Tres de cada doce alumnos irlandeses ya tienen piso en España
Alejandro Mesa, profesor español afincado en Irlanda, contó en un vídeo de TikTok una escena doméstica que se ha vuelto incómoda: el padre de uno de sus alumnos le avisa de que no irá a clase porque se van de vacaciones a Alicante. Tienen una casa allí. En propiedad. No es un caso aislado: según el propio docente,
de los 12 niños que tiene en clase, tres familias ya tienen una vivienda comprada en España —una en Alicante, otra en Málaga y otra en Canarias—. «Tenemos un problema», resume. El vídeo ha desatado una discusión que va mucho más allá del turismo residencial: toca salarios, coste de vida y quién puede permitirse ladrillo en la eurozona.
Qué dice exactamente el profesor sobre sus alumnos
Mesa subraya que esas familias
no son millonarias ni forman parte de una élite económica. Son, dice, «personas con trabajos normales, cualificados, pero no ricos». El dato que le resulta llamativo es que puedan sostener a la vez una hipoteca en Irlanda —donde las casas cuestan entre
400.000 y 500.000 euros— y una segunda residencia en la costa española. «Está claro que aquí algo está fallando», denuncia.
La anécdota, contada desde un aula irlandesa, ha servido para reabrir una pregunta incómoda: ¿por qué un asalariado medio irlandés puede comprar en Alicante y uno español no puede comprar en su propia provincia?
Irlanda no es un país pobre: renta per cápita y paradoja
La primera reacción del debate fue corregir el marco.
Irlanda supera a España en renta per cápita y tiene poco más de cinco millones de habitantes. Ese diferencial salarial explica, en parte, que sus ciudadanos compren fuera. Pero el propio profesor matiza: Irlanda tiene
las desigualdades más grandes de la Europa occidental, infraestructuras deficientes, problemas graves de alcoholismo y una Dublín carísima que, dice, «deja a Bruselas como Narnia».
Hay quien recuerda que en la crisis de 2010 el país quebró y muchos irlandeses emigraron a Estados Unidos, Canadá o Australia. La imagen del irlandés rico comprando en la costa choca con esa memoria reciente.
Por qué los extranjeros compran casa en España y los españoles no
El argumento más repetido es el salarial. Un sueldo irlandés, incluso medio, permite pagar una hipoteca en Dublín y aún ahorrar para un apartamento en Alicante. Un sueldo español, con los precios actuales, no llega ni a la entrada. La brecha no es de gustos: es de nómina.
Frente a eso, otra corriente señala que el fenómeno no es nuevo.
En la costa española hay residentes extranjeros desde hace más de treinta años. Lo que ha cambiado es el perfil del comprador: ya no es solo el jubilado británico o alemán, también es la familia joven irlandesa, checa o polaca. Y no solo compran en primera línea de playa: también en pueblos del interior de Alicante, como Pedreguer o Finestrat.
El problema de fondo: se construye poco y se demanda mucho
La oferta es el otro eje del debate. Se argumenta que en España apenas se construye vivienda nueva y que la demanda —turística, migratoria y de segunda residencia— no deja de crecer. El resultado es un mercado tensionado donde el extranjero con divisa fuerte gana la puja.
No todos lo ven igual. Hay quien sostiene que
2,9 millones de hogares españoles ya tienen segunda vivienda, y que ese número sigue subiendo. Es decir, el comprador nacional de segunda residencia no ha desaparecido; simplemente compite en desventaja con quien cobra en una moneda más fuerte o paga menos impuestos.
El debate se atasca en el mismo punto donde empezó: si el problema es que los irlandeses compran en España o que los españoles ya no pueden comprar ni en su propio barrio. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez. Y ninguna de las dos se arregla con un vídeo de TikTok.