Imaginemos que en los próximos 5 años se construyen 800.000 viviendas y a la vez se crean 800.000 nuevos hogares. En la teoría y sobre el papel, habríamos resuelto el problema de oferta/demanda o, al menos, habríamos alcanzado cierto equilibrio.
El problema real surge cuando de esas 800.000 viviendas construidas, 500.000 son adquiridas con fines meramente especulativos o por grandes tenedores/fondos. En ese instante se rompe por completo la lógica del mercado y el "invento" vuelve a fallar (algo que, por cierto, ya hemos visto suceder en los últimos ciclos inmobiliarios).
Por esa razón, regular la compra de vivienda es una medida imprescindible:
- Hay que poner freno a la compra especulativa para que las viviendas construidas cumplan su función social prioritaria: ser habitadas por quienes las necesitan.
- Esto no es ninguna utopía ni "comunismo"; es algo que ya aplican o regulan diversos países y ciudades europeas con marcos jurídicos muy asentados.
- No son medidas excluyentes: Regular el destino/uso del suelo y de la compra de vivienda puede y debe convivir perfectamente con seguir construyendo. Nadie está diciendo que no se deba edificar; lo que se sostiene es que edificar sin control sobre quién compra y para qué compra solo alimenta el problema.