El foro cambia de película: del crimen al suicidio asistido
El hilo se muda en cuarenta mensajes. Deja el asesinato a un lado y se instala en el suicidio asistido. Alguien lo suelta en dos palabras y punto. Otro lo desarrolla, explica por qué un hotel es el sitio perfecto y por qué a él no le va a pasar nada. Y en medio aparece la pregunta que nadie había hecho: por qué no se contempla que los fármacos los sacara ella.
Qué se ha sabido
Nada forense. La autopsia sigue pendiente. Lo que entra aquí son cuentas y oficios.
Un participante asegura que
en muchas farmacias hospitalarias, a día de hoy, todavía queda un gran número de enfermeras —no técnicas de farmacia, que es un puesto más nuevo— y que entre sus cometidos está preparar este tipo de medicación. De ahí saca su conclusión:
el acceso de la enfermera era mayor que el del médico.
Otro reaprovecha el caso del fentanilo del Materno Infantil para dar una cifra: habla de un descuadre de unas
2.000 ampollas a lo largo de unos
diez años, de tres a cinco mililitros cada una. Lo pega y le saca punta por el lado de los pacientes que no recibieron esas dosis.
También cae un vídeo,
, que se comenta de pasada, y un usuario enlaza el buscador de fuentes de
El Mundo.
Un forero abre un frente nuevo: el despertar intraoperatorio. Dice que lo padecen miles de personas cada año en casi todos los hospitales del mundo, gente que no puede moverse ni gritar en medio de una operación, y que nadie ata cabos. Lo pone al lado de las fiestas privadas con analgésicos hospitalarios. De fondo, otras dos anécdotas: un conocido que viajaba a Cuba y se traía medio botiquín para regalar, y la idea de que con
la sociedad española del dolor hay morfina de sobra para quien la busque.
Dónde está la bronca
Primer choque: quién lo hizo posible. Se descarta al médico por escenario, pero nadie mira a la enfermera. Un participante pregunta por qué no se baraja que los sacara ella y avisa: «en cuanto a acceso os aseguro que tiene mucho más acceso la enfermera que el médico». Le contestan con la letra pequeña de la farmacia hospitalaria y le dan la razón.
Segundo choque: cómo murió. Aquí entra la tesis del suicidio asistido con mayúsculas. «Un hotel es ideal, al contar con total discreción y no causar problemas a familiares ni posibles herederos», razona uno, que añade que quizá eran amigos desde años atrás, que ella quiso saltarse el protocolo de la eutanasia y que a él las consecuencias se la traen floja por la edad y por el corporativismo de la profesión. Otro responde que «tiene toda la pinta, faltan muchos datos aún». Un tercero deja caer que todo esto puede ser un sondeo del medio: «Esto es un sondeo para ver si la noticia tiene repercusión y la gente especula. Mi teoría.»
Tercer choque: el juramento otra vez. Vuelve la constitución. Uno suelta que «en la Constitución está la base y fundamentos de casi todos los males que nos afligen como sociedad». Otro contesta que hay políticos que juran sobre ella. Y un tercero remata que a los sanitarios les pagamos las siestas a precio de oro. Se repite el reparto de siempre: los que separan juramento y ley, y los que lo meten todo en el mismo saco.
Cuarto: la experiencia. Un forero se lanza a contar cómo son esas sustancias por dentro. «A esas sustancias tenemos acceso ciento y la madre», escribe. «No se cogen porque todos sabemos cómo acaba el que lo hace.» Cuenta que muchos cirujanos y anestesistas creen que pueden controlarlo y que no se puede. Le preguntan por la sensación. Nadie le discute. Y otro apostilla que esos dos «lo habían probado muchas veces».
Teorías sueltas y anécdotas de pasillo
La hipótesis del componente sexual también asoma en esta tanda, aunque muy de refilón: alguien cree que hubo una práctica en la que el efecto sedante formaba parte del juego. No trae nada. Otro responde con un caso que no viene a cuento y que se comenta dos mensajes enteros: la mujer de Tennessee que ha sobrevivido a dos inyecciones letales. Un forero bromea con que esa mujer es bruja y otro pide que manden allí a los sanitarios del caso. Y hay quien resume el asunto con cine: mucho del peor Almodóvar y poco del mejor Tarantino.
Qué cambia respecto a antes
El vecino celador desaparece. Nadie lo menciona. La autoría del médico no se discute: el hilo da por hecho que no hubo asesinato. La predicción de la entrega anterior se cumple a medias, porque la pregunta sigue siendo de dónde salieron los fármacos, pero la respuesta se ha movido de sitio. Ya no es «el médico se los llevó», es «ella tenía más acceso que él». Y entra un marco nuevo: la eutanasia, el hotel como habitación discreta y el corporativismo médico como red. Ahí sigue la cosa, sin autopsia y sin un dato que cierre la puerta.