Miguel Bosé carga contra Sánchez por su vínculo con Bill Gates
En junio de 2020, con medio planeta saliendo a trompicones del primer confinamiento, Miguel Bosé usó su cuenta de Twitter para señalar al Gobierno de Pedro Sánchez. El detonante tenía nombre propio: Goalkeepers, el grupo de líderes que impulsa la Fundación de Bill Gates y que se presenta como garante del cumplimiento de la agenda 2030. En cuestión de días, esa afiliación se convirtió en algo bastante más grueso: la versión de que el presidente del Gobierno trabaja para el magnate estadounidense.
La acusación tenía fecha y lugar. El
24 de septiembre de 2019, en Nueva York, Sánchez habló de la necesidad de una revolución digital que llevara a un «nuevo orden mundial en el 2030» y advirtió de que los recursos del planeta están agotados. Aquel vídeo quedó guardado en un cajón hasta que la pandemia lo devolvió a la superficie con otra lectura.
¿Qué es Goalkeepers y qué dijo Sánchez en Nueva York?
Goalkeepers es la marca con la que la Fundación Bill y Melinda Gates reúne a líderes políticos para supervisar el avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sánchez figura entre ellos y lo agradeció por escrito: «Gracias, @BillGates y @gatesfoundation, por el Premio Global Goalkeepers. España refuerza su compromiso con la Ayuda Oficial al Desarrollo». Ese mensaje, inocuo en su literalidad, se leyó como la prueba que muchos decían estar esperando.
El 6 de junio de 2020 el cantante ya había escrito: «La OMS, lo deja bien claro. Quiénes son entonces los culpables de tanto daño? Los gobiernos temerosos y cómplices de la Gran Conspiración, los débiles y “mandaos”, sin carácter». La Organización Mundial de la Salud acababa de matizar su posición sobre los confinamientos y el mensaje sirvió para repartir culpas.
Con ese material, la teoría se estira hasta el Club de Roma —fundado en
abril de 1968—, el Club Bilderberg, la Trilateral o el Council on Foreign Relations. La lista de siglas crece y crece. Ninguna convierte una coincidencia en un plan: es el mecanismo clásico del
bulo, cuanta más documentación auténtica se cita fuera de contexto, más sólida parece la conclusión inventada.
La muerte de Lucía Bosé y el giro del cantante
El cambio de discurso tiene un episodio personal. La madre del artista, Lucía Bosé, falleció por coronavirus mientras él residía en México, con un contencioso con Hacienda sobre la mesa y sin poder volver para despedirse. Para una parte del público, ese duelo explica el viraje mejor que cualquier revelación: quien nunca había cuestionado al PSOE empezó a hacerlo justo después.
Hay quien lo compra y quien no. La lectura dominante sostiene que su conversión llegó tarde, por motivos personales y con el cálculo de arrimarse a otra parroquia. La respuesta más benévola dice que nunca es tarde si el resultado es el mismo. Y en medio, el recordatorio incómodo:
hace dos décadas hacía campaña por Zapatero y ahora apunta al hombre que salió de aquella órbita.
Lo que admite poca discusión es lo raro del patrón: defensores de ayer convertidos en enemigos y enemigos de ayer convertidos en coro.
De Bunbury a la UCAM: la tesis se extiende
El efecto no se quedó en un cantante.
Enrique Bunbury se alineó con las mismas tesis: insinuó que Gates quiere dominar el mundo y dio por bueno que Trump sacara a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud. En el terreno institucional, el presidente de la Universidad Católica de Murcia, José Luis Mendoza, fue más lejos y calificó a Gates y a Soros de «esclavos y servidores de Satanás» al hilo de un supuesto chip implantado mediante las vacunas. Nada de eso cuenta con respaldo probatorio.
Mientras tanto, la Fundación Princesa de Asturias concedió el
Premio de Cooperación Internacional 2020 a Gavi, The Vaccine Alliance, una alianza de vacunación vinculada a la Fundación Gates. En ese clima, el anuncio se leyó como una confirmación en vez de como lo que era: un galardón a un programa de inmunización.
Gavi, ID2020 y la lista de siglas que no se acaba
Aquí el relato se vuelve más técnico y más confuso. Se sostiene que Gavi no solo trabaja con la Fundación Gates, sino que es uno de los cinco miembros fundadores de
ID2020 Digital Identity Alliance, una iniciativa de identidad digital con datos biométricos y tecnología blockchain impulsada junto a la Rockefeller Foundation y Microsoft. Organizaciones reales, proyectos reales. La prueba de que persigan el control mundial que se les atribuye, en cambio, no aparece por ningún lado.
Después está la profecía que se cumple sola. Gates dijo que el virus volvería en grandes números en octubre y la frase se usó como confesión en lugar de como previsión epidemiológica. Con ese método, cualquier declaración pública se transforma en prueba de cargo. El detalle fino —qué fundación financia qué, quién paga y con qué contrapartida— es justo lo que nadie desglosa con números sobre la mesa.
Por qué una fundación privada levanta tantas sospechas
El subtexto es económico. Una fundación privada que financia vacunas, que aparece en televisión y que reparte premios levanta suspicacias, y no hace falta ser conspiranoico para preguntarse por qué una fortuna privada influye en la política sanitaria de decenas de países. La sospecha legítima y el bulo, sin embargo, no son lo mismo, y mezclarlos es lo que permite desactivar la primera.
En el extremo más imaginativo de la cadena aparece una consultora,
Bain & Company, señalada por dedicarse presuntamente a asaltar empresas y arruinarlas. Es el tipo de pieza que se repite sin comprobar y que se sostiene, como casi todo en este asunto, sobre la fuerza de la repetición y no sobre documentos.
Al final, la pregunta interesante no es si Bosé tiene razón, sino qué gana un personaje público al abrazar una tesis que no puede demostrar. Foto fija: un cantante millonario que vive fuera de España, un presidente que agradece premios en Twitter y una audiencia que ya no necesita pruebas para creer. El análisis se atasca justo ahí, en el punto exacto en el que la evidencia deja de ser un requisito.