Gibraltar 1940: cuando Franco dijo no al plan de Hitler
Otoño de 1940. La Wehrmacht ha rendido Francia en tres semanas y las tropas alemanas acampan a los pies de los Pirineos. En Madrid, un general bajito recibe presiones para entrar en la guerra y cerrar el Estrecho de Gibraltar. La tesis que circula en los análisis más agresivos es que ese cierre habría estrangulado a Reino Unido, forzado la paz con Churchill y dejado a Hitler las manos libres para llegar hasta los Urales en 1942. El problema es que casi ningún dato sostiene la cadena completa.
Qué proponía el escenario: Hendaya, Gibraltar y el bloqueo del Mediterráneo
El planteamiento es de manual de historia ficción. Hitler domina Europa central, ha tomado Polonia como frontera con la URSS y mantiene a Reino Unido sitiada bajo la Operación León Marino. El suministro británico de combustible desde Oriente Medio pasa por el Canal de Suez y el Estrecho de Gibraltar. Si España entra en el Eje y toma el Peñón, el Mediterráneo queda cerrado y las islas británicas se quedan sin materias primas. Churchill firma la paz. La URSS cae. La Guerra Fría se libra entre nazis y americanos.
Suena redondo. Y ahí empiezan los agujeros.
El error de base: los suministros británicos no pasaban por Gibraltar
El primer golpe a la tesis es logístico. Los convoyes británicos desde Oriente Medio no cruzaban el Mediterráneo ni el Estrecho. Iban rodeando el Cabo de Buena Esperanza, una ruta más larga pero fuera del alcance de la aviación y la marina italianas. El Canal de Suez servía para reforzar posiciones en África y Oriente Medio, no para abastecer a la metrópoli. Y las fuerzas británicas en Egipto se nutrían sobre todo desde India, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda: en el momento más duro de la campaña norteafricana, tres cuartas partes de las tropas allí desplegadas provenían de los Dominios.
Con ese cuadro, cerrar el Estrecho no asfixiaba a Londres. Complicaba el tráfico, sí. Pero no lo cortaba.
Gibraltar no era un paseo militar: ocho cañones navales de 233 mm
La segunda grieta es puramente artillera. El Peñón estaba defendido por ocho cañones navales de 233 milímetros. España, en el mejor de los casos, disponía de baterías de campaña de 150 mm. Antes de asaltar Gibraltar, los alemanes habrían tenido que mover cañones de asedio por ferrocarril. Y el ferrocarril de la Bahía de Algeciras estaba a tiro de esos mismos cañones navales. No era una operación rápida ni sencilla. La idea de resolverlo «por saturación, sin más» con un asalto frontal español se cae sola en cuanto se mira un mapa de la bahía.
El informe de Carrero Blanco y la lógica de no entrar en la guerra
La decisión española de no entrar en el conflicto tuvo un documento detrás: el informe del almirante Carrero Blanco aconsejando mantenerse al margen. La razón de fondo era marítima. En aquellos años lo decisivo era quién controlaba las rutas oceánicas, y ahí el Eje no tenía color: entre la Royal Navy y la marina estadounidense estaban en disposición de vencer a cualquiera. El Mediterráneo, aun parcialmente controlado por el Eje, era un escenario relativamente menor. Por eso ni Carrero ni el ferrolano iban a transigir por mucho que les prometieran el oro y el moro. Y Hitler, que tenía la guerra ganada sobre el papel, no lo hizo.
Qué habría pasado de verdad: España como primer objetivo aliado
Si España entra en la guerra, la Península sustituye a Italia como primer objetivo aliado en Europa por pura localización geográfica. Los servicios secretos británico y estadounidense habrían llenado España y Portugal de comandos coordinados con el maquis republicano, que todavía existía. Los pasos ferroviarios de Irún y Portbou habrían sido destruidos con bombardeos aeronavales. Solo habrían quedado operativos los de Canfranc y Puigcerdá, de capacidad limitada. Y el desembarco aliado no habría sido en Normandía, sino en la Bahía de Cádiz.
El régimen del Caudillo, como le pasó a Mussolini en Italia, se habría disuelto como un azucarillo mientras los blindados estadounidenses subían hacia Madrid.
El Atlántico Sur y el dominio que nadie discute
Hay un detalle geográfico que desmonta otra fantasía recurrente: la de que la armada francesa se uniría al Eje. Las Canarias, las Azores, Madeira, Cabo Verde, el Atlántico Sur y Santa Helena dibujan un mapa de control oceánico que nunca estuvo en manos alemanas. La flota francesa acabó en el fondo del mar en Tolón, no en puertos alemanes. Y los británicos renunciaron a activar la alianza anglo-lusa precisamente porque activarla habría supuesto la invasión de Portugal por el Eje y la pérdida de Gibraltar. Roosevelt quería invadir las Azores incluso antes de entrar en la guerra. Churchill le dijo que ni de coña.
El factor que decidió la guerra: Ucrania, no el Estrecho
La conclusión más repetida entre los análisis que miran los datos es que la guerra se perdió en Ucrania y Bielorrusia. Alemania invadió la URSS con combustible justo, pensando que la derrotaría en unos meses. Como no fue así, daba igual que Franco hubiera cerrado el Estrecho y Rommel el Canal de Suez. Quien derrotó a Alemania fue la URSS, no los Aliados. Bloquear Gibraltar no habría servido de nada.
Con estos mimbres, el cierre del Estrecho a finales de 1940 no habría ganado la guerra para Alemania. Habría metido a España en una carnicería para la que no estaba preparada, con un ejército de baterías de 150 mm frente a cañones navales de 233 mm, y habría convertido la Península en el primer desembarco aliado de la contienda. El resto es historia ficción. Bonita, pero ficción.