Noticia: Esta veráz feminista redactora de El País, describe a la perfección lo sucedido en Melilla.

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

¿Qué ocurre cuando la celebración de un Mundial se convierte en escenario de una tragedia migratoria? La crónica de El País sobre los sucesos de Melilla retrata un jueves de euforia y un viernes de silencio forzado. Alí, de 22 años, llegó a nado el jueves por la tarde; durmió en el monte porque, según sus palabras, “la gente nos echaba con piedras y pistolas”.

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Ciclón Socialista

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Muchos relatan ataques de los vecinos en los barrios durante la noche y hay vídeos circulando que confirman las carreras que han tenido que dar para huir de las piedras que les lanzaban en algunos barrios. “He dormido en el monte, porque la gente nos echaba con piedras y pistolas”, decía Alí, de 22 años, que había llegado a la ciudad la tarde del jueves a nado. “Todo está cerrado para comer, las tiendas no nos dejaron entrar”, se quejaba el muchacho en la playa. Este viernes, la enorme marcha en dirección a Jovenlandia era silenciosa, cabizbaja. Los forasteros iban cansados, faltos de sueño, con sed y muchos con hambre. Mujeres, niños y hombres han ansioso en una procesión acallada que se ha extendido por horas. Nada que ver con la alegría de final de mundial que llenó el jueves las calles de Ceuta. Los ataques a los forasteros también se han dado en el centro de la ciudad, donde este viernes decenas de personas con banderas de España esperaban la llegada del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con imprecaciones y pidiendo su dimisión. Esos mismos manifestantes rompían la concentración y se internaban por las calles persiguiendo a adolescentes descalzos que portaban una bolsa de plástico con algunos enseres o alimentos. Por las calles se pueden oír algunos comentarios muy crueles contra los forasteros. Otros, simplemente, expresan la molestia de que, inopinadamente, entren decenas de personas en una tienda o en un bar. Un camarero se quejaba por teléfono de que si mantenía el bar cerrado, se le iba a echar a perder la comida, pero no quería abrir, contestaba a este periódico, porque entran todos de golpe y no pueden trabajar así. La periodista que firma este artículo. (imagen visible para usuarios registrados) Si la hostelería no puede pagar camareros para servir a los migrantes, que paguen más. ¿Qué clase de fascismo es este en el que no se sirve comida y bebida a los migrantes en un caso palmario de xenofobia y racismo? Los manifestantes querían increpar a los migrantes. Espero que Marlaska los persiga a todos con delitos de repruebo. ¿Hasta cuándo? Cuánto trabajo socialista por hacer.
 
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Carmen Morán Breña es la autora del artículo.


Una periodista pogre que, según se comenta, aún no ha acogido a niños ceutíes en su casa.

“Carmen Morán Breña es una periodista española que trabaja en el diario EL PAÍS desde 1997, donde se ha consolidado como una de sus firmas principales en áreas de gran relevancia social.

A lo largo de su carrera en el periódico, ha ejercido como jefa de sección en áreas clave como Sociedad, Nacional y Cultura. Ha destacado especialmente por su cobertura de temas vinculados a la educación, la igualdad y los asuntos sociales. Tras desempeñarse durante varios años como corresponsal en México, regresó a España para asumir la cobertura especializada en asuntos de Migración.”
 
Son periodistas coordinados. De manual. Ya tienen la nueva narrativa: a los forasteros les tratan mal y les hacen dormir en el monte.
 



 
Muchos relatan ataques de los vecinos en los barrios durante la noche y hay vídeos circulando que confirman las carreras que han tenido que dar para huir de las piedras que les lanzaban en algunos barrios. “He dormido en el monte, porque la gente nos echaba con piedras y pistolas”, decía Alí, de 22 años, que había llegado a la ciudad la tarde del jueves a nado. “Todo está cerrado para comer, las tiendas no nos dejaron entrar”, se quejaba el muchacho en la playa. Este viernes, la enorme marcha en dirección a Jovenlandia era silenciosa, cabizbaja. Los forasteros iban cansados, faltos de sueño, con sed y muchos con hambre. Mujeres, niños y hombres han ansioso en una procesión acallada que se ha extendido por horas. Nada que ver con la alegría de final de mundial que llenó el jueves las calles de Ceuta. Los ataques a los forasteros también se han dado en el centro de la ciudad, donde este viernes decenas de personas con banderas de España esperaban la llegada del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con imprecaciones y pidiendo su dimisión. Esos mismos manifestantes rompían la concentración y se internaban por las calles persiguiendo a adolescentes descalzos que portaban una bolsa de plástico con algunos enseres o alimentos. Por las calles se pueden oír algunos comentarios muy crueles contra los forasteros. Otros, simplemente, expresan la molestia de que, inopinadamente, entren decenas de personas en una tienda o en un bar. Un camarero se quejaba por teléfono de que si mantenía el bar cerrado, se le iba a echar a perder la comida, pero no quería abrir, contestaba a este periódico, porque entran todos de golpe y no pueden trabajar así. La periodista que firma este artículo. (imagen visible para usuarios registrados) Si la hostelería no puede pagar camareros para servir a los migrantes, que paguen más. ¿Qué clase de fascismo es este en el que no se sirve comida y bebida a los migrantes en un caso palmario de xenofobia y racismo? Los manifestantes querían increpar a los migrantes. Espero que Marlaska los persiga a todos con delitos de repruebo. ¿Hasta cuándo? Cuánto trabajo socialista por hacer.
Vaya cara. El marxismo es intenso en ella.
 

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