El hilo del millón por nacer deriva en un duelo por el libre albedrío
La cosa ya no va de si el millón se cobra o no. En los mensajes de este tramo, el hilo se ha partido en una pelea sobre si uno puede elegir algo en esta vida. Un forero que pide el millón para repartirlo con sus padres se pregunta quién lo pagará. Otro responde que solo los que tienen la cabeza mal se suicidan y que los padres pueden poner medios para no traer hijos. El autor del manifiesto insiste en que la conciencia no tiene un interruptor para apagarse y que el instinto de conservación es una tiranía. Y un tercero le espeta que si tan malo es nacer, por qué no se baja del tren de la vida. A partir de ahí, el intercambio se convierte en un cruce de citas y reproches sobre quién se contradice.
Qué se ha sabido
En este tramo no hay enlaces, tuits ni vídeos. Lo que aparece son mensajes y más mensajes. Un participante propone pedir
un millón de euros y repartirlo con sus padres. Otro responde que solo sacará
un millón de Mortadelos impresos en casa y sin convertibilidad a euros. El autor del manifiesto concreta que las Leyes Nandianas son «claras» y que los progenitores deben pagar «con sus vísceras». Un forero cuenta que su principal preocupación en esta existencia es el sacrificio diario de millones de animales sintientes y admite que el autor está a punto de convencerle. Otro participante relata que creció en una buena familia y que sus padres siempre fueron buenos con él, aunque pasó por una época de dudas parecidas. Y alguien más pregunta si, aun con todo, no siente amor por sus padres.
Dónde está la bronca
El choque central es sobre la voluntad. El autor del manifiesto sostiene que la conciencia no puede apagarse como un interruptor y que el instinto de conservación impone un sufrimiento terrible. Su interlocutor replica que eso es cobardía disfrazada de instinto y que él mismo no tiene ese fusible fundido, así que si quisiera bajarse del mundo lo haría de otra forma. El autor responde que no es un autómata necesitado de consuelo, sino «el pequeño y dulce Nando, un Niño Lunar arrojado a la parodia de la carne». El otro le acusa de exigir a la víctima una voluntad sobrehumana mientras amnistía a los progenitores por su impulso reproductivo. El autor contraataca: si el acto es unilateral y condena a un tercero, no debe ejecutarse. Y cuando le preguntan por qué no se quita la vida, responde que la conciencia ya está confinada y que el sustrato animal impone sufrimiento. Hay quien le espeta que si se alimenta y evita el peligro, está dando su plácet a la vida. La discusión se enreda en un cruce de citas sobre quién altera los mensajes y quién se contradice. Un participante resume que el hilo solo presenta «una sarta de gilipolleces calibre XXXL». Otro sentencia que el autor «no tiene argumentos» y que da pena. El autor responde que no hay una sola contradicción en toda su participación. Y así, página tras página.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el debate era sobre el consentimiento imposible y la cifra. En este tramo entra con fuerza el asunto del libre albedrío: si uno puede elegir no tener hijos, por qué no puede elegir no vivir. También aparece el caso del forero que creció en una buena familia y que, aun así, pasó por dudas parecidas. Y entra en escena el sacrificio de animales sintientes como preocupación principal de un participante, que admite que el autor está a punto de convencerle. La discusión sigue sin resolverse, pero el foco se ha desplazado de la indemnización a la voluntad.
El cálculo que nadie sabe hacer
Un forero propone pedir un millón y repartirlo con sus padres. Otro responde que solo sacará un millón de Mortadelos impresos en casa. El autor insiste en que la Ley Nandiana es concisa: un millón de euros por ser arrojado a este erial. Y alguien más sugiere pedir diez millones, aunque luego los padres mueran del susto y toque pagárselo a uno mismo. Nadie concreta cómo se cobra ni con qué moneda se salda una conciencia impuesta.