Los nombres en euskera no me gustan nada

Los nombres en euskera no me gustan nada
@Godofredo1099 dices :

"Agurtzane – Concepción / Pura"

Agurtzane viene con la raiz "agur" que quiere decir saludar u honrar , por lo que su traducción castellana sería ADORACIÓN.

Concepción en euskera sería "Sorkunde" , o más bien lo sería " María de la Concepción".
También he leído que equivale a Nuestra Señora del Rosario en el santoral sabiniano.
 
La grafía se adapta y se acomoda al lenguaje hablado. Si no existe el sonido V, se elimina. Si no existe el sonido ce y ci del español se elimina y se deja una única letra, la K, para ca, que, qui, co, cu y la Z para za, ze, zi, zo, zu (distinta pronunciación que el español). Si no hay palatalización en todos los dialectos, se deja la N y la L y se evita la Ñ y la LL y cada uno lo pronuncia como lo considere (ba-i-na o ba-ña). Si con S/Z/X vale, no hace falta usar ç o tch, se usa TS/TZ o TX y de milagro no se cargaron la H.

Tú lo llamas distinción respecto al español (ombliguismo), yo lo llamo simplificación y pragmatismo pues se basa en la adaptación ortográfica a una lengua que no es el español.
La ortografía nunca se “adapta” de forma neutra al habla. Todas las lenguas conservan convenciones históricas, etimológicas y de prestigio. Decir “si no hay sonido V, se elimina” o “si no hay palatalización universal, fuera Ñ y LL” es una elección ideológica, no una necesidad. El español también tiene hablantes que confunden b/v, s/z o y/ll y, sin embargo, mantiene esas letras porque la escritura no es un espejo fonético instantáneo.
Usar solo K, Z, TX, TZ y conservar la H “de milagro” no es simplicidad, es intentar marcar distancia visual y simbólica con el español. Eso se llama distinción, no pragmatismo. El pragmatismo habría sido mantener un sistema ya legible para millones de hablantes y lectoescritores, no inventar uno nuevo para sentirse “otra lengua”.
 
A mí lo que me fascina de ese submundo de personas con ropa Quechua, aretes y flequillos con hacha, es que hasta tienen una tipografía unificada. Si eso no es ser tribu, no se me ocurre qué puede ser.

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Una tipografía horrible, como todo lo vasco. Recuerdo que la llevaba Zubizarreta cuando fallaba goles, y pensabas en la mala calidad de las letras...
 
No se entiende que alguien considere a este grupo como 'genuinamente españoles' cuando tienen una identidad distinta. Los romanos los describían como un pueblo peculiar. Otros pueblos defendieron su territorio; ellos no tenían un solar claro que defender y buscaron alianzas pragmáticas. Han intentado apropiarse de identidades cántabras. Algunos rasgos culturales, como el irrintzi o la txalaparta, tienen paralelismos con tradiciones norteafricanas.
 
La ortografía nunca se “adapta” de forma neutra al habla. Todas las lenguas conservan convenciones históricas, etimológicas y de prestigio. Decir “si no hay sonido V, se elimina” o “si no hay palatalización universal, fuera Ñ y LL” es una elección ideológica, no una necesidad. El español también tiene hablantes que confunden b/v, s/z o y/ll y, sin embargo, mantiene esas letras porque la escritura no es un espejo fonético instantáneo.
Usar solo K, Z, TX, TZ y conservar la H “de milagro” no es simplicidad, es intentar marcar distancia visual y simbólica con el español. Eso se llama distinción, no pragmatismo. El pragmatismo habría sido mantener un sistema ya legible para millones de hablantes y lectoescritores, no inventar uno nuevo para sentirse “otra lengua”.
La cosa es que el euskera se estandarizó en el siglo XX y se podía permitir ciertas licencias. Por otro lado, tienes a autores vascos escribiendo la misma palabra de diferentes formas (incluso al mismo autor escribiendo de diferente forma la misma palabra) por lo que no había un sistema estandarizado ya legible.

