El acoso no es por intentar ligar con engaño.
En la propia noticia dice que el astuto lo había intentado 5 veces con la misma.
Y aquí el debate podría ser hasta qué punto pueda ser molesto que alguien se te acerque una y otra vez a intentar ligar si ya se le ha rechazado las 4 primeras veces: ¿estamos ante un «déjeme en paz», o ante una denuncia penal?
¿Dónde está el límite? ¿5 son muchas o el umbral está en 6? ¿8?
Pongámoslo al revés: imagine que una señora del barrio se le acerca (a usted, hombre) así como «casualmente» con una excusa de película de Ozores para acabar intentando llevárselo al huerto. Usted, estimado lector, ¿qué le parece? ¿Que la señora es un orco de Mordor, o que ya tiene pareja o por lo que sea declina la invitación con educación, la despacha como puede y sigue su camino?
Pero una semana después vuelve a cruzarse con la misma señora y otra vez el mismo escenario: le pregunta por la caja rural, por el kiosco o le habla sobre el canto de los una manola para repetir la propuesta de cita y la vuelve a despachar.
Y otro día vuelve a aparecer la misma señora, tercera vez ya. En el horizonte se ve a esta señora dirigirse hacia usted, y usted, que ya se conoce el percal, intenta esquivarla como puede; ya le ha dicho que no 2 veces y ya empieza a resultarle molesto tener que andar esquivando gente. Le alcanza, la educación ante todo, y la despacha como buenamente puede; ser más contundente podría ser incluso peor, a ver si encima todavía se come uno una denuncia.
Cuarta vez ya, nuestro protagonista no iba vigilando los 360º del recorrido y aparece nuestra leona y sorprende a nuestra gacela por detrás y empieza a desplegar toda su labia mientras pone una mano en el hombro de nuestro galán con las mismas intenciones que las 3 veces anteriores. Que te toque el hombro esta persona insistente te hace sentir especialmente incómodo; intentas hacer la cobra para esquivar su mano, la despachas con mucha menos paciencia que las veces anteriores, la paciencia se acaba.
Quinta vez, volvemos a pasar por la misma calle, la misma señora, se te agota la paciencia y tienes pocas opciones: si la mandas a paseo todavía eres el malo de la película, pero tienes claro que no estás dispuesto a una sens, séptima, octava vez. Llamas a la policía y le cascas una denuncia por acoso: ¡Déjeme en paz, señora!
Lo mismo para un hombre que para una mujer.
De todos modos, judicialmente es probable que no tenga mucho recorrido, como muchas otras situaciones incómodas del día a día, pero, legalidad o no, puedo entender que a alguien le resulte muy molesta la insistencia recalcitrante de este tipo y haya movido ficha.