El hilo se parte entre la clase magistral y la falta de consecuencias
El debate sobre el aula de 3ºESO se ha reabierto con fuerza en este tramo. Un participante, eL PERRO, ha contado su experiencia personal en Bachillerato: un profesor que llenaba la pizarra de garabatos ininteligibles, hablaba en voz baja y solo se preocupaba de que hubiera silencio. Su relato ha desatado una discusión sobre el método, la autoridad y el papel de la tecnología.
Qué se ha sabido
El hilo arranca con el testimonio de eL PERRO sobre sus años de Bachillerato: dos cursos enteros en los que, según cuenta, se pasó las clases de matemáticas sin entender nada porque el profesor se limitaba a escribir en la pizarra y hablar para sí mismo. Varios foreros han respondido a ese relato. Radiopatio ha recordado que el Bachillerato es una enseñanza voluntaria, no obligatoria por ley. Workforfood ha insistido en que antes también había fracaso escolar y ha señalado que en los años 80 y 90 había en las aulas personas con trastornos graves que ahora, dice, ni se mencionan. Peritta ha aportado su propia experiencia dando clases particulares a un chaval de 13 o 14 años a principios de los 90: el chico solo se defendía si alguien le leía el problema en voz alta; si tenía que leerlo él, no se enteraba de nada. Para Peritta, la explicación está en que la enseñanza se transformó en educación cuando los pedagogos desplazaron a los catedráticos de instituto a mediados de los 70.
El debate ha derivado también hacia el papel de la IA. Isolate ha sostenido que aprender a hacer integrales o derivadas a mano no tiene sentido porque una máquina lo hace en un segundo. El Buho le ha respondido que ese mismo argumento serviría para decir que no hace falta aprender a leer o escribir. Workforfood ha ido más lejos: si él fuera profesor, pondría a los alumnos a usar Gemini desde el primer día y él se limitaría a hacer de guarda y custodia.
Dónde está la bronca
La discusión se ha partido en dos frentes. Por un lado, quienes como eL PERRO y workforfood cargan contra la clase magistral: un profesor que no explica, que solo escribe y que no se preocupa de si los alumnos entienden. Por otro, quienes defienden que el problema no es el método sino la falta de disciplina y de consecuencias. Pepetemete ha intervenido para matizar que cuando habla de autoridad no se refiere a maltratar a los niños, sino a aplicar la autoridad de manera contundente cuando corresponda. También ha sostenido que el problema viene de dar todo el poder de decisión a un niño que todavía está desarrollando su carácter.
El Buho ha entrado al trapo contra quienes desprecian el valor de un doctorado. Ha contado que sus alumnos se los rifan en el extranjero y ha aclarado que él no es doctor en Física, sino en Matemáticas, con 30 años de docencia en la Universidad. Ecce Cecilio ha terciado para decir que, en su opinión, no hay doctores en Físicas o Matemáticas aguantando adolescentes maleducados en institutos, pero sí soportando a hijos de papá en universidades privadas. Zbigniew ha respondido con escepticismo sobre el valor de los títulos: dice que las etiquetas se regalan y que el nivel decae.
Qué cambia respecto a antes
El foco se ha movido del alumnado extranjero y de las necesidades educativas a la metodología del profesor y a la falta de autoridad. La predicción de que el debate derivaría hacia la tecnología se ha cumplido: la IA ya no es una amenaza abstracta, sino una propuesta concreta de workforfood para sustituir la clase magistral. También ha entrado un asunto nuevo: el valor del doctorado y la titulitis, a raíz de la condición de doctor en Física del profesor que describió el aula. Nadie ha resuelto nada; el hilo sigue partido entre quienes creen que el problema es el método y quienes creen que es la falta de consecuencias.
Una experiencia personal
Peritta ha contado que dio clase de matemáticas al hijo de una compañera de su hermana, un chaval de 13 o 14 años. Si él leía el problema dos o tres veces, el chico más o menos se defendía; si tenía que leerlo él, no se enteraba de nada. Al final, las clases consistían en hacerle leer el Marca mientras le preguntaba si al jugador del artículo lo fichaban o iba cedido. Su conclusión: no saben leer, no se enteran de lo que leen.