El español también tuvo sus cambios y adaptaciones (se escribía ç, palabras como gobierno que se escribían con V pasaron a B, etc).

El mismo Nebrija escribió Sarracena (sarracena), ebraica (hebraica), agora (ahora), monarchia (monarquía), Reies (reyes), etc.

PD: La Ñ existe cuando no hay palatalización.

El español no es el centro del mundo ¿Sabes? Aparte que el euskera también se escribió a la francesa. Dos sistemas ortográficos que no tienen en cuenta ciertos sonidos que si tiene el euskera.

1. Las propuestas pioneras (Siglos XVI y XVII)​

Antes de que existiera la Real Academia Española (RAE), autores como Gonzalo Correas o Mateo Alemán impulsaron reformas radicales. Correas, por ejemplo, propuso en 1630 eliminar la h, reemplazar la y por la i vocálica y unificar los sonidos de la c, k y q en una sola letra para simplificar el aprendizaje de la lectura.

2. La Reforma de Andrés Bello y la «Ortografía Chilena» (1823–1927)​

Fue la iniciativa de simplificación más exitosa e importante de Hispanoamérica. Elaborada por el sabio venezolano Andrés Bello y el colombiano Juan García del Río, buscaba facilitar la alfabetización en América Latina.

Lo que proponía:

  • Eliminar la h muda (escribir ombre o ueso).
  • Eliminar la u muda de las combinaciones que, qui, gue, gui (escribir qeso o gerra).
  • Sustituir la y por la i en uso vocálico (i, rei).
  • Escribir siempre j para el sonido fuerte (jeneral, Jiménez).
Su impacto:

Chile la adoptó de forma oficial en 1844 y se extendió a países como Argentina, Colombia, Ecuador y Venezuela. Se mantuvo vigente durante más de 80 años, hasta que Chile reinstauró la ortografía de la RAE en 1927 para unificar criterios con el resto de la comunidad hispanohablante.

3. Juan Ramón Jiménez y la «jota» (Siglo XX)​

El poeta español (Premio Nobel de Literatura en 1956) adoptó por convicción personal una reforma simplificada en sus propias obras. Escribía siempre j en lugar de g delante de e e i (jeografía, jente), además de sustituir la b por la v en ciertas palabras por razones éticas y de sencillez gráfica.

4. Gabriel García Márquez (1997)​

En el I Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas (México), el Premio Nobel colombiano encendió un célebre debate con su discurso «Botella al mar para el dios de las palabras»:

(mensaje citado en revisión)
García Márquez proponía concretamente eliminar la h muda, erradicar la g con sonido de j, y asimilar las confusiones entre b / v o c / s / z. Aunque provocó controversia, no derivó en cambios oficiales por parte de las academias.

¿Por qué nunca se aprobaron del todo?​

La RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) han ido simplificando la ortografía gradualmente (como la eliminación de la tilde en solo o los monosílabos), pero rechazan un cambio radical por dos razones principales:

  1. Unidad del idioma: El español se habla en más de 20 países con dialectos muy distintos. Una ortografía puramente fonética rompería la unidad escrita (por ejemplo, el seseo hispanoamericano provocaría la pérdida de distinción gráfica entre palabras como casa y caza).
  2. Etimología e historia: La ortografía actual conserva las raíces grecolatinas de las palabras, lo que ayuda a reconocer la familia de palabras e interconectar el español con otras lenguas romances.
 
Última edición:
Los nombres de los vascos en el Siglo XVI, Martín, Ana, Catalina, Domingo...
 

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La cosa es que el euskera se estandarizó en el siglo XX y se podía permitir ciertas licencias. Por otro lado, tienes a autores vascos escribiendo la misma palabra de diferentes formas (incluso al mismo autor escribiendo de diferente forma la misma palabra) por lo que no había un sistema estandarizado ya legible.

