Os dejáis que pagaba 400 euros los últimos años, pero antes pagaba solo 100.
También os dejáis que antes de vender el propietario le ofreció venderle el piso por una cantidad ridícula para la zona, unos 260.000 si no recuerdo mal.
Sumado a que rechazó una plaza en una residencia que ofreció el Ayuntamiento.
Tuvo muchas oportunidades y ofrecimientos, por no hablar de lo que pudo ahorrar con ese alquiler. Todo indica que la señora simplemente se aprovechó de la situación haciendo perder dinero a su casero. Ahora obtiene el resultado de su cabezonería y de sus malas decisiones. Le llega el karma tarde pero le llega.
Resulta que hay una inundación terrible en un pueblo y el agua empieza a subir rápidamente. Un hombre muy creyente se refugia en el porche de su casa.
En eso, pasa una persona en una
canoa y le grita:
—¡Suba, amigo! ¡El agua va a seguir subiendo, lo llevo a un lugar seguro!
El hombre responde muy tranquilo:
—No, gracias. Yo tengo mucha fe y
Dios me salvará.
El agua sigue subiendo y el hombre tiene que trepar al segundo piso. En eso, pasa una lancha de
Protección Civil. El rescatista le grita por el megáfono:
—¡Señor, súbase a la lancha! ¡La presa se va a romper y esto se va a inundar por completo!
Y el hombre, firme en su fe, contesta:
—¡No se preocupen! ¡Vayan a salvar a otros, que
Dios me salvará!
El agua sube tanto que el hombre termina sentado en el tejado de la casa, con el agua ya por los tobillos. En ese momento, llega un
helicóptero de rescate. Le lanzan una cuerda y el piloto le grita por el altavoz:
—¡Sujétese a la cuerda! ¡Es su última oportunidad, el agua lo va a tapar!
El hombre vuelve a negarse con la mano y grita:
—¡No! ¡
Dios me salvará!
Poco después, la corriente se lleva la casa, el hombre se ahoga y llega al cielo. Al encontrarse cara a cara con el Creador, el hombre, un poco indignado, le dice:
—Señor... yo tenía una fe ciega en ti, recé muchísimo y confié en que me salvarías. ¿Por qué me dejaste morir?
Y Dios se le queda mirando, suspira y le dice:
—A ver, descendiente...
¡Te mandé una canoa, una lancha y un helicóptero! ¡No sé qué más querías!
Solo que en este caso, no confiaba en Dios, sino en su egoismo.