López viene del latín lupus
Sancho de sanctis, también del latín
Gutiérrez del germano
No los veo con malos ojos pero no son originariamente españoles si a eso quieres llegar.
En cambio los vascos sí.
Con Sabino Arana vivo y gobernando hoy, el País Vasco no tendría la diversidad que tiene hoy. Por eso para mí es un gran hombre.
Primero: “López viene del latín lupus, Sancho de sanctis, Gutiérrez del germano… no son originariamente españoles”.
Claro, claro. Y tú vienes del mono, el pan del trigo y el agua del hidrógeno, así que tampoco eres originariamente humano. Enhorabuena, acabas de descubrir que la Península Ibérica ha sido un cruce de caminos desde que el primer íbero se cayó de un árbol. Íberos, fenicios, cartagineses, Romanos, visigodos, suevos, alanos, y hasta cuatro vikingos perdidos que se quedaron porque aquí el vino estaba más barato. Si buscas un apellido “puramente español” te vas a quedar mirando la pared en blanco, porque eso no existe. Ni siquiera “García”, que es tan español que duele, tiene un origen limpio y virginal. Bienvenido a la historia real, colega: lo de la pureza étnica vasca es un invento de gente que no ha leído más allá del primer trinc de Sabino.
Segundo: “En cambio los vascos sí”.
Ah, sí. Los vascos, esa raza milenaria que bajó del cielo en una txapela y nunca se mezcló con nadie. Qué bonito cuento. Resulta que la genética dice que los vascos también tienen de todo: un poquito de esto, un poquito de aquello, y un montón de vecinos que se relacionaron entre sí durante siglos porque, sorpresa, la gente se mueve.
Sabino Arana no descubrió la pureza vasca: se la inventó con el mismo entusiasmo que los nombres que hemos citado. Y lo hizo odiando a los “maketos” (españoles).
Lo de que las Vascongadas “No tendrían latinos hoy” (supongo que te refieres a los hispanoamericanos) pues quizás.
Pero tampoco tendría españoles de otras regiones, ni nadie que no pasara el test de pureza de 1895. Qué paraíso. Seguro que el desempleo, la corrupción y el aburrimiento también desaparecerían por arte de magia.
Sabino Arana no es un “gran hombre”. Es el típico nacionalista separatista del siglo XIX que leyó cuatro libros de raza y decidió que su pueblo era el elegido y el resto eran contaminantes. Inventó banderas, inventó mitos, inventó odios y sobre todo, inventó la idea de que la identidad se defiende expulsando al que piensa diferente.