El hilo se llena de viudas, divorcios y perfiles de fdating
El hilo ya no discute si la
guerra es justa ni quién la empezó. Ahora se habla de lo que viene después: viudas, divorcios y perfiles de citas. Un participante suelta que hay que prepararse para «la invasión de las viudas». Otro responde que, una vez acabe la guerra,
Ucrania será «un buen destino de
turismo sexual». Y un tercero dice que él ya se está planteando darse una vuelta por allí cuando acabe todo, aunque supone que estará lleno de gente con síndrome de trinchera. La conversación se ha movido del frente al mercado.
Qué se ha sabido
En este tramo no hay fuentes nuevas verificables. Se vuelve a enlazar la búsqueda de perfiles de
mujeres ucranianas en fdating, con el filtro de edad puesto hasta los 99 años. Un participante comenta que ha visto un perfil de una mujer de 29 que acepta hasta 75 años, y bromea con que él, con sesenta y tantos, es un pipiolo para ella. También se comparte un enlace a
una web para adultos, sin más comentario. Las cifras que aparecen son las de siempre: los 2,5 millones de muertos que se repiten sin fuente y el 70% de divorcios que se suelta sin respaldo. Un participante dice que en Ucrania ya están pensando en mandar mujeres al frente porque se están quedando sin carne para la trinchera. Otro cuenta que sus amigos ucranianos le han dicho que ellas no sabían cocinar y que era él quien tenía que hacerlo. Y otro asegura que las que están buenas se marcharon hace tiempo y que lo que queda es «mucha maruja, mucha fanática y mucha pava».
Dónde está la bronca
La bronca ya no es sobre la moral del hilo ni sobre si es verdad que reclutan mujeres. Ahora chocan dos visiones de la posguerra. Unos sostienen que las ucranianas que lleguen a Europa van a ser un problema: que vienen de un país muy jodido, que son «lobos oliendo sangre» y que van a desplumar a los hombres. Un participante dice que prevé muchos divorcios por toda Europa de aquí a cinco años y que prefiere seguir siendo un casi cuarentón cervecero con la dignidad intacta. Otro responde que la especie humana se habría extinguido si todos los hombres pensaran así. Y un tercero añade que él no podría estar con mujer alguna si pensara de esa manera.
La discusión sobre el carácter también se calienta. Un participante cuenta que tuvo una novia ucraniana relativamente normal, pero que tenía amigas que se liaban a hostias. Otro dice que tienen un carácter de mierda y que no quiere hacer de su casa un infierno. Y una participante responde que un porcentaje alto son «tipo zorra arisca», aunque reconoce que su novia ucraniana era normal. Frente a eso, otro participante hace una lista de supuestas virtudes: que ganan por belleza a las españolas, que son más cariñosas y fieles, y que la feminidad las acompaña. La cosa deriva hacia si las españolas son peores. Un participante dice que no las ganan ni con guerra, y otro responde que aquí también se ha apuntado mucha gente a la sustitución étnica y al utilitarismo del varón.
También hay quien rectifica. Un participante que antes decía que no quería saber nada de ucranianas ahora dice que, por mucho reparo que dé, parece más práctico que sea viuda: si el novio o el marido escapa del frente y aparece aquí convertido en una mezcla de Rambo y John Wick, te destripa mientras ella aplaude. Otro participante cuenta una experiencia en Polonia: dice que casi les secuestran, que eran tres hombres y acabaron saltando del taxi en un semáforo porque el taxista les dio mala espina. Y otro responde que no vaya nunca solo a sitios así.
Qué cambia respecto a antes
Lo que cambia es el tono. Ya no se discute si es verdad que reclutan mujeres ni si la guerra es justa. Ahora se da por hecho que la posguerra va a ser un mercado: viudas, divorcios y perfiles de citas. La predicción que se lanza es concreta: muchos divorcios en Europa de aquí a cinco años. Y entra un asunto nuevo: el miedo a que las ucranianas que lleguen sean un peligro para la tranquilidad de los hombres que las traigan. Un participante lo resume: si el marido escapa del frente y aparece aquí, te destripa. Otro responde que eso es una película. Y un tercero dice que ya se ha intentado muchas veces y que no funciona.
Una experiencia personal que vale la pena
Un participante cuenta que estuvo en Polonia con dos amigos y que acabaron saltando del taxi en un semáforo. Dice que el taxista les dio mala espina y que cuando paró para recoger a un amigo con ellos dentro, supieron que tenían que salir de ahí. Otro responde que no vaya nunca solo a un sitio así. Es el único testimonio directo de este tramo que no tiene que ver con citas ni con la guerra.