Alvise limpia barro en Valencia y el resto de políticos no aparece
Mientras la
DANA de Valencia dejaba calles anegadas y vecinos sacando lodo a paladas, un eurodiputado se plantó allí con una pala. No fue el único: también se vio a otro cargo público de Vox, aunque este evitó las cámaras. La escena, difundida por el propio protagonista, desató una tormenta de comentarios. Unos lo llamaron postureo; otros, directamente, lo compararon con el pequeño Nicolás. Pero el dato que descoloca es otro:
más de 7 toneladas de ayuda, dos tráilers y 16 furgonetas completas en apenas cuatro horas, según el mensaje que él mismo publicó. La pregunta que sobrevuela es incómoda: ¿dónde estaban los demás?
La ausencia de Feijóo, Sánchez y las ministras en la zona cero
El primer golpe de efecto no fue la pala, sino la lista de ausentes.
Feijóo, Abascal, Sánchez, Irene y las ministras de Podemos brillaron por su ausencia en las calles encharcadas. La crítica se repetía: desde el minuto uno se dijo que no se podía acceder a la zona, que la ayuda era imposible. Y sin embargo, cientos de vídeos mostraban a youtubers y voluntarios anónimos metidos hasta las rodillas en barro. La contradicción alimentó la sospecha: ¿no se podía, o no se quería?
Hay quien sostiene que la clase política prefiere la foto segura, el acto controlado, el discurso desde el atril. En Valencia, con agua estancada y lodo hasta las cejas, no hay atril. Solo palas. Y eso explica, para algunos, que la mayoría optara por la distancia. El único que se salvó en esa lista fue
Echenique, aunque fuera por contraste. El meme, en cualquier caso, ya era Alvise limpiando el fango.
El cálculo que descoloca: 7 toneladas en cuatro horas
El mensaje del eurodiputado no escatimó en cifras:
7 toneladas, dos tráilers y 16 furgonetas completas en apenas cuatro horas. La comunidad que él mismo bautizó como «las ardillas» se movilizó con una eficacia que, según sus propias palabras, lo convertía en «la mejor Comunidad Patriótica de este país». El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende frente a la parálisis institucional. Pero no todos compraron el relato.
La acusación de postureo fue inmediata.
«Grabado con mi iPhone 16 x -pro plus», ironizó uno.
«Podía hacerlo sin grabarlo», añadió otro. La sospecha de que la pala era un atrezzo y el barro un decorado recorrió el debate. Incluso se le comparó con el pequeño Nicolás. Sin embargo, la respuesta más repetida fue la de quien, aun dudando de las intenciones, reconocía el hecho:
«Aunque sea postureo puro, por lo menos se pringa, cosa que los otros ni se molestan».
Funcionarios de puente y políticos de despacho
El foco se amplió pronto a los funcionarios públicos. Se apuntó que muchos estaban planificando el puente de la Inmaculada mientras la Comunidad Valenciana seguía bajo el barro. La crítica no era solo a los cargos electos, sino a toda una estructura administrativa que, según varios mensajes, se limitó a mirar.
«La policía, ejército y demás funcionarios tocándose los huevos o amenazando a voluntarios para que no ayuden», se llegó a escribir. Una acusación sin pruebas que, eso sí, refleja el clima de desconfianza.
La comparación con el Prestige volvió a aparecer. Entonces, los voluntarios con fundas blancas se convirtieron en símbolo; ahora, los de Valencia no tenían ni eso. La ironía era amarga:
«Los voluntarios de Valencia no tienen ni una puta funda blanca, como los voluntarios del Prestige-PSOE». El paralelismo servía para subrayar que la gestión de catástrofes sigue siendo un campo minado para el Gobierno de turno.
El rey, el discurso de Navidad y el borrador que nadie leyó
La ausencia del rey también se coló en la conversación.
«El rey o es tonto o es imbécil», soltó alguien, convencido de que una visita sin escoltas habría sido un baño de masas. La idea de que la monarquía desaprovechara ese capital de simpatía fue recibida con incredulidad. En paralelo, se especuló con que el discurso de Navidad ya estaba siendo escrito por el Gobierno, lo que añadía otra capa de sospecha sobre la comunicación oficial.
El resumen de la indignación lo dio un mensaje que se hizo viral dentro del propio debate:
«España tiene a 100.000 políticos chupando de la teta y sólo uno está doblando el lomo». La cifra, más retórica que contrastada, servía para medir la brecha entre la percepción ciudadana y la respuesta institucional. Y el remate:
«el resto tendrán agujetas de tanto reírse de todos nosotros».
Al final, la discusión derivó hacia lo de siempre: si el gesto era sincero o un cálculo electoral.
«Si lo hace sin cámaras es ayuda, si lo hace con cámaras es publicidad», resumió alguien. Y ahí sigue el asunto, con Alvise embarrado y los demás, de momento, sin mancharse.