De la inflación a Ceuta: el guion que se repite cada trimestre
La previsión no necesita bola de cristal. Suba la
inflación, salte un caso de
corrupción, vuelva el ruido sobre el fraude electoral o regrese
Ceuta a los titulares: la respuesta será idéntica. El diagnóstico que circula estos días lo resume sin adornos: cualquier asunto que apriete al Gobierno termina reconducido hacia la oposición y sus casos. Y mientras, la derecha, en su versión parlamentaria y mediática, se pelea consigo misma.
Es una tesis
cínica. Y precisamente por eso funciona como marco de lo que viene.
La lista de frentes que no se cierran
El inventario es largo y variado. La
Dana, la gestión del hermano del presidente, el apagón, un comité de expertos cuya existencia real se discute,
Plus Ultra, las mascarillas, la supuesta cloaca interna, la negativa a colaborar con la justicia, el fiscal general, el caso Cerdán. Cada uno por separado tiene su recorrido judicial; en conjunto, sostienen quienes siguen el asunto, dibujan un patrón.
A eso se suma el episodio del intermediario que declaró y cuyo vehículo apareció con impactos de bala, traído a colación como termómetro del
clima. Las amenazas a mandos de la Guardia Civil y las supuestas conexiones con narcotraficantes para presionar a juezas completan el relato, en todos los casos en fase de investigación.
Maricarmen, Ayuso y quién escribe el guion
El otro frente es el de la comunicación. En una entrevista emitida por
RTVE, una persona identificada como Maricarmen señala a Pedro Sánchez como responsable de lo que le ocurre. La escena se ha convertido en
meme y en argumento.
De ahí sale la pieza más repetida: la idea de que
Isabel Díaz Ayuso funciona como
monigote de un ventrílocuo que escribe el guion desde su equipo, con
Miguel Ángel Rodríguez señalado como autor material de las líneas. Que el señalamiento sea ajustado o una simplificación es, hoy, lo de menos: ha calado como etiqueta.
Dónde se atasca el pronóstico
La parte incómoda llega al hablar de la oposición. Hay quien sostiene que la estrategia correcta es el silencio: no meter la pata, dejar que el desgaste lo hagan los tribunales, la
UCO y la prensa, y llegar al Gobierno con los deberes hechos. Otros creen que ese silencio equivale a una rendición.
Y ahí se para el cálculo. Con esta acumulación de frentes, la moción de censura o la dimisión deberían llevar meses encima de la mesa. No están. Nadie termina de explicar qué falta.