El español también tuvo sus cambios y adaptaciones (se escribía ç, palabras como gobierno que se escribían con V pasaron a B, etc).

El mismo Nebrija escribió Sarracena (sarracena), ebraica (hebraica), agora (ahora), monarchia (monarquía), Reies (reyes), etc.

PD: La Ñ existe cuando no hay palatalización.

El español no es el centro del mundo ¿Sabes? Aparte que el euskera también se escribió a la francesa. Dos sistemas ortográficos que no tienen en cuenta ciertos sonidos que si tiene el euskera.

1. Las propuestas pioneras (Siglos XVI y XVII)​

Antes de que existiera la Real Academia Española (RAE), autores como Gonzalo Correas o Mateo Alemán impulsaron reformas radicales. Correas, por ejemplo, propuso en 1630 eliminar la h, reemplazar la y por la i vocálica y unificar los sonidos de la c, k y q en una sola letra para simplificar el aprendizaje de la lectura.

2. La Reforma de Andrés Bello y la «Ortografía Chilena» (1823–1927)​

Fue la iniciativa de simplificación más exitosa e importante de Hispanoamérica. Elaborada por el sabio venezolano Andrés Bello y el colombiano Juan García del Río, buscaba facilitar la alfabetización en América Latina.

Lo que proponía:

  • Eliminar la h muda (escribir ombre o ueso).
  • Eliminar la u muda de las combinaciones que, qui, gue, gui (escribir qeso o gerra).
  • Sustituir la y por la i en uso vocálico (i, rei).
  • Escribir siempre j para el sonido fuerte (jeneral, Jiménez).
Su impacto:

Chile la adoptó de forma oficial en 1844 y se extendió a países como Argentina, Colombia, Ecuador y Venezuela. Se mantuvo vigente durante más de 80 años, hasta que Chile reinstauró la ortografía de la RAE en 1927 para unificar criterios con el resto de la comunidad hispanohablante.

3. Juan Ramón Jiménez y la «jota» (Siglo XX)​

El poeta español (Premio Nobel de Literatura en 1956) adoptó por convicción personal una reforma simplificada en sus propias obras. Escribía siempre j en lugar de g delante de e e i (jeografía, jente), además de sustituir la b por la v en ciertas palabras por razones éticas y de sencillez gráfica.

4. Gabriel García Márquez (1997)​

En el I Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas (México), el Premio Nobel colombiano encendió un célebre debate con su discurso «Botella al mar para el dios de las palabras»:


García Márquez proponía concretamente eliminar la h muda, erradicar la g con sonido de j, y asimilar las confusiones entre b / v o c / s / z. Aunque provocó controversia, no derivó en cambios oficiales por parte de las academias.

¿Por qué nunca se aprobaron del todo?​

La RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) han ido simplificando la ortografía gradualmente (como la eliminación de la tilde en solo o los monosílabos), pero rechazan un cambio radical por dos razones principales:

