La vivienda sube tres veces más que los salarios: quién acertó al comprar
El precio de la vivienda ha crecido tres veces por encima de los salarios. Ese es el titular que resume el problema que ahoga a los españoles y que reabre una vieja discusión: ¿era una locura comprar en plena burbuja o la jugada más rentable de la década? Un mensaje inicial lo resume con sorna: «Ahora os toca ser lumpen. Un abrazo». La ironía va dirigida a quienes durante años aconsejaron esperar a que el ladrillo se desplomara.
La respuesta no se hizo esperar. «También añado otro consejo: comprar bitcoin en 2009», escribió un participante. La comparación no es casual: ambos activos —vivienda y criptomoneda— multiplicaron su valor mientras los salarios se quedaban atrás. La diferencia es que la vivienda no es especulación de nicho, sino el gasto que define la vida de una familia.
El caso de quien compró y el de quien esperó
El nombre que sobrevuela toda la discusión es el de una antigua usuaria que compró una VPO en 2008 por unos
120.000 euros. Según varios mensajes, hoy podría venderla por unos
270.000 euros. «Le tocó la lotería», resume un participante: pagó la mitad de lo que se pagaba entonces y con facilidades. Otro añade que su vivienda «nunca bajó de precio».
Frente a ese caso, los que esperaron. «Me ayudó a decidir no comprar en 2007 y esperar a las caídas del 40% de 2015», cuenta un participante. «Ahora los precios de 2007 parecen hasta baratos». La ventana de oportunidad, según varios, fue
2013-2015: «esa fue la ventana de oportunidad», sentencia otro.
La conclusión que se repite es incómoda:
el mérito no fue comprar en 2009, sino no venderlo cuando se puso a 2.000, a 3.000, a 5.000.
¿Por qué la vivienda sube más que los salarios?
El diagnóstico que más se repite no es el de la especulación, sino el de los salarios. Un participante lo ilustra con un chiste: «Doctor, me toco aquí y me duele, me toco aquí y también me duele. —Tiene usted roto el dedo». La moraleja: «a nadie se le ocurre pensar que a lo mejor, una parte muy importante de este problema son los salarios».
Otro participante aporta un cálculo distinto: «Hace 25 años se compraba un piso por el equivalente a 12 kilos de oro, hoy al equivalente de 3 kilos de oro». Si se mide en oro, la vivienda se ha abaratado. Si se mide en salarios, se ha encarecido. La discrepancia depende del patrón.
Hay quien apunta a la política pública: «Los problemas con la vivienda son todos de origen político, de políticas de régimen». Y quien señala un factor demográfico: «ahora los pisos se regalarían con las tapas de yogures con la población tan envejecida que tenemos».
El alquiler que se come un sueldo entero
El alquiler es el otro frente. «Hasta hace no mucho al alquiler se le destinaba 1/3 o 1/2 de un sueldo; hoy es un sueldo entero y parte de otro», resume un participante. En la mayoría de ciudades, islas y costa, los alquileres están entre
1.000 y 2.000 euros de media. Las hipotecas tampoco son baratas: se piden más garantías y se hipoteca como máximo el
80% del precio total.
La alternativa de comprar fuera de las grandes ciudades existe. Un participante compró el mes pasado un piso de unos
100 metros cuadrados, con garaje, dos baños, terraza y tres habitaciones, por
160.000 euros más gastos, en una ciudad de la costa gaditana a poco más de una hora de Sevilla. «Pisos similares había por 180.000 y más baratos sin garaje».
La trampa de los impuestos y la plusvalía
El negocio inmobiliario tiene un freno que casi nadie menciona: los impuestos. Un participante desglosa por qué un inversor lo dejó: «después de pagar impuestos en la compra, después de satisfacer a la visillera, después de pagar impuestos y seguros todos los años, después de aquello 200 euros mes de comunidad, después de pagar una derrama de 3.000 euros y después de vender y pagar tanto en IRPF y plusvalía… se hubiera ganado mucho más en bolsa desde entonces».
Con ese cuadro, la vivienda no es un activo líquido: es un compromiso a décadas. Quien compró para vivir, ganó. Quien compró para especular, se topó con Hacienda.
El consejo que el tiempo no ha resuelto
La discusión sigue abierta. «Hoy 20 años después estamos en el mismo debate», admite un participante que se define como burbujista en 2005 y que hoy no lo tiene tan claro. La pregunta no es si la vivienda estaba cara en 2009, sino si volverá a haber una ventana como la de 2013-2015. Nadie lo sabe. Y mientras tanto, el precio sigue subiendo.