El Banco de España cifra el desequilibrio de la vivienda en hasta el 8,5%
El
Banco de España ha puesto número al malestar del mercado inmobiliario. En su último informe sobre estabilidad financiera, el organismo que preside José Luis Escrivá advierte de que el precio medio de la vivienda en España cerró 2024
algo por encima de su nivel de equilibrio de largo plazo, con un desequilibrio estimado de entre el 1,1% y el 8,5%. Seis meses antes, ese rango era del 0,8% al 4,8%. La horquilla se ha ensanchado por los dos extremos, y eso es lo relevante: no es que el supervisor haya cambiado de opinión, es que los modelos que usa para medir la brecha entre precios y fundamentos económicos han empezado a dispararse.
El diagnóstico no llega solo. El banco central cifra en hasta
450.000 viviendas el déficit acumulado necesario para absorber la demanda actual. Compraventas en máximos, obra nueva en mínimos y una población que crece más rápido que los ladrillos. La combinación tiene un nombre técnico —desajuste entre oferta y demanda— y otro más coloquial que ya circula por todas partes: burbuja.
Qué mide exactamente el Banco de España
Para llegar a esa conclusión, el supervisor cruza cuatro indicadores. El primero es la brecha de precios de la vivienda, que compara el precio observado con el que correspondería a los fundamentos de largo plazo. El segundo es la ratio entre precios e ingreso disponible de los hogares: cuántos años de sueldo cuesta una casa. El tercero es un modelo de mínimos cuadrados ordinarios que estima los precios en función del ingreso disponible y de los tipos de interés de las hipotecas. El cuarto es un escenario técnico de corrección del error que añade los efectos fiscales a las mismas variables.
Ninguno de los cuatro es infalible. Los modelos económicos son brújulas, no GPS. Pero cuando los cuatro apuntan en la misma dirección y la horquilla se abre en seis meses, el aviso deja de ser retórico.
Por qué el déficit de oferta no se cierra
El argumento más repetido para explicar la escalada de precios es la escasez de construcción. Desde 2008, el sector no ha recuperado ni de lejos el ritmo de entonces. Hay quien sostiene que se necesitan del orden de
500.000 viviendas al año y que no se levantan ni una fracción de esa cifra. El Banco de España, de hecho, ya ha cifrado el déficit en hasta 450.000 unidades para absorber la demanda.
La segunda pata es demográfica. La población española ha pasado de 43 a 49 millones de habitantes en dos décadas, y el régimen de alquiler ha crecido de unos 5,6 millones de personas en 2005 a unos 10,8 millones en 2025. Ese trasvase no es solo un cambio de preferencias: es presión directa sobre el parque de vivienda disponible, especialmente en las zonas donde se concentra el empleo.
Los que niegan la burbuja y los que la temen
No hay consenso. Una corriente sostiene que esto no se parece a 2008 porque los bancos ya no conceden hipotecas por encima del 80% del valor de tasación, exigen solvencia y criban a los promotores con preventas sobre plano. Sin crédito fácil y sin promotores sobreapalancados, argumentan, no hay mecanismo de contagio financiero. El precio sube porque la oferta es escasa, no porque el crédito sea irracional.
La otra corriente mira al mercado de alquiler y ve la bomba. La compraventa puede estar controlada, pero el alquiler se ha disparado y concentra a los hogares más frágiles. Si el paro vuelve a acercarse a los niveles históricos de España —hoy está en el 11%, pero la media de las últimas décadas es bastante más alta—, el número de desahucios podría multiplicarse. Hay quien habla de entre 50.000 y 100.000 ocupaciones anuales en un escenario de crisis. El cálculo completo, con la serie de población inquilina y la evolución del desempleo, da un cuadro bastante más incómodo de lo que sugiere el titular del Banco de España.
El suelo, los impuestos y el Estado como culpable
Una tercera línea de análisis señala al marco regulatorio. El suelo urbanizable está hiperrestringido, la fiscalidad sobre la vivienda es elevada y la ocupación se tolera con distintos grados de permisividad según la comunidad autónoma. En este relato, el Estado no es el árbitro del mercado: es el principal responsable de que la oferta no responda. Se argumenta que hay hectáreas baldías alrededor de cualquier ciudad que no se parcelan por falta de voluntad política, y que eso empuja a los compradores hacia los núcleos consolidados, elevando los precios por efecto desplazamiento.
El contrapunto es que liberalizar suelo sin planificación produce otro tipo de desastre, el del ladrillo descontrolado de la burbuja anterior. Nadie ha resuelto todavía esa cuadratura del círculo.
El dato que descoloca
El Banco de España no dice que vaya a estallar nada. Dice que el precio medio está por encima de su equilibrio de largo plazo y que el desequilibrio se ha ampliado en seis meses. La diferencia entre ambas cosas es la misma que hay entre un diagnóstico y un pronóstico. Y en España, históricamente, hemos sido mucho mejores detectando el primero cuando ya había pasado el segundo.