  1. Unidad del idioma: El español se habla en más de 20 países con dialectos muy distintos. Una ortografía puramente fonética rompería la unidad escrita (por ejemplo, el seseo hispanoamericano provocaría la pérdida de distinción gráfica entre palabras como casa y caza).
  2. Etimología e historia: La ortografía actual conserva las raíces grecolatinas de las palabras, lo que ayuda a reconocer la familia de palabras e interconectar el español con otras lenguas romances.
Vamos a dejar las cosas claras de una vez, sin sentimentalismos.
Esa retórica que intenta igualar la historia ortográfica del vascuence con la del español no es más que un ejercicio de relativismo. Se sostiene sobre una premisa falsa: que todas las lenguas merecen el mismo trato histórico por el mero hecho de existir. Las lenguas se miden por su capacidad de generar cultura escrita continua, por su proyección y por la solidez de sus instituciones. El español las tiene; el vascuence, hasta hace poco, no.
Que el vascuence se “estandarizara” en el siglo XX no es una muestra de flexibilidad creativa. Es la confesión de una carencia secular. Mientras el español contaba desde el siglo XIII con scriptoria reales, desde 1492 con la primera gramática de una lengua romance impresa y desde 1713 con una Academia que imponía normas con el peso del Estado, el vascuence se contentaba con grafías prestadas, oscilantes y dependientes. Euskaltzaindia nace en 1919; el batua se fija en 1968. Eso no es “licencia”: es improvisación tardía de una lengua que nunca generó por sí sola un sistema gráfico autónomo ni una tradición literaria comparable en continuidad y proyección. Llamar a eso “estandarización con cultura” es como llamar arquitectura a un cobertizo levantado cuando ya llueve.
La variación de los autores vascos —el mismo escritor escribiendo la misma palabra de tres formas distintas— no es un dato anecdótico. Es la prueba de que no existía sistema. No había autoridad, no había consenso, no había continuidad. Se escribía como se podía, con el alfabeto castellano o francés a mano, adaptando a oído sonidos que esas lenguas no necesitaban representar con precisión. Eso no es riqueza dialéctica: es dependencia. El español por el contrario, transitó de la anarquía medieval a la fijación nebrisense y académica con una lógica propia. Nebrija escribió sarracena, ebraica, agora, monarchia y Reies porque estaba construyendo el edificio, no porque el edificio no existiera. Sus propuestas fonetistas fueron el punto de partida de un proceso que la Academia consolidó con rigor. Comparar esa evolución con el caos gráfico vasco anterior a 1968 es ignorar la historia de la lengua.
La ñ no “existe cuando no hay palatalización”. Existe precisamente porque el castellano resolvió de forma elegante y temprana la representación de la nasal palatal, convirtiendo una abreviatura medieval en letra propia. El vascuence, mientras tanto, necesitaba recurrir a dígrafos o a convenciones ajenas. Y sí: el vascuence se escribió “a la francesa” o “a la castellana” porque no tenía otra cosa. Dos sistemas romances que, efectivamente, no estaban diseñados para sus sibilantes ni para sus aspiradas. Pero eso no demuestra superioridad fonológica del vascuence, demuestra que carecía de tradición gráfica propia. Cuando por fin se inventó una ortografía “autóctona” en el siglo XX, lo hizo sobre el andamiaje de las lenguas que durante siglos lo habían sostenido. No es autonomía: es préstamo con retrat.
El español no necesita ser “el centro del mundo” para ser lo que es: la lengua de un imperio que proyectó su cultura, su derecho y su literatura a escala planetaria. El vascuence, con todos los respetos a su antigüedad relativa y a su vitalidad local, no generó nada comparable. Pretender que su tardía normalización ortográfica es equivalente a la evolución del español es un acto de vanidad identitaria que confunde supervivencia con grandeza. Las lenguas no se igualan por decreto ni por victimismo histórico. Se miden por lo que han escrito, por lo que han impuesto y por la continuidad de su norma. En eso, el español lleva siglos de ventaja.
 
