Milei promete el nivel de vida de Francia para Argentina en 15 años
Argentina puede alcanzar el nivel de vida de Francia e Italia en quince años, el de Alemania en veinte y el de Estados Unidos en treinta y cinco. La frase es de Javier Milei, pronunciada en plena campaña electoral, cuando todavía no había ganado ninguna elección y ya manejaba horizontes que desbordan cualquier mandato presidencial. La promesa levantó carcajadas. Y también calculadoras.
Porque la aritmética no acompaña, según las estimaciones que se manejan en el propio debate. En 2021 la renta per cápita argentina rondaba los
10.000 dólares y la italiana los
35.000, siempre según esos cálculos. Acortar esa distancia en veinte años obligaría a crecer al 10% anual —con el PIB subiendo aún más si la población aumenta— y a que Italia avance menos del 1% de media.
Los tres plazos que promete Milei: 15, 20 y 35 años
Quince años para Francia e Italia. Veinte para Alemania. Treinta y cinco para Estados Unidos. Milei también ha hablado de plazos de 35 a 50 años para meter a Argentina en la
Champions internacional de países, con la idea de que a los diez años ya se noten avances serios. Y ya se ha reunido con la cúpula empresarial argentina, a la que en su discurso distingue entre casta y no casta.
El detalle incómodo es que, a la fecha de esta discusión, no había ganado nada. De ahí la pregunta que atravesaba todo el asunto: ¿cómo piensa gobernar 15 o 35 años en un país donde un presidente no puede encadenar más de dos mandatos consecutivos?
¿Se puede igualar a Italia en 20 años? El cálculo que lo hace casi imposible
No, si la convergencia tiene que venir del crecimiento propio. El desglose de renta, población y PIB año a año que se maneja en el hilo deja una diferencia que no se cubre con buena voluntad: para que Argentina alcance a Italia en dos décadas haría falta un milagro sostenido, no un plan de gobierno, según ese análisis.
La alternativa que manejan los más escépticos es la convergencia por abajo: Alemania, Francia o Estados Unidos con problemas y Argentina igual de mal, hasta que los niveles se toquen. Suena a chiste, pero es un escenario que bastantes análisis no descartan.
De dónde saldrían los dólares para dolarizar Argentina
Aquí está el nudo. Dolarizar exige una masa de dólares que el Banco Central no tiene. Se especula con la incautación de depósitos y el canje por bonos, con el corralito como fantasma recurrente, y con la repatriación de los capitales argentinos depositados en el exterior. Ese último punto se discute: hay quien duda de que los grandes patrimonios vayan a traer de vuelta el dinero colocado en paraísos fiscales.
La parte visible del plan fue una recomendación: sacar los pesos de los bancos. Un gesto al que, según la versión que circula, se atribuye la apertura de una causa penal por terrorismo financiero contra el entonces candidato.
El mito de la cuarta potencia y el precedente de Estonia
En los años cuarenta del siglo pasado Argentina figuraba entre las economías mayores del mundo, según repiten sus defensores. De aquel país quedan los ecos, la nostalgia y un anuncio añejo con el que se compara la promesa actual: el de viajar a Japón en dos horas. Curiosamente, el espejo que más se cita no es argentino: Estonia, tras la caída de la URSS, aplicó reformas profundas y adelgazó un Estado hipertrofiado. El requisito, dicen, es atreverse con el despido masivo de estructura pública.
El dólar blue, los empresarios y las elecciones
En paralelo a los discursos, el mercado se movía. En el hilo se especulaba con que la cotización del dólar blue pudiera superar los
1.000 pesos por unidad, y con dos lecturas opuestas de ese movimiento: preparar el terreno a un Milei ganador o tensar el tipo de cambio para forzar su victoria. Nadie ponía la mano en el fuego por ninguna de las dos.
El contexto anterior tampoco ayuda. Hubo varios ajustes tarifarios de entre el 200% y el 300% muy por encima de la inflación del periodo, y la administración que precedió a todo esto nunca puso las cifras sobre la mesa, según se sostiene. La discusión sobre quién pagó la fiesta sigue abierta.
¿Y si el que se hunde es Francia?
Es la tesis más repetida para salvar la promesa. Si Argentina llega al nivel de Francia en quince años, una parte del análisis sostiene que será porque Francia baja, no porque Argentina suba. Con Alemania y Estados Unidos en la misma tesitura, la convergencia se produciría sola. Y el chiste se escribe solo: en veinte años, Alemania tendría el nivel de vida de Argentina.
Si Milei acaba gobernando, el calendario se lo dará o se lo quitará. Lo prudente es apostar a que esos quince años no se cumplirán tal cual se prometieron, aunque la dirección del viaje pueda ser otra. Cuál, a día de hoy, no lo sabe nadie.