El privilegio y el coste del dólar
Estados Unidos posee una ventaja que ningún otro país tiene: el dólar es la principal moneda de reserva mundial. Esto le permite endeudarse a un coste relativamente bajo, financiar déficits muy elevados y contar con una demanda constante de dólares y bonos del Tesoro estadounidense. Sin embargo, este privilegio también tiene importantes costes y obligaciones.
1. El dólar permite a Estados Unidos financiarse barato
La demanda mundial de bonos del Tesoro estadounidense hace que estos activos tengan una liquidez excepcional. Los inversores están dispuestos a aceptar una menor rentabilidad a cambio de disponer de un activo que pueden comprar y vender fácilmente y que consideran seguro.
A esto se suma el
señoreaje. Estados Unidos puede emitir billetes cuyo coste de producción es muy inferior a su valor nominal. Una parte importante de esos dólares circula además fuera del país y funciona como reserva de valor en economías con monedas más débiles.
Los dólares en efectivo que permanecen en el extranjero representan, según el argumento del autor, una financiación prácticamente gratuita y permanente para Estados Unidos.
2. Estados Unidos actúa como una especie de aseguradora mundial
El balance exterior estadounidense tiene una característica particular: muchos de sus activos en el extranjero están denominados en monedas extranjeras, mientras que buena parte de sus obligaciones están denominadas en dólares.
Cuando el dólar se debilita, los activos extranjeros de Estados Unidos aumentan de valor al expresarlos en dólares. Pero cuando hay una crisis internacional ocurre lo contrario: los inversores buscan refugio en el dólar y en los bonos del Tesoro, haciendo que el dólar se fortalezca.
Por ello, Estados Unidos obtiene beneficios durante los periodos de calma y puede sufrir pérdidas precisamente cuando se produce una crisis mundial. El autor compara esta situación con la de una
aseguradora del planeta.
3. Una moneda fuerte perjudica a parte de la industria estadounidense
El dólar no solo se utiliza en operaciones comerciales relacionadas directamente con Estados Unidos. Una gran parte del comercio mundial se factura en dólares.
Esta demanda internacional mantiene al dólar más fuerte de lo que tendría una moneda que únicamente respondiera a las necesidades de la economía estadounidense.
El problema aparece especialmente para los exportadores y la industria manufacturera estadounidense. Una moneda fuerte hace que sus productos sean relativamente más caros en los mercados internacionales.
Según el argumento del autor, Estados Unidos no puede utilizar con libertad una depreciación de su moneda para impulsar sus exportaciones como podrían intentar hacer otros países.
4. El privilegio también limita la capacidad de Estados Unidos para impagar
El estatus del dólar permite a Estados Unidos endeudarse más, pero genera al mismo tiempo una obligación: mantener la confianza de los mercados.
Los inversores compran deuda estadounidense porque consideran que el Tesoro siempre pagará. Si Estados Unidos dejara de pagar, aunque fuera parcialmente, perdería buena parte de la ventaja que obtiene de la elevada confianza en sus bonos.
El coste no se limitaría a la deuda existente. También aumentaría el coste de toda la financiación futura.
5. Estados Unidos no dispone de la misma salida de emergencia que otros países
Cuando un país atraviesa una crisis grave puede optar por reducir el gasto, aumentar impuestos o reestructurar su deuda. La reestructuración permite negociar con los acreedores una reducción de las cantidades adeudadas, plazos más largos o menores intereses.
El autor sostiene que esta posibilidad prácticamente no existe para Estados Unidos.
Los bonos del Tesoro no son simplemente deuda pública estadounidense: son utilizados como reservas, garantías y referencias fundamentales por bancos, bancos centrales y mercados financieros de todo el mundo.
Por eso, un impago estadounidense tendría consecuencias mucho mayores que las de un impago convencional.
6. El problema fiscal deja tres caminos
Si Estados Unidos alcanzara una situación fiscal insostenible, las alternativas serían, según el autor:
- aumentar los impuestos;
- reducir el gasto público;
- permitir que la inflación reduzca el valor real de la deuda.
La última opción sería una especie de impago indirecto: Estados Unidos seguiría pagando sus obligaciones nominalmente, pero el valor real de lo que devuelve sería menor.
La posibilidad de sentarse con los acreedores y negociar una quita quedaría prácticamente descartada.
7. El dólar es un privilegio, pero también una carga
El autor resume esta situación como un puesto de trabajo con
sueldo y obligaciones.
El “sueldo” de Estados Unidos sería la financiación barata, la posibilidad de mantener mayores niveles de deuda, el señoreaje y el enorme poder financiero derivado del papel internacional del dólar.
Las “obligaciones” serían proporcionar dólares al mundo durante las crisis, soportar una moneda potencialmente demasiado fuerte para su industria, actuar como respaldo del sistema financiero internacional y renunciar a la posibilidad de utilizar un impago convencional como salida de emergencia.
8. No existe un sustituto claro para el dólar
El autor sostiene finalmente que el sistema continúa utilizando el dólar no necesariamente porque Estados Unidos obtenga un beneficio extraordinario, sino porque
ningún otro país parece dispuesto a asumir ese papel.
El euro tiene un peso importante, pero carece de una única deuda soberana que pueda desempeñar el mismo papel que los bonos del Tesoro estadounidense.
China, pese a ser la segunda gran economía mundial, mantiene una participación reducida del renminbi en las reservas internacionales. Para convertirlo en una verdadera moneda de reserva tendría que abrir más su cuenta de capital y permitir una mayor libertad de entrada y salida de capitales, algo que Pekín no estaría dispuesto a hacer.
La conclusión del autor es que
el dólar sigue siendo la moneda de reserva mundial porque nadie quiere asumir el trabajo y las obligaciones que implica sustituirlo.