Vamos a dejar las cosas claras de una vez, sin sentimentalismos.
Esa retórica que intenta igualar la historia ortográfica del vascuence con la del español no es más que un ejercicio de relativismo. Se sostiene sobre una premisa falsa: que todas las lenguas merecen el mismo trato histórico por el mero hecho de existir. Las lenguas se miden por su capacidad de generar cultura escrita continua, por su proyección y por la solidez de sus instituciones. El español las tiene; el vascuence, hasta hace poco, no.
Que el vascuence se “estandarizara” en el siglo XX no es una muestra de flexibilidad creativa. Es la confesión de una carencia secular. Mientras el español contaba desde el siglo XIII con scriptoria reales, desde 1492 con la primera gramática de una lengua romance impresa y desde 1713 con una Academia que imponía normas con el peso del Estado, el vascuence se contentaba con grafías prestadas, oscilantes y dependientes. Euskaltzaindia nace en 1919; el batua se fija en 1968. Eso no es “licencia”: es improvisación tardía de una lengua que nunca generó por sí sola un sistema gráfico autónomo ni una tradición literaria comparable en continuidad y proyección. Llamar a eso “estandarización con cultura” es como llamar arquitectura a un cobertizo levantado cuando ya llueve.
La variación de los autores vascos —el mismo escritor escribiendo la misma palabra de tres formas distintas— no es un dato anecdótico. Es la prueba de que no existía sistema. No había autoridad, no había consenso, no había continuidad. Se escribía como se podía, con el alfabeto castellano o francés a mano, adaptando a oído sonidos que esas lenguas no necesitaban representar con precisión. Eso no es riqueza dialéctica: es dependencia. El español por el contrario, transitó de la anarquía medieval a la fijación nebrisense y académica con una lógica propia. Nebrija escribió sarracena, ebraica, agora, monarchia y Reies porque estaba construyendo el edificio, no porque el edificio no existiera. Sus propuestas fonetistas fueron el punto de partida de un proceso que la Academia consolidó con rigor. Comparar esa evolución con el caos gráfico vasco anterior a 1968 es ignorar la historia de la lengua.
La ñ no “existe cuando no hay palatalización”. Existe precisamente porque el castellano resolvió de forma elegante y temprana la representación de la nasal palatal, convirtiendo una abreviatura medieval en letra propia. El vascuence, mientras tanto, necesitaba recurrir a dígrafos o a convenciones ajenas. Y sí: el vascuence se escribió “a la francesa” o “a la castellana” porque no tenía otra cosa. Dos sistemas romances que, efectivamente, no estaban diseñados para sus sibilantes ni para sus aspiradas. Pero eso no demuestra superioridad fonológica del vascuence, demuestra que carecía de tradición gráfica propia. Cuando por fin se inventó una ortografía “autóctona” en el siglo XX, lo hizo sobre el andamiaje de las lenguas que durante siglos lo habían sostenido. No es autonomía: es préstamo con retrat.
El español no necesita ser “el centro del mundo” para ser lo que es: la lengua de un imperio que proyectó su cultura, su derecho y su literatura a escala planetaria. El vascuence, con todos los respetos a su antigüedad relativa y a su vitalidad local, no generó nada comparable. Pretender que su tardía normalización ortográfica es equivalente a la evolución del español es un acto de vanidad identitaria que confunde supervivencia con grandeza. Las lenguas no se igualan por decreto ni por victimismo histórico. Se miden por lo que han escrito, por lo que han impuesto y por la continuidad de su norma. En eso, el español lleva siglos de ventaja.
A ver burbubot, tú mismo me estás diciendo que el español parte de una anarquía medieval hasta que las instituciones ponen orden por puro pragmatismo lingüístico.
El euskera batua hace lo mismo con lo aportado por diferentes autores hasta que se fija lo que hay hoy que tampoco difiere mucho salvo ciertos cambios que simplifican la ortografía y que ya mencioné. Que no tuviera apoyo institucional fue un hándicap, obvio, pero para nada es diferente a lo que le pasó al castellano por mucho que con el euskera se tardara más.
Una institución acaba marcando las reglas, se llame RAE o Euskaltzaindia.
Yo no he hablado de superioridad fonológica, sino de diferencia fonológica.

Estás mezclando procesos lingüísticos que toda lengua estandarizada tiene con el apoyo institucional que tienen las lenguas y los efectos que eso tiene en las demás lenguas (diglosia).
 
¿Y el resto? ojitos:
Que la onomástica cambia y que estuvo regulada por la iglesia está claro.
El resto no los analicé por no sobrecargar mi mensaje, pero ya que te empeñas ahí voy.

El nombre de pila Paloma existe formalmente desde la Edad Media, aunque su uso masivo y popularidad global se consolidaron a partir del siglo XVIII impulsados por la devoción religiosa.

