El desgaste ucraniano y el relato del abandono de sus parejas
La guerra de Ucrania se cuenta en proyectiles, drones y bajas. También, según una tesis que circula con fuerza, en parejas que no esperan. La afirmación es tajante:
el 70% de las mujeres que salieron del país para protegerse habrían abandonado a los maridos o compañeros que siguen en el frente y se habrían emparejado con extranjeros. La cifra se repite sin fuente verificable, colgada de un vídeo de una comentarista que firma como Maricel. De ahí sale la pregunta que ordena todo lo demás: ¿puede una retaguardia sentimental desmoronar un ejército antes que la falta de munición?
Qué es la hipergamia y por qué se usa contra el frente
El término que vertebra el argumento es
hipergamia: la idea de que las personas eligen pareja buscando estatus y recursos, y ascienden en cuanto aparece una opción mejor. Aplicada a una guerra, la lectura es que el hombre movilizado pierde atractivo —no ingresa, no está, puede morir— y que la mujer desplazada a un país rico encuentra ventajas inmediatas. Hay quien enmarca esto en la corriente
MGTOW, que anima a los hombres a desentenderse de las relaciones estables. Lo llamativo no es el vocabulario, sino dónde se coloca: en el corazón de la capacidad de combate.
La moral del soldado cuando la retaguardia se rompe
El razonamiento central es psicológico, no logístico. Un combatiente que sospecha que ya nadie lo espera pierde el motivo para arriesgar la vida. «¿Para qué estoy luchando?», resume ese estado de ánimo. Para darle peso se recurre a un precedente literario y real:
las memorias de la Primera Guerra Mundial del escritor Robert Graves, donde se recogen casos de soldados británicos que se derrumbaron al recibir cartas contándoles que sus mujeres se habían emparejado con los que se habían librado del frente. La Segunda Guerra Mundial añade otra estampa: las plumas blancas que se entregaban a los hombres que no iban a la guerra.
La duración es la variable que nadie controla. Una separación de meses se sostiene; una de años, con el marido en el frente y la mujer rehaciendo su vida en otro país, entra en otra categoría. Ese es el terreno donde la tesis gana fuerza emocional y pierde rigor: cuanto más larga se hace la contienda, más casos reales la alimentan sin que ninguno demuestre nada por sí solo.
El divorcio, la pensión y el cálculo económico
A la bioquímica del agravio se le añade una capa contable. El argumento: si una ruptura sale gratis o incluso rentable, el incentivo para romper es enorme. Se señala que, cuando la separación deja a una parte sin patrimonio ni custodia, la decisión se piensa dos veces; cuando la deja con pensión, herencia o vivienda, se simplifica. En un conflicto armado, la sospecha apunta a la pensión de viudedad del caído como motor silencioso. Es un reproche sin cifras públicas que lo sostengan: se formula como sospecha, no como dato. Conviene subrayarlo, porque el salto de la hipótesis a la certeza es justo lo que hace tan pegajoso este relato.
Penélope y el mito de la esposa que espera
La conversación desemboca en la literatura. La
Odisea deja a Penélope esperando muchos años a Ulises, símbolo universal de la fidelidad conyugal. Una lectura recuerda que a ese personaje lo escribió un hombre, y que la fidelidad heroica funciona mejor como ideal que como estadística. Otra añade un matiz: la moral no es acumulativa como la tecnología, y hay épocas en que se derrumba. Frente a ambas, una tercera corriente sostiene lo contrario, que hoy existen leyes, policía, educación obligatoria y castigos para la violencia que antes no había, de modo que la supuesta decadencia moral es en realidad un avance. Las tres posiciones no se anulan: cada una se refuerza con el caso que tiene delante.
Una guerra que también se libra en el relato
Bajo la disputa sentimental late otra, política. Una parte del análisis sostiene que Ucrania no pelea solo por su territorio, sino por un modelo social que muchos de sus propios soldados no comparten, y que eso multiplica la desafección. En esa línea se subraya una asimetría en el trato a los desplazados:
a los hombres ucranianos no se les reconoce como refugiados y sí se acoge a personas llegadas de otros continentes, mientras a quienes intentan salir se les retiene y se les envía al frente. También se discute el papel de la OTAN y de las potencias que arman y financian a Kiev, con Rusia como telón de fondo. Son afirmaciones que viajan en el mismo paquete que la cifra del 70%, con el mismo problema: ninguna viene con una fuente que permita comprobarla.
Con el frente sostenido a base de munición escasa y de reclutas que llegan a cuentagotas, la pregunta de si el desgaste viene de la logística o del desánimo sigue sin respuesta. El número del 70% no lo ha verificado nadie. Y tampoco se ha medido cuántos hombres dejaron de apretar el gatillo porque pensaban que en casa ya no quedaba quien los esperara.