ben Jelloun en el que se sostiene que llegar a un acuerdo para devolver Ceuta y Melilla a Marruecos sería «un gesto histórico y realista». El argumento de arranque es geográfico: no es normal, escribe, que la frontera europea esté en territorio africano. La pieza tardó horas en saltar del suplemento de opinión a la conversación económica y mediática del día. Y lo hizo por un motivo poco habitual: el objeto de la pelea no fue la propuesta, sino un verbo.
Qué significa «devolver» y por qué nadie acepta el término
Devolver implica una posesión previa. Es la primera objeción que apareció y la que más se repitió: las dos ciudades nunca formaron parte del Reino de Marruecos como Estado moderno, de modo que la operación descrita no sería una devolución sino, en todo caso, una entrega. La distinción no es gramatical, es jurídica y política. Si se acepta el verbo, se acepta de paso la premisa de que existe un título de propiedad ajeno que España retiene. Ese deslizamiento semántico —de «acuerdo bilateral» a «restitución»— es lo que irritó a buena parte de las respuestas, incluidas las de lectores del propio diario que, según se señaló, cargaron contra el texto en sus comentarios.
Gibraltar, la Guayana francesa y la Tracia turca: la geografía no decide soberanías
El segundo frente fue el argumento geográfico, y ahí el material disponible es abundante. Hay fronteras europeas fuera de Europa y nadie discute su existencia:
- Gibraltar: una verja entre España y un territorio británico que no pertenece a la UE.
- La Guayana francesa: territorio francés y, por tanto, europeo, en Sudamérica.
- La Tracia oriental turca: suelo europeo bajo soberanía de Ankara desde 1453.
- Canarias: archipiélago español a más de mil kilómetros del continente.
La conclusión que se extrae es sencilla: la ubicación de un territorio no determina su titularidad, y si el criterio fuera la placa tectónica, media Europa tendría que rehacer sus mapas. La comparación más repetida apuntó hacia el peñón: si la frontera europea en África es antinatural, la que separa España de Gibraltar es exactamente igual de antinatural, y sigue ahí.
Quién controla Prisa: el accionista que entró en la conversación
El tercer eje fue la propia empresa editora. Se recordó que Amber Capital es el principal accionista del Grupo PRISA desde al menos 2018, con un 29,72% del capital de la compañía dueña de El País y la Cadena SER, y que su fundador, Joseph Oughourlian, preside tanto el grupo como el diario. A partir de ahí, la discusión derivó hacia la dependencia de la publicidad institucional y hacia el tamaño real del negocio: en el material consultado se manejan cifras de unos 50.000 ejemplares diarios y 400.000 suscriptores en un país de 47 millones de habitantes. La tesis que se sostiene desde esa óptica es que la rentabilidad importa menos que la línea editorial, y que quien paga la factura condiciona la agenda. El cálculo completo, con el reparto accionarial desglosado, es uno de los materiales que más circulación ganó.
Marruecos, el Sáhara y el interés que no se discute
En la parte menos ruidosa se coló un matiz económico que descoloca el relato: por tratados internacionales y por cálculo de costes, en ese momento Marruecos no podía ni quería asumir Ceuta y Melilla a corto plazo, y su horizonte sería más largo. También se citó el precedente del Sáhara Occidental como el primer «gesto histórico» de este tipo. Y hubo quien planteó que el verdadero asunto no es la frontera, sino el uso de la tensión territorial como herramienta de política interior. Una parte de las respuestas derivó además hacia el terreno migratorio, con planteamientos ajenos al artículo que no guardan relación con lo que este propone.
Con esto, la discusión se queda exactamente donde empezó: en un verbo que se elige mal a propósito, en un mapa que no resuelve nada y en una pregunta —quién gana con que Ceuta y Melilla sigan siendo noticia— que nadie ha respondido todavía.