El nombre de pila Jacinto existe desde la Antigua Grecia, originado a partir del término mitológico y botánico Hyákinthos (Ὑάκινθος).
Cultura Hispánica: Comenzó a usarse de forma regular como nombre de bautismo durante la época medieval y se consolidó en los registros civiles y parroquiales de España y América Latina a lo largo de los siglos.


El nombre de pila Violeta existe desde la antigüedad, derivado del latín abusa (la flor de la violeta), aunque su gran popularidad moderna despegó en el siglo XIX gracias a la ópera La Traviata de Giuseppe Verdi.

El nombre de pila Silvestre existe en España desde la época de la Hispania romana y se consolidó en la península ibérica durante la Edad Media.
Expansión (Siglos XII y XIII): Está documentado que el nombre era común en el Reino de Aragón durante el medievo. Desde allí se extendió con fuerza hacia el Reino de Valencia durante las campañas de repoblación del rey Jaime I en el siglo XIII. Con el tiempo, este nombre de pila dio origen también al apellido homónimo.
El uso de "Valle" como nombre de pila en España proviene históricamente de las advocaciones marianas de la Virgen del Valle, cuyo culto se remonta a la Edad Media. Aunque funcionó principalmente como apellido toponímico, su uso como nombre de pila femenino se consolidó de manera más notable a lo largo del siglo XX.



El nombre de pila Alba existe en España desde la Edad Media como nombre de uso minoritario o nobiliario, pero comenzó a popularizarse de forma masiva a finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo XX.
Edad Media: Empezó a utilizarse de manera esporádica en familias nobles de España e Italia, además de estar muy ligado a la toponimia y al histórico Ducado de Alba, creado en el siglo XV.

El nombre de pila Luna existe en España desde la época medieval (siglo xv), aunque su uso masivo y popularidad como nombre de recién nacidas comenzó a finales de la década de 1990 y principios de los años 2000.

El nombre de pila compuesto María del Mar comenzó a usarse de forma generalizada en España a partir del siglo XIX, impulsado por la devoción a las advocaciones marianas locales vinculadas a la Virgen como "Estrella del Mar" (Stella Maris).

El nombre de pila Mar existe desde la antigüedad por su origen en la palabra latina mare (mar), pero como nombre propio femenino independiente comenzó a popularizarse de forma masiva en el mundo hispanohablante a partir de las décadas de 1970 y 1980.


Resumiendo, que de los doce nombres que pusiste, casi todos existen desde la Edad Media o antes, el más moderno es del siglo xix y sólo cuatro (Alba, Valle, Mar y Luna) tuvieron su explosión de popularidad en el siglo xx.
 
Si eres vasco y no separatista (jetzalde o abertzale), te sugiero ponerle a tus descendientes nombres convencionales.
Uno de mis mejores amigos es de Bilbao, se llama igual que yo, Ricardo, para diferenciarnos en grupo, le bauticé (euskaldunicé) como Rikardoak.

Buenas risas, buenos vinos y buenas comidas nos damos con la tontería.
 
Son nombres que se empiezan a usar a finales de los años 70, igual que los nombres guanches en Canarias, no los tiene prácticamente nadie que haya nacido antes de esa época, salvo que se haya cambiado el nombre en el Registro Civil.
Tanausú se llama un pariente mío. Y algún otro hay con esa tontería
 
Son nombres que se empiezan a usar a finales de los años 70, igual que los nombres guanches en Canarias, no los tiene prácticamente nadie que haya nacido antes de esa época, salvo que se haya cambiado el nombre en el Registro Civil.
Es por que en el Franquismo estaba prohibido ponerlos, a los que les pusieron nombres exoticos antes de 1939 tambien se los cambiaron a la fuerza.
 

Cuaterbac, el Perro, El Perro Viene, Mr White....

este tipo hasta que le quitaron el corcho del [...] se pasaba aqui el [...] dia metido. No es ni medio normal la nomina de multinicks que tiene y el numero de posts de cada uno de ellos. Luego llora porque no avanza en la vida.... normal, el tiempo se lo pasa aqui metido.
 

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