El IVA de los alimentos vuelve en junio con la cesta un 21% más cara
El Gobierno ha comunicado a Bruselas que retira la rebaja del IVA de los alimentos y la fecha marcada es el 30 de junio. A partir de ahí, el pan, la leche, la fruta o la verdura recuperan el tipo superreducido del 4%, y los aceites y las pastas vuelven al 10%. Es el final de una medida excepcional que se aprobó para un solo semestre, se prorrogó dos veces y ha costado más de 2.500 millones de euros en ingresos que no se percibieron. La pregunta incómoda no es cuándo regresa el impuesto, sino si alguien notó que se había ido.
Cuánto ha costado una rebaja que no llegó a la cesta
Los números oficiales no admiten discusión. La supresión del IVA alimentario dejó de ingresar 1.700 millones de euros en 2023 y otros 440 millones en el primer trimestre de 2024. Al cerrar junio, el agujero superará los 2.500 millones. En paralelo, la inflación de los alimentos volvió a subir en abril hasta el
4,7%, cuatro décimas más que el mes anterior, sobre un índice que un año antes rozaba el 13%. El Ministerio de Economía atribuyó el repunte al
efecto base, ese comodín que sirve para explicar cualquier cifra sin explicar ninguna.
El detalle que descoloca es otro. La Asociación de Usuarios Financieros (Asufin) lleva año y medio monitorizando una cesta de productos básicos en cinco cadenas —Alcampo, Carrefour, Dia, El Corte Inglés y Mercadona— y el ticket medio es hoy un
20,91% más caro que en enero de 2023, justo cuando empezó a aplicarse la rebaja. Contra diciembre de 2022, antes de que los supermercados ejecutaran su bajada inicial, la cesta es un 8,12% más cara. El desglose cadena a cadena deja diferencias que van del 13,73% al 34,66%.
¿Sube el IVA o se retira una rebaja temporal?
Aquí empieza el único terreno que importa para la propaganda. Una corriente sostiene que no hay subida alguna: se elimina una excepción y el impuesto regresa a su nivel anterior. Es una matización correcta en lo técnico y tramposa en lo práctico, porque el contribuyente paga más en julio que en junio. La misma operación se hizo antes con la rebaja de la luz, que bajó al 10% y volvió al 21% sin que nadie la llamara subida.
La otra corriente responde que el IVA nunca debió tocarse si no iba a llegar al consumidor. Y ahí los datos de Asufin le dan munición: si la rebaja se hubiera trasladado íntegra al precio final, la cesta debería haber bajado, no encarecido un 21%. Hay quien sostiene que la supresión del impuesto acabó engrosando márgenes en lugar de aliviar el bolsillo.
Qué pasará con el precio de los alimentos en el segundo semestre
El informe de PWC para la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (Aecoc) cifra en torno a
un punto el repunte de la inflación alimentaria al retirar el IVA reducido. Es una estimación modesta y probablemente optimista, porque se apoya en el supuesto de que las cadenas no redondeen al alza. El propio Ejecutivo confía en que los precios se moderen por sí solos en el segundo semestre, una apuesta que hasta ahora no ha funcionado.
En contra juega el calendario. La eliminación total del IVA del aceite de oliva, pactada en enero para salvar el decreto anticrisis, todavía no ha entrado en vigor. Si el tipo vuelve a subir en julio, su efecto final será exactamente nulo: nadie habrá visto el aceite más barato ni un solo día.
Las rebajas temporales que nunca se van
El patrón se repite con una puntualidad sospechosa. Las bajadas de
impuestos nacen con fecha de caducidad y las subidas, también temporales, se quedan a vivir. Las dos subidas del IVA del 16% al 21% entre 2010 y 2012 se vendieron como coyunturales y siguen intactas más de una década después. La rebaja alimentaria no ha durado ni dos años.
Lo que queda en el aire no es del todo económico. Con la cesta un 21% más cara que cuando se aprobó el alivio y una deuda pública que no deja de crecer, cada Gobierno hereda el margen del anterior y lo agota. El consumidor paga la factura sin que ninguna de las dos mitades del turno explique por qué la rebaja que sí llegó a las cuentas públicas nunca aterrizó en las suyas.
Si el pronóstico de PWC se cumple, la vuelta del IVA apenas añadirá un punto al IPC alimentario y la cesta seguirá su propio camino. Si se queda corto —y los precedentes apuntan a que estos cálculos suelen quedarse cortos—, la moderación que promete el Gobierno llegará más tarde o, simplemente, no llegará.