Ni magia ni sorteos: concurso de méritos.
Hay miles de esos en la función pública. No me invento algo nuevo. Hay mil baremos funcionando desde hace muchos años. Yo mismo solía superar uno para ganarme mi plaza anual de profesor asociado a una universidad pública. No hablo de oposiciones, hablo de algo que no tiene ni examen ni tribunal y que consiste en presentar un currículum ante una rúbrica concursal.
Y es que se pueden ameritar las cosas como el valor del individuo ante la sociedad.
No todo el mundo tiene la misma función social, relevancia productiva, conciencia colectiva, seguidores en las redes, palmarés deportivo, huella ecológica, interés general mediático, antecedentes penales, número de descendientes, aportación tributaria, proyección pública, obras premiadas, patentes a su nombre, trabajos de libre descarga colgados en Internet y generando tráfico, empleados a su cargo, expediente en el voluntariado... No todo el mundo salva, inspira y arregla vidas, no todo el mundo aporta lo mismo a los demás. Me molesta que aquí os paséis la vida pavoneándoos de no creer en la democracia y luego eso sólo se aplique para lo malo, para pisar al de abajo, en vez de para honrarlo y darle las oportunidades que el mercado le roba, si es que lo vale. Porque si por algo se distingue este capitalismo agónico es por toda la de gente con talento y sacrificio que no encuentra forma de salir adelante ya.
Ahora imaginad un barrio ilustre para la gente ilustre. Formado por vecinos geniales y ejemplares, que sean un modelo y una inspiración para toda la sociedad. Se les revisa cada x años el currículo y se mira con detalle lo que aportan a su sociedad, y en función de eso se les ofrece un alquiler o no. Algo como eso, especialmente ahora que la IA se dispone a mandarnos a todos al paro, permitiría a la sociedad alcanzar y mantener la excelencia en las artes, los deportes, el entretenimiento, la ética, la investigación... todas esas cosas que molan mucho y a menudo no dan para pagar el alquiler.