Telefónica y el debate sobre su caída en bolsa
¿Cuánto vale una empresa que tiene más de la mitad del mercado español cautivo y aun así pierde dinero? Esa es la pregunta que sobrevuela cada vez que Telefónica publica resultados o anuncia una operación. En el debate se ha mencionado una caída del 13% en bolsa, según un mensaje del hilo, que ha reabierto la discusión sobre el futuro de la operadora incumbente. El desplome no es un accidente aislado: es la consecuencia de una gestión que acumula ventas de filiales a pérdidas, recortes de dividendo y una competencia que ofrece lo mismo por la mitad de precio, según sostienen algunos participantes.
El mercado castiga la venta de filiales latinoamericanas
La decisión de abandonar Argentina justo cuando Javier Milei asumía el poder se ha traducido en una venta a la baja que dejó
1.800 millones de euros en pérdidas, según un mensaje del hilo. En un país normal, una operación así tendría consecuencias ejecutivas. Aquí, el consejero delegado sigue en su puesto y la empresa sigue vendiendo activos para tapar agujeros. La pregunta que se hace cualquiera con dos dedos de frente es por qué se precipitó la salida en el punto más bajo de la crisis argentina en lugar de esperar una posible estabilización.
A eso se suma el recorte del dividendo, que históricamente ha sido el principal atractivo para mantener el valor de la acción. La compañía ofrece ahora un futuro incierto: promete repartir entre el
40% y el 60% del flujo de caja, una horquilla tan amplia que no compromete a nada. Para el inversor que compraba Telefónica por la renta, el mensaje es claro: búscate otra cosa.
¿Por qué pierde dinero una empresa con medio mercado cautivo?
Es un misterio cómo puede perder tal cantidad de dinero una empresa que tiene más de la mitad del mercado español cautivo. Haciendo lo mismo por lo que Digi cobra la mitad. La respuesta que dan muchos análisis es que el problema no es el mercado, sino la gestión: proyectos faraónicos, estructuras funcionariales y una competencia brutal que funciona muchísimo mejor a precios enormemente inferiores.
Hay quien sostiene que el problema es político. Que si el Gobierno ha metido la mano en la empresa, que si los fondos saudíes, que si el control televisivo. La realidad es más prosaica: una empresa que durante décadas vivió de un monopolio y que nunca aprendió a competir. Cuando el monopolio se rompió, la cultura corporativa se quedó intacta. Y eso se paga.
El fantasma de Abengoa y Terra
La comparación con Abengoa sobrevuela el imaginario colectivo. Aquella fue una empresa que también parecía demasiado grande para caer y acabó despeñándose. En Telefónica, el paralelismo se refuerza con el recuerdo de Terra, la burbuja de internet que se llevó por delante a miles de ahorradores. Después de Terra y Telefónica Móviles, el que tenga dinero en esa empresa tendrá lo que se merece, resume el sentimiento general.
El patrón se repite: empresas que se creen estratégicas, que se creen intocables, que se creen que el Estado las va a rescatar. Y el Estado, efectivamente, las rescata. Con dinero público. Porque si Telefónica cae hasta desaparecer, el Gobierno la sostendrá, aunque solo sea por tener excusa para colocarse una vez que salen de puestos altos de la administración, según sostiene un participante.
¿Qué pasa si Telefónica desaparece?
La hipótesis de una OPA por parte de un gobierno amigo o de una teleco extranjera no es descabellada. Igual que Endesa acabó en manos de Italia por obra y gracia de un expresidente del Gobierno, no sería extraño que tras un proceso de adelgazamiento Telefónica acabe en los brazos de una teleco extranjera. La empresa se está vendiendo por partes y alguien con contactos quiere quedársela baratita, según un mensaje del hilo.
Mientras tanto, el accionista minoritario asiste al espectáculo. La acción cotiza muy por debajo de los niveles que muchos consideraban suelo. Hay quien espera a que baje de los 2 euros para echar cuentas, aunque con una empresa en caída libre tanto en ingresos como en estrategia, la valoración sería a nivel contable. Y no es descabellado esperar una OPA.
Al final, la historia de Telefónica es la historia de España: una empresa que fue pública, que se privatizó, que se creyó invencible y que ahora se desangra mientras el Gobierno mira para otro lado. La caída del 13% no es el final. Es solo el recordatorio de que nadie es demasiado grande para caer. Y que los contribuyentes, como siempre, pagarán la factura.