Rusia pierde Tsyrkuny ante la contraofensiva ucraniana
La contraofensiva ucraniana en el norte de Járkov ha dejado un reguero de bajas y rendiciones en el bando ruso. Según el periodista Yuri Butusov,
al menos 21 soldados rusos se rindieron durante la liberación de Tsyrkuny y otras siete localidades cercanas a Járkov por parte de la 92ª brigada mecanizada. Las primeras fotografías oficiales, difundidas por el jefe de la Administración Regional de Járkov, Oleh Syniehubov, muestran a los vecinos recibiendo a las tropas ucranianas entre abrazos y lágrimas. El símbolo no puede ser más incómodo para Moscú: la pérdida de una aldea a 20 kilómetros de la frontera rusa, con una población que se suponía mayoritariamente prorrusa, se produce justo cuando el Kremlin celebraba su Día de la Victoria.
¿Qué ha pasado en Tsyrkuny y por qué importa?
Tsyrkuny llevaba ocupada desde los primeros días de la invasión de febrero. Su liberación forma parte de una operación más amplia que ha permitido a Ucrania
recuperar ocho asentamientos y ampliar la zona de amortiguación al norte de Járkov. La 92ª brigada mecanizada ucraniana, según las fuentes citadas, habría infligido bajas significativas a los invasores, que en algunos casos huyeron y en otros se rindieron. El propio alcalde de la localidad, en un mensaje dirigido a los residentes que permanecieron bajo ocupación, llamó a «reunir toda nuestra determinación y fuerza de voluntad para reconstruir nuestra comunidad».
El valor estratégico de Tsyrkuny no es tanto territorial como simbólico y operativo. Situada a solo 20 kilómetros de la frontera rusa, su control expone la retaguardia de las fuerzas rusas en la región y dificulta cualquier avance hacia Járkov. La contraofensiva ucraniana en este eje ha obligado a Moscú a replegar posiciones y a reconocer, de facto, que su objetivo de cercar la segunda ciudad del país se ha vuelto inalcanzable por el momento.
Las rendiciones en la zona
El título que encabeza este análisis alude a las
rendiciones en la zona. Aunque los detalles exactos de la composición de las unidades rendidas no están confirmados por fuentes independientes, el hecho de que se hayan documentado al menos 21 rendiciones en una sola operación sugiere un colapso del mando local y una desmoralización profunda entre las tropas invasoras. No es un caso aislado: a lo largo de las últimas semanas se han sucedido informes de unidades rusas que abandonan posiciones sin combatir o que se rinden ante la superioridad ucraniana.
La narrativa oficial rusa, sin embargo, insiste en presentar estos reveses como «reubicaciones tácticas» o «fintas estratégicas». Una parte del análisis sostiene que Moscú estaría replegándose para concentrar fuerzas en el Donbás, donde la lucha es más encarnizada. Otra corriente, más escéptica, interpreta estas explicaciones como un intento de maquillar una derrota operativa que se acumula día tras día. Lo cierto es que el frente norte de Járkov se ha convertido en un quebradero de cabeza para el Kremlin, que ve cómo su «operación especial» se alarga sin objetivos claros.
El Día de la Victoria que nadie celebró en Moscú
El 9 de mayo es, para Rusia, la fecha sagrada de la victoria sobre el nazismo. Este año, la parada militar en la Plaza Roja se ha visto ensombrecida por la pérdida de Tsyrkuny y por la contraofensiva ucraniana en el este. La coincidencia ha sido aprovechada por analistas y observadores para subrayar el contraste entre la retórica triunfalista del Kremlin y la realidad del campo de batalla. Mientras Moscú exhibía misiles y tanques en el desfile, sus soldados se rendían a 20 kilómetros de su propia frontera.
La ironía no se le escapa a nadie. El mismo día en que Putin prometía «desnazificar» Ucrania, las tropas ucranianas liberaban una aldea y eran recibidas como libertadoras por una población que, según la propaganda rusa, debía recibirlos con flores. Las imágenes de vecinos abrazando a los soldados ucranianos han circulado profusamente en redes sociales y medios occidentales, mientras la televisión estatal rusa optaba por ignorar la noticia.
¿Qué está pasando en el frente del Donbás?
Mientras el norte de Járkov se desmorona para Rusia, el Donbás sigue siendo el escenario de una guerra de desgaste brutal. La ciudad de Popasnaya, de unos 20.000 habitantes, ha sido finalmente conquistada por las fuerzas rusas tras semanas de resistencia ucraniana. Los avances, sin embargo, son mínimos y se miden en kilómetros cuadrados. Ucrania recupera dos aldeas, Rusia conquista tres, y así día tras día.
El cálculo de bajas es escalofriante. Si se eliminan 400 soldados ucranianos al día, en cinco años se habría eliminado a casi tres cuartos de millón de soldados. Esa es la doctrina tradicional rusa: enviar carne de cañón sin importar el coste. Pero en 2022, con una opinión pública rusa cada vez más expuesta a la realidad de la guerra, esa estrategia tiene un límite. La pregunta es cuánto tiempo puede sostener Moscú este ritmo de pérdidas antes de que la situación se vuelva insostenible.
El agotamiento ruso y la dependencia ucraniana de Occidente
Los recursos rusos se agotan. La economía rusa, sometida a sanciones sin precedentes, afronta una recesión profunda y una fuga de cerebros sin precedentes. Ucrania, por su parte, depende del apoyo occidental para mantener su esfuerzo bélico. La ayuda militar de más de 27 naciones ha permitido a Kiev resistir y contraatacar, pero no garantiza una victoria rápida. La balanza, según algunos análisis, está al 50%: Rusia no puede ganar, pero Ucrania tampoco puede expulsarla del todo sin una implicación occidental mucho mayor.
El escenario más probable a corto plazo es una guerra de desgaste prolongada, con avances y retrocesos limitados. Rusia intentará consolidar sus conquistas en el sur y el este, mientras Ucrania buscará recuperar territorio en el norte y presionar en el Donbás. La incógnita es si Occidente mantendrá su apoyo o si el cansancio de la opinión pública, con el precio de la energía disparado, acabará pasando factura. Por ahora, la única certeza es que la guerra no terminará pronto.
La pérdida de Tsyrkuny es más que una anécdota. Es un recordatorio de que la guerra no sigue los guiones que Moscú había previsto. Si la contraofensiva ucraniana continúa, es probable que veamos más rendiciones y más reveses rusos en las próximas semanas. Pero también es posible que Rusia responda con una escalada, ya sea movilizando más tropas o recurriendo a armas de mayor destrucción. La única predicción segura es que el conflicto seguirá cobrándose vidas y que la paz, por ahora, no está en el horizonte.