Una editorial alemana publica una biografía de Franco y el debate se enciende
La editorial académica alemana C. H. Beck ha publicado una biografía de Franco que, según el planteamiento inicial del asunto, se apoya en una síntesis de la literatura ya publicada y no en trabajo de archivo. El detalle, lejos de ser menor, ha reabierto una discusión que en España nunca se cierra del todo: qué fue exactamente el régimen que gobernó el país entre 1939 y 1975, cuánto pesó la ayuda exterior en su victoria y por qué Alemania publica ahora sobre un dictador del sur de Europa cuando, según se subraya en el arranque del asunto, los sellos alemanes no suelen prodigarse en el franquismo.
El volumen llega con una etiqueta que ya genera fricción: la de
fascista. Hay quien sostiene que calificar así a Franco revela que el autor no entiende ni al personaje ni al fenómeno fascista, y quien responde que discutir la etiqueta es la forma más elegante de no discutir los hechos. La discusión, en cualquier caso, ha derivado hacia terrenos más concretos: la comparación con el régimen nacionalsocialista, el papel de la ayuda militar alemana e italiana en la Guerra Civil y la longevidad política del propio Franco frente al hundimiento del Tercer Reich.
Qué aporta el libro y qué le falta
El primer reproche es metodológico. La obra se presenta como una síntesis de la literatura publicada, sin trabajo de archivo, ni siquiera en fuentes alemanas. Para un lector acostumbrado a las biografías clásicas del personaje, eso equivale a un refrito actualizado. La sospecha que circula es que se trata de una adaptación de la biografía de referencia de los años noventa, revisada con el vocabulario político de hoy.
El segundo reproche es de encuadre. La expresión «se dejó asesorar por expertos occidentales» aparece leída como una condescendencia mal traducida, un deje de superioridad alemana que no acaba de encajar con el legado del propio país que publica. La pregunta que sobrevuela es qué significa exactamente «occidental» aplicado a Franco, si no se aplica igual a otros dictadores del siglo XX que sí encajaban en esa órbita.
Y el tercero es de etiqueta. La palabra
fascista funciona como un cajón donde cabe todo y, por eso mismo, no explica nada. Quien defiende el libro argumenta que el régimen tuvo rasgos fascistas en su fase inicial y se desprendió de ellos después. Quien lo ataca responde que esa discusión es un refrito de manual y que el problema no es la etiqueta, sino la ausencia de fuentes primarias.
La ayuda alemana: ¿favor, negocio o campo de pruebas?
Aquí el asunto se vuelve más interesante. La posición que gana peso es que la intervención alemana en la Guerra Civil fue una ayuda real, no un simple negocio. El argumento es concreto: sin el puente aéreo que permitió trasladar a la élite del ejército desde Marruecos a la península, la contienda habría durado semanas. Los aviones empleados en ese puente, según se detalla, eran en su mayoría Savoia-Marchetti, no Junkers, y tenían ya unos cinco años de servicio: no había nada que aprender ahí.
La tesis contraria sostiene que Alemania usó España como campo de pruebas de su material y que, por tanto, la ayuda fue interesada. La respuesta es tajante: que sea interesada no significa que no sea ayuda. La Unión Soviética, en cambio, sí operó como un negocio puro, con contrapartidas económicas y saqueo incluido.
El detalle histórico que se cuela en la conversación es que los alemanes no son dados a reclamar por lo que hizo su régimen anterior, mientras que Francia, tras la guerra, se pasó décadas reprochando a los anglosajones no haberla tratado como aliado de pleno derecho. El término «Pérfida Albión», según un participante, ya circulaba en caricaturas españolas de 1917, cuando el general francés estaba prisionero y poca influencia podía tener en un semanario monárquico.
Franco contra Hitler: la comparación que no se cierra
La comparación entre ambos dictadores vertebra buena parte del asunto. El argumento que más se repite es que Franco ganó todas sus guerras, derrotó a los comunistas, sobrevivió a diez años de embargo internacional y convirtió a España en la segunda economía de más rápido crecimiento después de Japón. Hitler, en cambio, perdió la guerra, falló al entrar en la academia de arte, se suicidó y dejó Alemania destruida, ocupada y dividida.
La contraposición tiene su gracia, pero también su trampa. Franco era un gobernante regional cuyo objetivo era mantenerse en el poder, no forjar un imperio europeo. Hitler apostó por el doble o nada y lo perdió todo. La diferencia, según se argumenta, no es de mérito, sino de escala: la cuestión española se quedó en España.
El contrafactual que se lanza es que Hitler podría haber convertido Alemania en una potencia mundial sin disparar un tiro, manteniendo buenas relaciones con Estados Unidos y Reino Unido. En lugar de eso, se jugó el todo por cachitos de tierra en Chequia, Polonia y Francia, subiendo la apuesta hasta perderla. No había ninguna necesidad de forzar la maquinaria.
El personaje más importante del siglo XX
Una de las tesis más repetidas es que Franco fue el personaje más importante del siglo XX. El argumento no es hagiográfico, sino de longevidad: se reunió con Hitler, Mussolini, De Gaulle, Sadam Hussein y Grace Kelly. Sobrevivió a todos sus interlocutores. Mientras el Reich de los mil años se hundía en doce, él gobernó casi cuatro décadas.
La explicación que se da es que Franco se hizo devoto durante la guerra, al comprobar que entre tanta persecución y tanto martirio no hubo ni una sola apostasía. La frase que resume esa lectura es que para héroe sí hay voluntarios, pero para mártir no se presenta nadie. La devoción, en todo caso, era más de la madre que del propio general, según se subraya.
El contrapunto es que Salazar, el dictador portugués, no habría durado en España ni el primer nivel del videojuego. La plaza española era dura, cainita y navajera, y los dirigentes de uno y otro signo caían apartados políticamente con una facilidad que en Portugal no se daba.
El cierre: la etiqueta que no se decide
La discusión termina donde suelen terminar estas cosas: con la etiqueta sin resolver y con el libro en el escaparate. La editorial alemana ha publicado una síntesis, no una investigación. El debate sobre si Franco era fascista, autoritario o simplemente un superviviente sigue abierto, y probablemente seguirá abierto mientras la pregunta se formule como una etiqueta y no como una descripción.
Lo que queda claro es que la comparación con Hitler no se sostiene por escala, y la comparación con Salazar no se sostiene por contexto. Franco fue un gobernante regional que se mantuvo en el poder mientras el resto de los dictadores europeos caían. Si eso es mérito o simple falta de ambición es, exactamente, el punto donde el análisis se atasca.