Alvise ataca a Vox a tres días de las catalanas, según el foro
A tres días de las elecciones catalanas, Alvise Pérez ha descargado material sobre Vox, según un debate de foro, justo cuando las encuestas sitúan a la formación de Santiago Abascal en disposición de superar al PP en Cataluña. La coincidencia temporal ha encendido todas las alarmas. En el centro del tiroteo, un apellido que se ha convertido en chiste recurrente: Robatto. «Robatto hace honor a su apellido», resume un mensaje del foro. Detrás del chiste, una acusación más gruesa: la de que el CNI está detrás de la operación para dividir el voto de la derecha.
Lo que empezó como un ataque más del agitador se ha convertido en un polvorín interno. Porque el timing —tres días antes de votar— es, para muchos, demasiado oportuno. Y porque el propio Alvise ha construido su marca sobre la promesa de «sacar mierda» de todos los partidos, incluidos los que le votan.
El CNI, el PSOE y la teoría de la disidencia programada
La hipótesis más repetida es que Alvise trabaja para el CNI y, por extensión, para el PSOE. «Alvise trabaja para el CNI y para el PSOE», sentencia uno de los mensajes más votados. La tesis no es nueva, pero ha encontrado terreno fértil: la encuesta del CIS de Tezanos, que sitúa a Alvise cuarto en las europeas, ha sido interpretada por una parte del personal como una prueba de que el aparato socialista está pastoreando al candidato para fragmentar el voto de la derecha. «El único candidato que antes de constituir su partido ha sido favorecido por el CIS de Tezanos», se lee. La sospecha se refuerza con un dato que circula: Alvise es el único candidato vetado en Atresmedia, Mediaset, Prisa y Vocento, y el único denunciado penalmente por Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, Óscar Puente, Ana Pastor, Koldo García y la Audiencia Nacional, entre otros. Para unos, eso le convierte en mártir; para otros, en un producto diseñado para captar el voto antisistema y redirigirlo.
«Definitivamente creo que Alvise es un engendro del CNI diseñado para dividir el voto antisistema», sostiene una de las voces más citadas. El argumento de fondo: si de verdad tuviera información demoledora, podría publicarla fuera de la jurisdicción española. Que no lo haga y que, además, su máximo enemigo sea Vox, encaja con la sospecha de que tiene orden de rebajar los votos de Abascal.
El apellido Robatto y el haren: el ataque personal
El ataque no se queda en lo político. El apellido del candidato, Robatto, ha servido de munición: «Es el apellido perfecto para cualquier político», ironiza un mensaje. Pero el golpe más bajo ha sido el de la «triple vida personal». Se habla de un haren, de proyectos humanitarios en el norte de África —«¿Eso es Marruecos?», se pregunta alguien— y de una doble vida sentimental que, según los críticos, desmonta el relato de pureza moral con el que Alvise pretende arrasar. «Si engaña a su mujer y a su amante, mucha confianza no da para votarle pensando que no te va a engañar», resume una intervención. La respuesta de sus defensores es que la vida privada no debería importar, pero el daño está hecho: el personaje que prometía transparencia total aparece ahora con un currículum sentimental que no cuadra con el discurso.
Vox, el PP y el cálculo electoral
El trasfondo es puramente electoral. Si Vox saca trece escaños en Cataluña, como apunta la última encuesta andorrana, el ataque de Alvise le fastidia porque muchos de esos votos vinieron de Vox en las anteriores. «Si saca mierda y justo ahora, por algo será», se comenta. La teoría del «CNI azul» —disidencia programada del PSOE azul, según la fórmula que circula— apunta a que Alvise es un instrumento para restar a Vox lo que no puede restarle el PSOE. Y hay quien recuerda que Alvise perteneció a Ciudadanos, partido al que algunos califican de masónico, corrupto y proagenda 2030. «¿Qué hacía un católico como Alvise allí?», se pregunta. La respuesta implícita: o no es católico, o es un farsante al que le pasan información como a Eduardo Inda.
La promesa del sueldo y el sorteo: compra de votos
Más allá del ruido, hay un asunto que puede tener recorrido legal: la promesa de Alvise de repartir su sueldo entre sus votantes mediante sorteo. «Eso se parece mucho a lo que según el código penal es compra de votos», advierte una intervención. El problema técnico es que para participar habría que aportar el DNI y la prueba de que se le ha votado, lo que convierte la promesa en un mecanismo cuando menos opaco. Alvise ya ha dicho en algún podcast que lo del sorteo se donaba a una ONG, lo que no aclara del todo el circuito. Veremos si no le obligan a cambiar la promesa o si la candidatura se enfrenta a más problemas.
El desgaste de Vox y la pureza imposible
El ataque de Alvise ha tenido un efecto colateral: ha reabierto la herida interna de Vox. Hay quien recuerda que Vox votó sí al estado de alarma «ilegal» con el que se asesinó a ancianos en residencias y se vulneraron derechos fundamentales. Otros señalan que Vox murió el día que no desautorizó a Stigman en sus declaraciones contra los no vacunados y su apoyo a la teoría oficial de la pandemia. «Para políticos del jijijajeo ya tenemos a los peperos», se sentencia. La conclusión de una parte del personal es que Alvise no es más que la versión derechista de Gispert: un producto de usar y tirar que, como todos los anteriores, tiene fecha de caducidad corta. «La esperanza de vida de sus creaciones cada vez es más corta», se apunta. Y mientras, la pregunta que flota: ¿alguien cree de verdad que este ataque es casualidad a tres días de votar?